El baúl de Pandora

Reservado para los que deseen abrir su mente


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Apología del empollón

Después de un complicado mes lleno de exámenes, pérdidas y desesperaciones, os dejo un texto literario que espero que os guste y os resulte curioso.

Apología del empollón

Dícese del individuo o individua que destaca de entre un grupo de estudiantes de la misma clase por obtener las calificaciones más elevadas. Otro de los apodos con el que se le conoce es “sabelotodo” o “el ojito derecho de la profe”. En algunas ocasiones incluso ha llegado a nuestros oídos el sobrenombre de “furbi”. Este rol suele ser designado por uno de los líderes del grupo, normalmente de manera peyorativa, debido a que envidia el éxito del anterior.

Hay muchos mitos en torno a la figura del empollón o empollona. El primero de ellos es que siempre hace la pelota a la profesora. Si uno siempre responde bien a las preguntas que le hacen, no necesita hacerle la pelota a nadie. El segundo es que el empollón va alardeando de lo que sabe; precisamente, cuanto más alardea uno , menos conoce. Este último será un falso empollón.

La categoría del empollón va evolucionado con el tiempo. Durante la primaria puede haber diversas posibilidades, según la cantidad de personas que también ostenten este rol: cuanto mayor sea el número de empollones, más respetados serán. En la secundaria, tienden a estar mucho peor considerados: suelen ser apartados del resto, debido a su rareza (cada vez quedan menos ejemplares). En la Universidad, el rol del empollón se vuelve a revalorizar, aunque sólo en cierto sentido: todo el mundo lo busca pare hacer con él los trabajos en grupo pero nadie quiere salir de fiesta con él, porque creen que la amuermará.

Por último, sólo me queda destacar alguna otra característica del empollón. Suele llevar gafas y no es muy común que se le den bien los deportes. Cuando estas dos condiciones no se dan (y tiene un carácter un tanto carismático), el empollón pasa a ser líder.

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La fiesta

Hoy os traigo un mismo relato desde dos perspectivas. La primera es la de un narrador en tercera persona, externo (no forma parte de la acción); la segunda, también es un narrador en tercera persona, pero interno (es uno de los personajes que aparecen en el relato. Espero que os guste.

A)     Narrador en tercera persona (externo)

Cristina estaba en un rincón de la sala, con la copa de Fanta y vodka en la mano.

–          ¡Venga Cris! ¿Por qué no te animas a bailar?- comentó Marta mientras movía el cuerpo como si un playmovil intentara parecer de blandi-blu.

Cristina levantó los ojos hacia ella.

–          Mmm… Creo que no Martis- dijo sin mover un solo músculo de la cara.

–          Ueee…- Marta movía los brazos como si estuviera haciendo la ola y sonreía de oreja a oreja.

Cristina hizo una mueca que no llegó a terminar en sonrisa. Con un sólo vistazo, comprobó que alguien- desconocido, chico, camisa Ralph Lauren- se acercaba por detrás de Marta, y entonces su expresión volvió a ser la misma que al principio.

–          Marta, te reclaman para las fotos- la agarró de los hombros y la apretó con firmeza-. No te preocupes, que ya cuido yo de tu amiga- le guiñó un ojo sonriendo, de manera que Cristina también lo viera.

–          Jajaja…- rió Marta divertida- Eso si no se ocupa ella antes de ti- puso las manos en forma de pistola e hizo un ruidito con la lengua, como si disparase.

Marta se alejó cantarina con su estilo propio de baile.

–          Eres Cristina, ¿verdad?- dijo clavándole sus ojos en los de ella.

Cristina asintió, mirando hacia otro lado.

–          ¿Hace mucho que conoces a Marta?- le sonrió, mientras se apoyaba con el brazo en la pared.

Ella le miró un momento y le contestó:

–          Bastante.

Él se rió por lo bajinis.

–          ¡Vaya! Sí que cuesta trabajo sacarte una palabra…- contestó con algo de gracia-. Así que no te gusta bailar esta música, ¿no? Lo entiendo, el pop no le gusta a todo el mundo. Quizás eres más de rock…- Cristina puso la misma cara que cuando Marta le preguntó si bailaba- Jajajaja… ¡vale, vale! No, no parece que te guste tampoco. Entonces…

Por primera vez, ella se puso de frente y le interrumpió.

–          Te voy a ahorrar un rato de perder el tiempo: no, no me gusta el rock; tampoco me gusta esta música; y no me gusta bailar, ningún tipo de música y menos delante de gente que no conozco- dijo sin mover una sola parte de su cuerpo.

El chico contestó, dejando de apoyarse en la pared y metiéndose una de las manos en el bolsillo:

–          Entonces, ¿qué te gusta?

Cristina no volvió a mirarle; dejó los ojos clavados en la pared que había al fondo de la sala y antes de subir la copa hasta los labios dijo:

–          Nada de lo que hay en esta sala.

B)      Narrador en tercera persona, interno (personaje)

Al principio de la fiesta, vi a Cristina en un rincón, como siempre. Me acerqué haciendo un poco el tonto a ver si por lo menos le sacaba una sonrisa (sabía que lo de intentar que bailara era imposible, sobre todo habiendo gente de mi universidad que no conocía).

Cuando vi  que Marcos me alejaba para quedarse a solas con ella, le lancé una indirecta, que por supuesto, alguien con tanto éxito no sabría coger.

Mientras he hacía las fotos apartaba poco la vista de la pareja. Él intentaba transmitir su halo seductor, pero en Cristina el efecto era  como el de una urticaria. Creo que ella casi no habló, pero al poco, la vi ponerse frente a él y vocalizar mucho. Cristina 1- Marcos 0. Segunda ronda. Parecía que lo había descuadrado bastante: tu cara parecía menos de estar ligando y más de estar ante un león domesticado del que no te fías. La siguiente vez que ella abrió la boca, ni siquiera le miró. Marcos ya no sabía dónde meterse.

Y es que Cristina no soportaba a los que intentaban ligar con ella.


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Super-glu: Ejemplo de Correlato

El correlato o correlato objetivo es un recurso literario mediante el que utilizamos una serie de imágenes enlazadas entre sí para describir un sentimiento. Creo que el siguiente podría ser un ejemplo de ello.

Objetos:

-Una rama de lavanda marchitada, con algunos brotes nuevos en la punta.

– Una caja

Frase: “A los demás sólo le contamos lo bonito”.

Super-glu

“En numerosas ocasiones, las relaciones son como una lavanda marchitada a principios de otoño, que se esfuerza porque sigan naciendo algunos brotes nuevos en su punta aunque interiormente sepa que ya no es momento para ello. Todos los días, una de cal y dos de arena. Cada desprecio, cada putada: el desánimo que se agolpa en nuestro pecho se cura con una aspirina para niños de “sonrisa-medio-mueca” que esta vez no parece acabar en discusión. “Las cosas van a mejorar”, “Está cambiando”, “Mi hombre es maravilloso: hoy hasta me ha sonreído…”. Esto es lo que una comenta cuando habla con las amigas. A los demás sólo le contamos lo bonito, sobre todo cuando lo que no es tan bonito es amontonado en un enorme almacén de la mente, todo disperso y escondido entre recovecos. El problema es que cuando ya no merece la pena soportar las dos de arena por la de cal, tu enfado marca las cajas con purpurina y resplandecen más que el oro en tu cabeza, de manera que aparecen en cada pensamiento. Lo peor es que crees que el malnacido que adhirió la purpurina a las cajas lo hizo con super-glu”.


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La carta

Este es un homenaje a Mercé Rodoreda y a su relato “Una carta”. Espero que os guste.

“¡Ay doctor! ¡No pude evitarlo! Es que iba a empezar y me cagué las patas abajo. No era capaz de hacer otra cosa. Ya le digo, que me iba a poner y ¡fiun!, derecha al váter. Esto no puede ser nada bueno, doctor. Nunca me había pasado, claro que nunca lo había intentado. Ya sabe usted que estas cosas son complicadas y cualquier no se pone a hacerlas, así, como quien fríe un huevo. Mis amigas me dicen que hay que tener valor y, sobre todo, ganas. Porque ponerse a ello… ¡y en verano! Ya le digo que me fui las patas abajo y no lo pude evitar. Déjeme que le cuente, doctor. Verá, era por la mañana, no tan temprano como se pueda esperar, y hacía un poco de frío, pero que conste que por el frío no fue, que yo duermo con una manta y un plumas; y cuando duermo con mi marido tengo hasta calor. El pobre se levanta todos los días a las cuatro de la mañana para cobrar menos de cuatro cochinos euros la hora, en la factoría del tío Kirico. Esta semana está vacunando pollos, y a pesar de eso, se queda conmigo en la cama todo lo que puede, aunque yo me quede dormida y no le escuche lo que me susurra al oído, siempre algo que se inventa en su rato de descanso, mientras come el bocadillo de atún marca Día, que le hago el día anterior.

Su madre es una pesada y siempre llama a la puerta en el momento más inoportuno: “¡Pepito, hijo, que te tienes que ir a trabajar!”. Y para más inri, se va alejando de la puerta mientras dice “…anda que… que le tenga que despertar su madre cuando tienes pelos en los huevos y mujer en la cama… ¡tiene tela!”. Y lo dice en voz alta, al menos lo suficiente para que lo oigamos con claridad. Creo que puede haber sido ella. Por eso me he ido por las patas abajo. Me tiene que haber echado algo en el café. Por si fuera poco, cuando llego a la cocina por las mañanas, me dice que ha tirado la birria de bocadillo que le he hecho a su hijo a la basura. Dice que ella le ha preparado uno de chorizo del bueno, de los que siempre le ha hecho para la merienda. Siempre me muerdo la lengua. Esta mañana le pregunté si quería que la ayudara con la comida y ella me respondió que con las manazas que tenía lo echaría todo a perder, y que por desgracia, ella no podía despedirme de allí, como hicieron en la tienda, hace unas semanas. Así que aguanté la respiración y me fui a nuestro cuarto, lo único nuestro, por lo que se veía, aunque la puerta y la limpieza eran suyas.

Así que ya ve, doctor, en esas estamos. Y encima, cuando me voy a poner a ello, me voy por las patas abajo. No puedo evitarlo. Sólo son tres páginas, al menos, en las que me quiero concentrar ahora. Me las ha impreso la chica que trabaja en el cíber. La verdad es que es una chica majísima; me ha puesto en contacto con la de la papelería del pueblo de al lado, que tiene de todo, hoy me ha traído los libros. La verdad es que ha sido una alegría, después del intercambio de palabras con mi suegra. Aún no se lo he contado a mi marido: quiero darle una sorpresa. Pero claro, si cada vez que me voy a poner con ello me cago patas abajo, ¡pues vaya! Lo que le digo, doctor, es que cogí todos los papeles y los libros y me fui a casa de Agustina, la de la lechería, que estudió con mi abuelo y siempre me dice que su casa es como la mía. Fue ella la que me aconsejó que buscara los papeles, hace ya varios años. Con el trabajo de la tienda, me pareció un poco tonto. Pero después de todo lo que ha pasado…¿ Qué puedo hacer, doctor? ¡Es que me cago viva! ¡Y sólo con leer el título! Si fuera más joven… Pero es ahora cuando no hay más salida. No puedo evitarlo, doctor. Me voy las patas abajo sólo con leer las seis primeras palabras: Oposiciones a la Administración del Estado…”


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El vestido

El siguiente es un ejercicio de escritura libre a partir de uno de los vestidos que aparecen en la Exposición “España Contemporánea” que se puede ver estos días en la Fundación Mapfre (Madrid).

Casa Mlle. Bomboudiac de Bayona. Traje ca. 1905-06. Museo del Traje (Madrid)

Casa Mlle. Bomboudiac de Bayona. Traje ca. 1905-06. Museo del Traje (Madrid)

“Aquel es de esos vestidos que, al imaginártelos puestos, te transforman en una princesa. Seguro que éste te hace brillar como él. Imagino a una joven muchacha bajando por una inmensa escalera, de esas que sólo has visto alguna vez en museos o en las casas de los ricos, por la tele. La imagino bajando lentamente, peldaño a peldaño, como si fuera un cisne; y, siguiendo en todo momento las reglas de la etiqueta, la imagino buscando un buen partido en una fiesta multitudinaria. Vale, sé que me he pasado un poco, lo admito. A lo mejor no lo lleva con el fin de encontrar marido, pero sí que es para una fiesta de ricos. Eso no me lo podéis negar.

Otra cosa que me viene a la mente es la cola que tiene el vestido. Si la fiesta es muy numerosa, me lo van a pisar. Seguro. Y si se rompe, ¡menudo disgusto! Y vaya un rollo estar todo el tiempo sentada. Con lo que a mí me gusta bailar… Aun así, también seguro que me canso, con lo que tienen que pesar esa cantidad de cristalitos de colores bordados a la tela.

Es un vestido de esos con los que te pueden ocurrir cosas maravillosas, como el de la Cenicienta o el de la Bella Durmiente. Te esperas un flechazo; que el chico más guapo, más inteligente y (¿por qué no?) el más pudiente de toda la sala se enamore desesperadamente de ti. Y si es un príncipe, todavía mejor, oye. Bueno, la verdad es que no es muy divertido lo de tener que estar pariendo para dar herederos a la corona y que toda la corte te observe en el proceso. Y no digamos más si se te rebelan los súbditos y acabas sin cabeza como María Antonieta. ¡Quita, quita! Creo que prefiero que no sea de familia real; pero que sea de familia rica. Aunque bueno, ya se sabe que los hijos de los ricos no dan un palo al agua. No. Mejor uno que sea rico él sólo, de esos hombres que se han hecho a sí mismos. Uf, pero, no sé yo hasta qué punto estaría todo el día trabajando y no vendría hasta tarde a casa, conmigo y con mis niños (que van a ser dos: niño y niña). Y por menos de nada, se tiraría a su secretaria. ¡Nada de eso! Y es que claro, si llevara puesto ese vestido, no querría un marido más pobre: un sueldo de clase media no daría para pagar este lucero del alba. De verdad, qué rabia me da esto de soñar con trajes caros: ni siquiera en una vida imaginaria el vestido me va bien”.


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Enigma

Esta es la historia de un hombre, de un crítico, de un sabihondo en arte. Esta es la historia de un” señor señor”, de esos que van con corbata y se comportan como un verdadero caballero. Esta es la historia de uno que llega y consigue, que desbarata cualquier idea afortunada para poner la suya, que es menos, por encima. Esta es la historia de un hombre de una sola mujer, conseguida tras duras luchas, hasta en el infierno, y sin la que no puede vivir (excepto por su café). Esta es la historia de un caradura, de un aprovechado del momento, de la piedra que lanzó David pero que debió caer al suelo.

Esta no es la historia de un hombre que esperabais.

¿Dónde está el enigma?


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El hombre del pasado (I)

“Mi madre me diría que estoy loca. Y mi abuela algo peor. Pero es que aquel hombre que decía ser de la Edad Media me tenía tan intrigada… Total, que lo subí a la furgo (cosa que por cierto me costó Dios y ayuda). Y le puse mi musicote.

–          Mas, ¿qué embrujo del demonio sale de vuestro carro de hierro?

–          Es M80, la música de los Ochenta- le aclaré.

–          ¡Qué ruido más horroroso! ¿Y qué lengua tienen esos “ochenta”?

–          Jajaja…- me reí- es inglés.

–          ¿Anglosajona? ¡No me puedo creer que esos bribones hayan logrado conquistar las Españas!

–          ¡Y de qué manera! Ahora todo el mundo tiene que saber inglés para poder encontrar trabajo, aunque no lo utilice.

–          ¿Todo el pueblo? ¿Incluso los panaderos?

–          Incluso esos, ya ves.

–          ¿Y no existen para ello traductores?

–          Sí, pero la verdad es que no traducen muy allá; ni siquiera el del Google. Es que los que tienen carrera son muy caros…

–          Y vuestros dirigentes, entonces, sabrán hablar muchísimas lenguas: latín, griego, franco…

–          Mmm…Pues me parece a mí que no. Ahora se están poniendo de moda el alemán y el chino; pero nuestros “dirigentes” con el español van sobraos a todas partes. ¡Como a los Juegos Olímpicos!”