El baúl de Pandora

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Marx: la lucha de clases

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El análisis y originalidad de Marx no se para en lo que acabamos de ver en la anterior entrada. Sino que Marx da un paso más y establece la lucha de clases como el punto fundamental de la existencia de dichas clases. Las clases no pueden existir de forma aislada. Esto es así porque las clases sociales no están dadas, no es algo que se dé por naturaleza, sino que son productos históricos. Y si la historia es un relato de la lucha de clases, éstas sólo existirán en sus oposiciones, en sus luchas. Las luchas, a su vez, determinarán el campo de la lucha de clase, constituida por los intereses y prácticas con las que se opone a su contraria. Se podría decir que la lucha de clase se da por contradicción de intereses y relaciones antagónicas.

A nivel económico, nos dice Marx, se dan contradicciones fundadas en la relación de explotación, lo que se traduce en una lucha económica de clases por prácticas económicas antagónicas. A nivel político, continúa el alemán, se dan contradicciones respecto al Estado y al aparato del mismo. En este nivel, las contradicciones surgen como causa de la relación de dominación política, ya que el Estado defiende y está compuesto por los intereses de la clase dominante, los cuales son totalmente contrarios a la clase dominada. A nivel ideológico la lucha se da por la relación de preeminencia y de inculcación ideológica en que la clase dominante somete a las desposeídas. Así pues, “las clases sociales carecen de existencia alguna, al margen o desligadas de la lucha de clases. […] Es el proceso mismo de la lucha de clases, como las clases sociales se gestan y construyen, tendencialmente, su configuración e identidad propias. […] Ninguna clase social podría subsistir un solo instante si desapareciese el proceso de lucha en el que cobra su identidad. Las clases sociales no son realidades independientes que existieran por sí mismas y que sólo con posterioridad a su existencia en la dinámica misma de ese «enfrentamiento», y fuera de él no poseerían la menos consistencia. Ninguna clase puede existir por sí sola. La existencia de toda clase social es sólo pensable en función de la dinámica que la enfrenta a otra”[1].

La existencia de la burguesía y el proletariado deriva por tanto de la lucha entre ambos, es decir, deriva de las relaciones de producción que se dan entre ambos. Pero para poder hablar de clases y facciones diferentes también hace falta hablar de los efectos de esas clases en los niveles políticos e ideológicos. Hay que tener en cuenta que para que una clase social exista también necesita crear algo más que esos efectos que le permita intervenir en las relaciones de poder. Por ejemplo, la burguesía, para ser una clase capitalista, debe crear primero las condiciones que le posibiliten su existencia como una realidad histórica, y estas condiciones no son otra cosa que el trabajador libre, el proletariado. Sin la existencia del proletariado no tendría sentido hablar de la existencia de una clase explotadora, la burguesía, y una clase explotada, el proletariado. Y dicha existencia es consecuencia de las relaciones de producción del sistema capitalista. Así pues, queda claro que es la relación, la lucha, la dialéctica entre ambas, la que crea las condiciones de existencia de una clase, y no al revés. Pero parece que la burguesía, según afirma Marx en el Manifiesto Comunista, al crear sus condiciones de existencia, no sabe muy bien lo que en realidad está haciendo, pues “la burguesía no sólo forja las armas que han de darle muerte, sino que además, pone en pie a los hombres llamados a manejarlas: estos hombres son los obreros, los proletarios[2].

Si bien, en todo este edificio que estamos exponiendo, Marx no tiene en cuenta una cosa que echaría por tierra o al menos debilitaría mucho su teoría. Que estas luchas de clases se sustentan y necesitan de la creación del Estado previo, que es el que da lugar a la economía en su capa basal y al reparto de la riqueza y medios de producción. El Estado es el que, por tanto, da lugar a las clases. Y más importante aún, no da cuenta de la dialéctica entre Estados, englobante de la dialéctica de clases y que prima sobre ésta, como se vio perfectamente en las dos guerras mundiales, en las que los proletarios en vez de unirse al margen de las naciones, cogieron las armas para matarse entre sí.

[1] Gabriel Albiac, Los filósofos y sus filosofías, 1983, Vol. 3. Karl Marx, la crítica y las armas, pág. 66.

[2] K. Marx y F. Engels, El manifiesto comunista, Endymión, Madrid, 1987, pág. 49.

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Autor: emmanuelmartinezalcocer

Filomat.

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