El baúl de Pandora

Reservado para los que deseen abrir su mente

La pregunta ¿qué hacer? en tiempos de crisis (o por qué abrir bien la mente, los ojos, las ventanas…)

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La pregunta ¿qué hacer? en tiempos de crisis
(o por qué abrir bien la mente, los ojos, las ventanas…)

Con el título de esta entrada busco resumir el foco de atención que guiará una serie de futuras entradas. Como lo dice el subtítulo, me parece que la pregunta qué hacer en tiempos de crisis toca un aspecto importante del significado y alcance que tiene hoy el lema de este blog: abrir la mente. Y recíprocamente, el nombre de este blog, el baúl de Pandora, contribuye de forma importante a mantener presente una característica de lo que significa la crisis, en especial cuando se la ve con la perspectiva de la pregunta qué hacer.

Con esta entrada introductoria busco precisar qué es lo que he querido resumir en el título y hacer más explícitas sus conexiones con el nombre y lema de este blog en general y, en particular, con las demás columnas y entradas de mis compañeros.

Es muy limitada mi experiencia con niños que “están en la edad del por qué”, pero en una ocasión un par de ellos me hicieron pensar que no debía interpretarlos atribuyéndoles quién sabe qué curiosidad científica o filosófica innata. No parecían estar ni poder estar muy interesados en saber cuál es la causa, el origen o la explicación de las cosas. Me pareció que más bien lo que querían era entender la pregunta misma de por qué, o jugar con una característica de ella que ya habían aprendido al tratar de entenderla y que no tienen otras preguntas (como la de qué es eso o qué es un puercoespín): que siempre se puede volver a plantear sobre cualquier respuesta que se le dé. Y también me pareció que muy bien podía tener su lógica: de lo contrario, ¿cómo podrían haber llegado a saber qué es una causa, un origen o una explicación, y suponer que todas las cosas debían tener una? En cambio, si empiezan jugando con los usos de la pregunta, parece que todo se hace más inteligible: jugando así llegarán a identificar esas palabras como lo que organiza la experiencia que adquirieron con aquel juego. Seguramente los estudios especializados mostrarán que la cosa es más complicada, porque en cada nueva experiencia está presente el cómo hemos asimilado y relacionado entre sí las experiencias anteriores.

No obstante, desde entonces estoy convencido de que aquellos niños me dieron mi primera lección en ciencias cognitivas: no te apresures a atribuirle a los demás el significado que tu le atribuyes a las palabras, a las acciones y a las cosas, por mucho que te apoyes en las definiciones de diccionario y en tu conocimiento de su entorno; en la medida en que la cosa es importante, igualmente importante será pararte sobre sus zapatos, percibir ese entorno con sus sentidos y asimilarlo en relación con su experiencia.

Y está claro que la cosa es muy importante si ese “los demás” está constituido por una multitud que se manifiesta en contra de otros “demás”, en medio de unos terceros aún más numerosos que, aunque dispersos, están involucrados de una u otra forma. Y estando en crisis, la cosa se irá haciendo cada vez más importante. Será tan difícil como se quiera cumplir la conseja de pararse sobre los zapatos de tantas y tan diversas personas; desde luego, es imposible cumplirla al cien por ciento; pero amerita poner todo el esfuerzo para desarrollar al máximo nuestra capacidad de cumplirla. Incluso si tomamos la decisión de cruzarnos de brazos estaremos actuando a favor de un desenlace o de otro.

Como quiera que sea, hay que tomar una decisión sobre qué hacer. Y la decisión será tan justa, certera o adecuada como justa sea la atribución de significados a las palabras, a las acciones y a las cosas de los unos, los otros y los terceros. Y tiene que ser una justeza que se mantenga al día, que aprenda a serlo con base en la experiencia que se va acumulando diariamente en la práctica de cada uno. Tanto para la cooperación como para la confrontación se requiere de esa justeza, más aún si el desenlace que buscamos es una sociedad cada vez más fundada en la cooperación. Reducir la decisión a una elección entre tal o cual personalidad o líder que sea el que realmente tome las decisiones y garantice la cooperación, sería una decisión que plantea serias dudas sobre la razón que puede justificarla en términos de lo que sabemos sobre las capacidades, intereses y recursos que se requieren para hacer realidad una cooperación auténtica. Los motivos de una confrontación como la que muestra la historia de miles de años distan mucho de poder ser caprichos o vanidades.

No parece nada descabellado pensar que la experiencia de la crisis es la experiencia de plantearse la pregunta qué hacer para darle una respuesta que, más temprano que tarde, nos llevará a replantearla de nuevo, pero a un nivel que está más allá del nivel al que estábamos habituados. Es abrir el baúl de Pandora, en efecto, y abrir la mente para poder lidiar con lo que sale de él, preparándonos para volver a hacerlo de nuevo y tantas veces como sea necesario.

Espero que para las siguientes entradas pueda ir mostrando ejemplos vivos de las diferentes fases y aspectos de esta dinámica de la pregunta qué hacer en tiempos donde las diversas crisis se desarrollan del mismo modo. Por fortuna y por desgracia, creo que no nos faltarán.

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