El baúl de Pandora

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Socialistas utópicos

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Los llamados socialistas utópicos o utopistas sociales son una serie de pensadores que, al igual que Marx, intentarán realizar una crítica a la situación político-social y económica de su tiempo con el fin de encontrar la armonía y el orden social, algo que no dejará indiferente al pensador alemán. Y aunque por su modo de plantear dicha crítica y de proponer soluciones han sido llamados, desde Marx[1], como utópicos, no son del todo, al menos para la historia del pensamiento político, desestimables. Los mismos socialistas utópicos creían en la posibilidad de realización de sus propuestas. De estos nos centraremos en tres: Saint-Simon, que también influyó en Comte; en C. Fourier y en Robert Owen. Pensadores que, aunque muy dispares entre sí, tienen un punto común, la crítica a la sociedad capitalista de su tiempo.

La obra más destacada de Saint-Simon es Carta de un habitante de Ginebra a sus contemporáneos. Es ella muestra su idea de la ciencia como el elemento con el que la humanidad conseguirá resolver todos sus problemas. La tarea científica del siglo XIX va a ser para Saint-Simon la elaboración de una nueva Enciclopedia[2]. Pero con la característica particular de que ha de hacerse siguiendo tres ejemplos primordiales, Descartes, Locke y Newton. Sobre todo el primero. La ciencia para Saint-Simon no debe servir para matar a los hombres, sino todo lo contrario, para unirlos. Así, «el pueblo» prestará, no su fe, sino toda su confianza a la ciencia. Este pensador pretendía hacer de la ciencia una nueva forma de organizar la sociedad, haciendo de este modo a los científicos los nuevos gobernadores. Junto a esta exaltación de la ciencia Saint-Simon destaca la importancia de la industria. Hace el utopista francés un análisis bastante simple de su sociedad en el que distingue sencillamente entre productores por un lado, y ociosos por otro. Los productores son los industriales, es decir, aquellos encargados de poner al alcance de los miembros de la sociedad los medios materiales para satisfacer sus necesidades. Entre estos distingue tres clases principales, los cultivadores, los fabricantes y los negociantes. Los cuales forman una principal, la clase industrial. Esta es la clase que debe ocupar el puesto más alto de todas, y, puesto que Saint-Simon considera la industria como algo unificado, esta clase tendrá un carácter universal. En Saint-Simon, como se ve, importa menos la naturaleza del poder político que la subordinación de éste a lo económico. Así es como el utopista francés llega a pretender reemplazar las monarquías feudales por las científicas. En este sentido es precedente de Marx pues es el primero en sustituir el gobierno de los hombres por la administración de las cosas. Los componentes de la sociedad obedecerán a los organizadores como si de médicos se tratase, es decir, no por imposición, sino porque procuran lo mejor para ellos. Así, en esta nueva sociedad no serán necesarias fuerzas represivas gracias a la convicción general y al trabajo de todos y para todos, lo cual constituirá la garantía del orden social.

Saint-Simon presta también atención al proletariado, a los que identifica como la clase pobre. Es consciente de los sufrimientos y condiciones precarias de dicha clase pobre, por ello sostiene que los trabajadores también deben estar en relación con la organización política, igual que lo está con la producción. Para Saint-Simon los proletariados son capaces de administrar propiedades por sí mismos, y no necesitan una vigilancia constante pues tienen capacidad de sobra para establecerse como sistema de organización social. Si nos situamos en el marco histórico de Saint-Simon, esta es una postura bastante revolucionaria. Las medidas que el francés propone para paliar la situación de la clase pobre son la anulación de los privilegios, el desarrollo industrial, y, muy importante, la instrucción pública común. Algo de nuevo muy avanzado para su época. Al final de su vida, igual que sucediera con Comte, Saint-Simon propondrá como único remedio para arreglar las sociedades la creación de una nueva religión social, que actuará como un nuevo cristianismo. Este será una nueva moral, pero una moral garantizada por la ciencia. Gobernando además un principio fundamental: «que todos los hombres deben conducirse como hermanos entre sí»[3]. Así esta religión tendrá dos tareas principales, persuadir a la clase rica de que compartan su riqueza y convencer a los pobres de que no se revelen de forma violenta.

Con Fourier la cosa cambia en los planteamientos y en los modos, aunque el objetivo de reforma y mejora social sigue presente. El sistema planteado por Fourier es un alarde de imaginación, en el buen sentido, al servicio de la reforma social. Es un sistema que gira en torno a un pensamiento, casi una obsesión: la desaparición del comercio de la sociedad y la economía. Aunque, paradójicamente, Fourier tuvo que trabajar durante toda su vida en aquello que más odiaba, quizá por ello lo odiase tanto. Así pues, construirá la sociedad opuesta a la del comercio. Fourier creía firmemente, quizá con cierta arrogancia o con ingenuidad, en que el futuro de los hombres estaba irremediablemente ligado a sus especulaciones. Sin embargo, Fourier no era un simple soñador –o eso decía el–. Su obra pretendía ser producto de la imaginación, pero entendida como una búsqueda consciente. Así pues no es con sueños, sino con una nueva forma de pensar como Fourier quiere construir su sistema social. Es a partir de una conocida anécdota que Fourier tuvo con unas manzanas como comenzó a germinar en él la idea del comercio como la causa de todas las desgracias sociales. Hay una clase comerciante, dice Fourier, que saca provecho de los esfuerzos de la clase productora. Esta clase comerciante es para el francés un parásito social. La civilización se encuentra dominada por esa clase que carece de escrúpulos y que no duda en someter y explotar al resto de la sociedad en pro de sus intereses. Y es esta concentración de la riqueza en las manos de unos pocos lo que genera la miseria social.

En cuanto al Estado, tampoco encuentra Fourier solución ya que está también plagado de viles agentes de los comerciantes. La conclusión a la que llega el utopista social es que la destrucción del comercio es necesaria para arreglar los desórdenes sociales. A cambio propone el orden y la paz de su falansterio. Pero, ¿qué es el falansterio? El falansterio es una colonia agrícola con una población exacta de mil setecientas personas en la que tanto la educación como la comida son colectivas. Los trabajadores, para satisfacer la pasión por el cambio propia de los hombres, cambiarán cada dos horas de ocupación. Además, el trabajo será una fiesta continua en la que hay música, bailes y cantos. Incluso los vestidos serán de colores variados, todo para aumentar la sensación de bienestar y paz. Respecto a las diferencias entre hombres y mujeres en el falansterio eso no existe, ambos son completamente iguales. El amor será un amor libre. Respecto a lo económico, al contrario de como cabría esperar, no habrá una abolición de la propiedad privada ni tampoco una igualdad económica ya que habrá un reparto diferenciado de las rentas en función del trabajo, el capital y el talento de cada uno de los componentes de la comunidad. Como vemos, Fourier no deja escapar un detalle. A pesar de las incoherencias –y locuras– del sistema de Fourier se pueden destacar algunas ideas. Es distinguible una especie de deísmo con tintes espinosistas que afirma la unidad de Dios, la naturaleza y el hombre. También se puede apreciar una teoría de la ciencia universal, de las pasiones y de la evolución social.

Respecto a Owen, se le puede considerar el más realista de los tres, de hecho, varias veces puso en práctica algunos de sus proyectos, entre los que abundaron algunas sectas que le seguían fervientemente, aunque terminaron fracasando. Se podría decir que Owen está entre medias del socialismo utópico y el socialismo científico de Marx. La tesis central del pensador inglés es que los hombres son principal y exclusivamente producto de las circunstancias en las que se desenvuelven. Para Owen todo lo rechazable de la sociedad es, sin embargo, producto de ella misma. Esos aspectos negativos de la sociedad sólo se resolverán si se produce un cambio en el medio social, esto es, en las circunstancias. De modo que, como los caracteres de los hombres dependerán de circunstancias externas, basta con cambiar estas circunstancias para que los hombres y la sociedad también lo hagan. Mas este cambio debe ser regido por la razón. Owen defiende que para que los hombres puedan vivir por fin en la paz que proporciona la verdad deben llevar una existencia racional, por eso tanto la sociedad como el gobierno deben estar regidos por principios racionales. Y este reinado de la razón no será un reinado violento. Owen rechaza la violencia y la sustituye por la educación y el ejemplo. Así pues, una vez que ha desechado la violencia como vía para alcanzar el buen gobierno, será con el conocimiento y con la educación como Owen pretenda la organización del sistema social y estatal. Este sistema tendrá además la ventaja de que no estará continuamente en discusión ya que, aunque habrá diferencias sociales, pues no puede ser de otro modo, los ricos y poderosos gobernarán de una forma acorde a la razón, es decir, siguiendo unos ideales que son adecuados para un buen gobierno y que les han sido inculcados en su educación. Por ello, dice Owen, los trabajadores deben dejar de lado la lucha de clases. O lo que es lo mismo, la liberación del hombre de las lacras sociales se conseguirá por medio de la razón y la comprensión mutua y no por medio de la violencia.

Respecto al sistema existente, no es que sea malo para Owen. Lo que ocurre es que está viciado por la religión y por el matrimonio. Para Owen la religión debe ser eliminada pues es un parásito de la sociedad, al igual con el matrimonio, el cual no genera otra cosa, dice Owen, que el adulterio hipócrita y la prostitución. En una palabra, el sistema existente, a pesar de no ser del todo malo, no funciona debido a la decrepitud moral que es producto de la ignorancia general.

[1] Según Marx, y Engels, la ineficacia de los socialistas utópicos viene producida debido a que se basan en lo deseable y lo imaginario, y no en el análisis directo de las condiciones políticas y sociales.

[2] Lo que muestra los parentescos con la intención comtiana de una unificación de todas las ciencias.

[3] Chatelet, F., La filosofía y su historia, Cap. IV: Dallemagne, J. L., y Nair, S., La economía política y el socialismo utópico, Madrid, Espasa-Calpe, 1976, tomo III, pág. 159.

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Autor: emmanuelmartinezalcocer

Filomat.

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