El baúl de Pandora

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Economía política clásica o premarxista

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El surgimiento de la economía política es inseparable de los cambios, intereses y movimientos del momento de su inicio. Es a comienzos del siglo XVIII cuando la economía política como disciplina comienza a progresar respecto de las de los teóricos moralistas del XVI y XVII, del mercantilismo, etc., -que tienen no poca importancia y en modo alguno son desdeñables- y consigue encontrar un estatus pretendidamente más científico –aunque, como sostenemos, no podrá conseguirlo nunca, pues nuca será capaz de cerrar adecuadamente su campo beta-operatorio de estudio-. Esto será gracias a los cambios operados en y por la burguesía, que rompe el sistema mercantilista anterior y da lugar a un gran desarrollo industrial. Puesto que las formas de riqueza y las formas de producción habían cambiado, también lo tenían que hacer los métodos de análisis que los estudiaban. Así es como surgió la economía política, que sería a partir de ahora la encargada de establecer esas «leyes económicas» y de introducir y explicar los cambios operados por la industrialización en la economía. Con esta nueva base, los economistas políticos pretenderán deducir las leyes que rigen el funcionamiento de la economía y con ella de la sociedad. Esto es algo totalmente nuevo, nunca hasta el momento había habido una concepción de la economía como esta, es decir, una economía científica en busca de sus leyes propias. Si bien, el desarrollo de esta disciplina fue lento -y, como decíamos, nunca logrará constituirse como ciencia categorial en sentido estricto-. Comenzará a desarrollarse con las teorías de los fisiócratas, los teóricos del capitalismo agrario. En un segundo momento aparecerá la figura de Adam Smith. Y finalmente encontramos al considerado mayor y último representante de la economía política de estos años, David Ricardo.

Los fisiócratas son los primeros espectadores del cambio del sistema feudal. De entre ellos podemos distinguir a algunos como Boisguillebert, R. Cantillon o A. Petty. Para estos pensadores económicos el medio principal de producción, si no el único, es la tierra. La tierra y el trabajo en ella realizado van a ser para los fisiócratas la fuente del valor. Esto sería así debido a que en este modo de producción, dicen los fisiócratas, el trabajador siempre produce más de lo que gasta. De ahí que estos teóricos, con Boisguillebert a la cabeza, llevasen a cabo una campaña de expropiación de tierras pertenecientes a la nobleza y en desuso, así como el intento de eliminar las fronteras internas entre los diferentes territorios. En esta lucha con el sistema anterior también reivindicaron la libertad de precios. Pero eso no era suficiente, tenían que demostrar que esa libertad estaba regida por una ley, que será la ley de oferta y demanda. Sin embargo, ya en este momento ha quedado claro que el precio se debe fijar en función del valor de los bienes intercambiados. Los fisiócratas son en este sentido los primeros en desarrollar una teoría de la producción capitalista.

Si bien el mayor mérito de estos teóricos es haber partido del (y planteado la) cuestión del capital como condición material de la producción y de la circulación como formas del proceso de trabajo, cometieron el error de considerar como único trabajo productivo el agrícola. No consideraron que el paso del valor del trabajo realizado por el campesino al valor del producto no es algo tan sencillo, sobre todo si no se contaba con los criterios necesarios para hacerlo, y, por otro lado, esta forma de pensar la producción estaba ya obsoleta. No encajaba con una sociedad que avanzaba a marchas forzadas y en la que el lugar principal de producción ya no era la tierra sino la industria.

En la estela de los fisiócratas encontramos la figura de A. Smith. Éste, en realidad, no introdujo ningún cambio radical en la economía política. Sus mayores progresos se dan dentro del análisis del capital, sobre todo gracias a que se va a posicionar en el capitalismo manufacturero o industrial, acorde a su momento, y no en el agrario. Es gracias a esto por lo que consigue realizar análisis más finos y acordes con el capitalismo industrial que los fisiócratas en el análisis del valor y del trabajo. Smith parte de la idea de que toda la riqueza es producto de la división del trabajo. En la medida en que se dispone del capital, dice Smith, la productividad aumenta. En el caso de la industria la diferencia está en el modo de producción, pues en ella es necesaria maquinaria y un número mayor de obreros que en la tierra, de ahí la división del trabajo. Pero esto lo lleva más lejos. Gracias a este desplazamiento Smith puede plantarse de un modo nuevo la diferencia entre el valor de uso y el valor de cambio –sobre los que teorizará ampliamente Marx– con el fin de establecer un criterio en el cambio de mercancías. Dicho desde el lenguaje marxista, el valor de uso, puesto que tiene un carácter subjetivo ya que es el valor de la utilidad de las mercancías, no vale como criterio de intercambio. Será por tanto el valor de cambio, que depende del trabajo requerido para la fabricación de la mercancía, el criterio que se utilice para dicho intercambio mercantil. El intercambio será por tanto el intercambio del valor del trabajo en la producción, el precio natural estará por ello determinado por el tiempo de trabajo.

Pero aquí Smith cae en una confusión entre el valor del trabajo y el valor del producto del trabajo. Lo que hace con esto es reducir el precio de la mercancía al coste de producción, e identificar dicho coste con la suma de salarios, rentas y beneficios. Esta es una contradicción provocada por la confusión de la plusvalía con los beneficios. De ahí que Smith afirme que el valor de un objeto sea producto de la cantidad que dicho objeto puede comprar. Esto en lo que respecta al valor del trabajo material, pero ¿qué pasa con el valor del trabajo de personas que no producen bienes materiales? Para resolver esta cuestión Smith parte del valor trabajo-incorporado y deduce de dicho valor que todo trabajador que participa en el proceso de extensión es productivo, los demás serán improductivos. Teniendo en cuenta el valor trabajo-mando deducirá otro criterio en el que establece como productivo a todo trabajador que suple correspondientemente su salario por su trabajo, un criterio inoperante y obvio ya que todo trabajador, al menos en teoría, cumple dicho criterio. De este modo cae en el mismo error que los fisiócratas al establecer el criterio en la materialidad del objeto producido. Aun así, el pensamiento de Smith es de tomar en cuenta en cuanto que pone al corriente de aquella parte de la población que consume la riqueza social sin contribuir a cambio en la producción.

Llegamos así a la figura más emblemática de los economistas políticos clásicos: David Ricardo. Con Ricardo la economía política se enfrenta a los problemas del modo de producción capitalista directamente desde la industria. La intención principal de Ricardo es definir la mejor política del gobierno, pero para ello tendrá que pasar primero por el análisis de la economía capitalista. Puede considerársele como el padre del liberalismo económico, ya que defiende los intereses capitalistas y la producción por la producción. Uno de los más importantes objetivos que se plantea es la explicación de la distribución de los modos de producción entre los propietarios de bienes raíces, los capitalistas y los trabajadores. Para ello partirá de la ley del valor trabajo-incorporado y buscará elementos que contradigan dicha ley. Así, lo que pretenderá será demostrar la coherencia del sistema de producción capitalista con respecto a dicha ley. Para ello se sitúa en la distribución y deduce de ella la ley de equilibrio de la cual está intentando demostrar la coherencia con el valor. Además de considerar el valor de producción también se preocupó por los beneficios de los obreros. Otra innovación que introduce fue el empleo de elementos nuevos en el análisis como la demografía. Realizó un estudio de la población para determinar el aumento y mejora de las condiciones sociales y económicas mediante el crecimiento de la producción y la mano de obra. Lo cual coincide con su objetivo de la mejora política del gobierno.

Por otro lado, al situarse en la teoría del valor trabajo-incorporado Ricardo no avanza con respecto a Smith. Ricardo ignora el problema sobre el intercambio planteado por Smith, lo que no le permite un análisis profundo del valor, con lo que sólo puede investigar la medida del valor, o el valor de intercambio –esto lo hará mejor Marx, que distinguirá entre trabajo y capacidad de trabajo, y a partir de ello deducirá que la mercancía se intercambia con la capacidad de trabajo en función de una ley del valor–.

Respecto a la cuestión de la ausencia de crisis generales de superproducción, Ricardo la achaca a la transformación del capital acumulado en renta, y a la renta gastada. Lo primero supone la ignorancia de que el capital constante transmite gradualmente su valor a las mercancías; lo segundo supone que el problema se resuelve con el intercambio de productos por otros productos. Pero con eso lo que hace es negar que la mercancía se pueda convertir en dinero haciendo de éste un simple medio de circulación. Y es que, ya desde sus comienzos, se muestra a las claras la incapacidad de los economistas políticos clásicos para examinar y advertir las crisis de superproducción. Otro problema de las teorías de estos pensadores es que no eran consistentes en las relaciones que establecían entre el valor y los beneficios. Esto dio lugar a que se desechasen en parte las teorías de los economistas políticos y se volvió a lo que se conoce como economía vulgar o utilitaria. Este tipo de economía se basaba en el valor de uso, y confundía el valor, el precio natural y el precio de mercado. Será Marx el que establezca unas nuevas bases para una investigación más eficaz y quien aclare los conceptos necesarios para este estudio. Estableciendo así un nuevo método que, junto a la crítica a la economía política, producirá unos resultados hasta el momento nunca conseguidos en esta disciplina.

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Autor: emmanuelmartinezalcocer

Filomat.

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