El baúl de Pandora

Reservado para los que deseen abrir su mente


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El propósito hispano

EL PROPÓSITO HISPANO.
Excelente artículo acerca de la Hispanidad y del daño que hace la Leyenda Negra asumida por todos los hispanos (españoles e hispanoamericanos), que en lugar de unirse y hacerse fuertes cada vez están más separados.

Hispanoamérica Unida

“esos cuatrocientos años de imperio, no son sino lo más trascendental que hemos vivido. En ellos, se constituyó nuestra identidad: la hispanoamericana (…) Negar el hecho de que somos hispanos es negar la vida misma, pues es imposible aprehender todo lo que ella nos ofrece sin una identidad constituida. En esta premisa subyace la profunda crisis existencial que aqueja actualmente a la América Hispana”

Artículo de opinión de Andrés della Chiesa, estudiante de Literatura y Ciencias Políticas en la Universidad Bicentenaria de Aragua (UBA) y fundador de ORDEN (Organización de Estudiantes Nacionalistas de Venezuela). Tomado del sitio web de esta última.

America hispana mapa indiano pequeñoEn 1982, la pluma encendida de don Arturo Uslar Pietri se cuestionaba el influjo real de la gesta española en el nacimiento de la Modernidad. Un Descubrimiento de América que trajo consigo una nueva visión del hombre y de su destino, creando una crisis de identidad en el Viejo Mundo cuyas…

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Ayotzinapa: qué hacer

Ayotzinapa, un rincón de México desde el cual, el 26 de septiembre pasado, un buen grupo de adolescentes y jóvenes que estudian para ser maestros emprendió un viaje de unos 130 km hasta Iguala, tercera ciudad en número de habitantes (más de 140,000) del Estado de Guerrero. El propósito de los estudiantes era recaudar apoyo de la población para poder asistir en la ciudad de México a la manifestación conmemorativa de la masacre del 2 de octubre de 1968. Al caer la tarde, en cuanto empezaron a ocupar camiones para emprender el viaje de regreso, fueron atacados por la policía de Iguala y gente no uniformada. Hubo seis muertos, entre ellos varios jóvenes que regresaban de participar en una competencia deportiva, a los que la policía confundió con los normalistas por el sólo hecho de que eran jóvenes e iban en un camión. Durante la noche se buscó inútilmente el paradero de 43 normalistas que habían sido detenidos; finalmente, de forma oficial, fueron declarados desaparecidos. Desde ese día se ha insistido reiteradamente en que fueron incinerados, y que el alcalde de la ciudad, que puso pies en polvorosa, está íntimamente ligado al “crimen organizado”. En estos días se han encontrado ya varias fosas clandestinas con más de 20 cadáveres incinerados; los peritos forenses han dictaminado que no son de los normalistas, pero el delegado de la ONU sobre derechos humanos declaró que el peritaje se hizo en condiciones que no permiten considerarlo confiable).

Ya desde hace años, las represiones contra los normalistas de Ayotzinapa habían ocupado las primeras planas de los periódicos (2007, ver foto anexa, y 2011, donde ya hizo su aparición el fuego encarnizado). Ahora, sin embargo, la cosa no sólo alcanzó un nivel mayúsculo, sino que se dio en condiciones nacionales muy distintas. No podía quedar ahí.

El 2 de octubre, Ayotzinapa estuvo muy presente en la marcha conmemorativa en la ciudad de México, aunque de una forma muy diferente a la que esperaban los normalistas una semana antes. La indignación por lo ocurrido ya se había expresado desde los primeros días, incluso con lo que la prensa internacional suele calificar como “disturbios”. Pero en la marcha de decenas de miles del “2 de Octubre no se olvida”, la indignación se puso de manifiesto directamente, a los ojos y en la piel de todos, mostrando que se estaba generalizando con una gran potencia, en especial por parte de los que estudian en las instituciones públicas.

Una parte muy importante de los estudiantes que marcharon aquel día fueron los del Instituto Politécnico Nacional. Ya llevaban semanas movilizándose por sus demandas particulares, estaban en huelga general y organizados mediante asambleas y brigadas para salir a difundir su movimiento y recaudar apoyo de la población. No tardaron en hacer suya la demanda de Ayotzinapa. Lo mismo hicieron numerosos grupos estudiantiles de cinco o seis de las instituciones mayores, muchos de los cuales convocaron a asambleas en sus respectivas escuelas. Surgió así una asamblea ínter universitaria en lucha que ha venido convocando a manifestaciones multitudinarias el 8 y 10 de octubre, a un primer paro universitario los días 14 y 15 y un segundo paro los días 22 y 23 de este mismo mes (ver cartel anexo). Las movilizaciones se han venido dando también en otros seis estados.

Otra parte importante de esta movilización han sido los maestros de educación básica y media que, desde los años 80, se mantienen organizados e independientes respecto a la dirigencia del sindicato nacional. Entre ellos se encuentran buena parte de los maestros del Estado de Guerrero. Y es uno de los estados en los que, originalmente, el movimiento de “las guardias comunitarias” se asentó con más fuerza.

¿Otra “primavera”, otra “explosión de ira”? Poniendo el foco de atención en la pregunta qué hacer, desde luego que hay muchas similitudes con lo sucedido, lo hecho, en 2011 alrededor de todo el Mediterráneo y frente a Wall Street: los paros en los centros de trabajo y de estudio, las marchas multitudinarias en las calles, las asambleas, incluso las declaraciones de los notables… Pero esto igual nos lleva a toda la historia de los movimientos populares. Estas formas de acción y de organización no pueden ser gratuitas. Enfocarnos en la pregunta qué hacer –si se quiere a partir de lo sucedido, de lo hecho, y en todo caso considerándolo seriamente—nos obliga a ver también las diferencias entre unos y otros casos, a fin de evaluar más concretamente la situación concreta; “concreta”, no en el sentido de que “se puede tocar”, que es nuestro entorno inmediato, sino de que articula los significados más importantes para la acción, a nivel tanto general como particular y singular.

Es en este sentido que Marx decía que “la verdad es siempre concreta”, no como una cuestión escolástica, sino práctica. De lo que se trata aquí no es de interpretar si esto es una “primavera”, “explosión de ira” o quién sabe qué otra imagen; de lo que se trata es de hacer verdad un mundo justo. Y hoy, 22 de octubre, estoy seguro que aquí, en México, lo mismo que alrededor de todo el Mediterráneo y frente a Wall Street, esto pasa por fortalecer los paros y movilizaciones convocados por las asambleas estudiantiles que se han unido a los normalistas de Ayotzinapa exigiendo justicia en el caso de los 43 desaparecidos.


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La pregunta ¿qué hacer? en tiempos de crisis (o por qué abrir bien la mente, los ojos, las ventanas…)

La pregunta ¿qué hacer? en tiempos de crisis
(o por qué abrir bien la mente, los ojos, las ventanas…)

Con el título de esta entrada busco resumir el foco de atención que guiará una serie de futuras entradas. Como lo dice el subtítulo, me parece que la pregunta qué hacer en tiempos de crisis toca un aspecto importante del significado y alcance que tiene hoy el lema de este blog: abrir la mente. Y recíprocamente, el nombre de este blog, el baúl de Pandora, contribuye de forma importante a mantener presente una característica de lo que significa la crisis, en especial cuando se la ve con la perspectiva de la pregunta qué hacer.

Con esta entrada introductoria busco precisar qué es lo que he querido resumir en el título y hacer más explícitas sus conexiones con el nombre y lema de este blog en general y, en particular, con las demás columnas y entradas de mis compañeros.

Es muy limitada mi experiencia con niños que “están en la edad del por qué”, pero en una ocasión un par de ellos me hicieron pensar que no debía interpretarlos atribuyéndoles quién sabe qué curiosidad científica o filosófica innata. No parecían estar ni poder estar muy interesados en saber cuál es la causa, el origen o la explicación de las cosas. Me pareció que más bien lo que querían era entender la pregunta misma de por qué, o jugar con una característica de ella que ya habían aprendido al tratar de entenderla y que no tienen otras preguntas (como la de qué es eso o qué es un puercoespín): que siempre se puede volver a plantear sobre cualquier respuesta que se le dé. Y también me pareció que muy bien podía tener su lógica: de lo contrario, ¿cómo podrían haber llegado a saber qué es una causa, un origen o una explicación, y suponer que todas las cosas debían tener una? En cambio, si empiezan jugando con los usos de la pregunta, parece que todo se hace más inteligible: jugando así llegarán a identificar esas palabras como lo que organiza la experiencia que adquirieron con aquel juego. Seguramente los estudios especializados mostrarán que la cosa es más complicada, porque en cada nueva experiencia está presente el cómo hemos asimilado y relacionado entre sí las experiencias anteriores.

No obstante, desde entonces estoy convencido de que aquellos niños me dieron mi primera lección en ciencias cognitivas: no te apresures a atribuirle a los demás el significado que tu le atribuyes a las palabras, a las acciones y a las cosas, por mucho que te apoyes en las definiciones de diccionario y en tu conocimiento de su entorno; en la medida en que la cosa es importante, igualmente importante será pararte sobre sus zapatos, percibir ese entorno con sus sentidos y asimilarlo en relación con su experiencia.

Y está claro que la cosa es muy importante si ese “los demás” está constituido por una multitud que se manifiesta en contra de otros “demás”, en medio de unos terceros aún más numerosos que, aunque dispersos, están involucrados de una u otra forma. Y estando en crisis, la cosa se irá haciendo cada vez más importante. Será tan difícil como se quiera cumplir la conseja de pararse sobre los zapatos de tantas y tan diversas personas; desde luego, es imposible cumplirla al cien por ciento; pero amerita poner todo el esfuerzo para desarrollar al máximo nuestra capacidad de cumplirla. Incluso si tomamos la decisión de cruzarnos de brazos estaremos actuando a favor de un desenlace o de otro.

Como quiera que sea, hay que tomar una decisión sobre qué hacer. Y la decisión será tan justa, certera o adecuada como justa sea la atribución de significados a las palabras, a las acciones y a las cosas de los unos, los otros y los terceros. Y tiene que ser una justeza que se mantenga al día, que aprenda a serlo con base en la experiencia que se va acumulando diariamente en la práctica de cada uno. Tanto para la cooperación como para la confrontación se requiere de esa justeza, más aún si el desenlace que buscamos es una sociedad cada vez más fundada en la cooperación. Reducir la decisión a una elección entre tal o cual personalidad o líder que sea el que realmente tome las decisiones y garantice la cooperación, sería una decisión que plantea serias dudas sobre la razón que puede justificarla en términos de lo que sabemos sobre las capacidades, intereses y recursos que se requieren para hacer realidad una cooperación auténtica. Los motivos de una confrontación como la que muestra la historia de miles de años distan mucho de poder ser caprichos o vanidades.

No parece nada descabellado pensar que la experiencia de la crisis es la experiencia de plantearse la pregunta qué hacer para darle una respuesta que, más temprano que tarde, nos llevará a replantearla de nuevo, pero a un nivel que está más allá del nivel al que estábamos habituados. Es abrir el baúl de Pandora, en efecto, y abrir la mente para poder lidiar con lo que sale de él, preparándonos para volver a hacerlo de nuevo y tantas veces como sea necesario.

Espero que para las siguientes entradas pueda ir mostrando ejemplos vivos de las diferentes fases y aspectos de esta dinámica de la pregunta qué hacer en tiempos donde las diversas crisis se desarrollan del mismo modo. Por fortuna y por desgracia, creo que no nos faltarán.


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Socialistas utópicos

Los llamados socialistas utópicos o utopistas sociales son una serie de pensadores que, al igual que Marx, intentarán realizar una crítica a la situación político-social y económica de su tiempo con el fin de encontrar la armonía y el orden social, algo que no dejará indiferente al pensador alemán. Y aunque por su modo de plantear dicha crítica y de proponer soluciones han sido llamados, desde Marx[1], como utópicos, no son del todo, al menos para la historia del pensamiento político, desestimables. Los mismos socialistas utópicos creían en la posibilidad de realización de sus propuestas. De estos nos centraremos en tres: Saint-Simon, que también influyó en Comte; en C. Fourier y en Robert Owen. Pensadores que, aunque muy dispares entre sí, tienen un punto común, la crítica a la sociedad capitalista de su tiempo.

La obra más destacada de Saint-Simon es Carta de un habitante de Ginebra a sus contemporáneos. Es ella muestra su idea de la ciencia como el elemento con el que la humanidad conseguirá resolver todos sus problemas. La tarea científica del siglo XIX va a ser para Saint-Simon la elaboración de una nueva Enciclopedia[2]. Pero con la característica particular de que ha de hacerse siguiendo tres ejemplos primordiales, Descartes, Locke y Newton. Sobre todo el primero. La ciencia para Saint-Simon no debe servir para matar a los hombres, sino todo lo contrario, para unirlos. Así, «el pueblo» prestará, no su fe, sino toda su confianza a la ciencia. Este pensador pretendía hacer de la ciencia una nueva forma de organizar la sociedad, haciendo de este modo a los científicos los nuevos gobernadores. Junto a esta exaltación de la ciencia Saint-Simon destaca la importancia de la industria. Hace el utopista francés un análisis bastante simple de su sociedad en el que distingue sencillamente entre productores por un lado, y ociosos por otro. Los productores son los industriales, es decir, aquellos encargados de poner al alcance de los miembros de la sociedad los medios materiales para satisfacer sus necesidades. Entre estos distingue tres clases principales, los cultivadores, los fabricantes y los negociantes. Los cuales forman una principal, la clase industrial. Esta es la clase que debe ocupar el puesto más alto de todas, y, puesto que Saint-Simon considera la industria como algo unificado, esta clase tendrá un carácter universal. En Saint-Simon, como se ve, importa menos la naturaleza del poder político que la subordinación de éste a lo económico. Así es como el utopista francés llega a pretender reemplazar las monarquías feudales por las científicas. En este sentido es precedente de Marx pues es el primero en sustituir el gobierno de los hombres por la administración de las cosas. Los componentes de la sociedad obedecerán a los organizadores como si de médicos se tratase, es decir, no por imposición, sino porque procuran lo mejor para ellos. Así, en esta nueva sociedad no serán necesarias fuerzas represivas gracias a la convicción general y al trabajo de todos y para todos, lo cual constituirá la garantía del orden social.

Saint-Simon presta también atención al proletariado, a los que identifica como la clase pobre. Es consciente de los sufrimientos y condiciones precarias de dicha clase pobre, por ello sostiene que los trabajadores también deben estar en relación con la organización política, igual que lo está con la producción. Para Saint-Simon los proletariados son capaces de administrar propiedades por sí mismos, y no necesitan una vigilancia constante pues tienen capacidad de sobra para establecerse como sistema de organización social. Si nos situamos en el marco histórico de Saint-Simon, esta es una postura bastante revolucionaria. Las medidas que el francés propone para paliar la situación de la clase pobre son la anulación de los privilegios, el desarrollo industrial, y, muy importante, la instrucción pública común. Algo de nuevo muy avanzado para su época. Al final de su vida, igual que sucediera con Comte, Saint-Simon propondrá como único remedio para arreglar las sociedades la creación de una nueva religión social, que actuará como un nuevo cristianismo. Este será una nueva moral, pero una moral garantizada por la ciencia. Gobernando además un principio fundamental: «que todos los hombres deben conducirse como hermanos entre sí»[3]. Así esta religión tendrá dos tareas principales, persuadir a la clase rica de que compartan su riqueza y convencer a los pobres de que no se revelen de forma violenta.

Con Fourier la cosa cambia en los planteamientos y en los modos, aunque el objetivo de reforma y mejora social sigue presente. El sistema planteado por Fourier es un alarde de imaginación, en el buen sentido, al servicio de la reforma social. Es un sistema que gira en torno a un pensamiento, casi una obsesión: la desaparición del comercio de la sociedad y la economía. Aunque, paradójicamente, Fourier tuvo que trabajar durante toda su vida en aquello que más odiaba, quizá por ello lo odiase tanto. Así pues, construirá la sociedad opuesta a la del comercio. Fourier creía firmemente, quizá con cierta arrogancia o con ingenuidad, en que el futuro de los hombres estaba irremediablemente ligado a sus especulaciones. Sin embargo, Fourier no era un simple soñador –o eso decía el–. Su obra pretendía ser producto de la imaginación, pero entendida como una búsqueda consciente. Así pues no es con sueños, sino con una nueva forma de pensar como Fourier quiere construir su sistema social. Es a partir de una conocida anécdota que Fourier tuvo con unas manzanas como comenzó a germinar en él la idea del comercio como la causa de todas las desgracias sociales. Hay una clase comerciante, dice Fourier, que saca provecho de los esfuerzos de la clase productora. Esta clase comerciante es para el francés un parásito social. La civilización se encuentra dominada por esa clase que carece de escrúpulos y que no duda en someter y explotar al resto de la sociedad en pro de sus intereses. Y es esta concentración de la riqueza en las manos de unos pocos lo que genera la miseria social.

En cuanto al Estado, tampoco encuentra Fourier solución ya que está también plagado de viles agentes de los comerciantes. La conclusión a la que llega el utopista social es que la destrucción del comercio es necesaria para arreglar los desórdenes sociales. A cambio propone el orden y la paz de su falansterio. Pero, ¿qué es el falansterio? El falansterio es una colonia agrícola con una población exacta de mil setecientas personas en la que tanto la educación como la comida son colectivas. Los trabajadores, para satisfacer la pasión por el cambio propia de los hombres, cambiarán cada dos horas de ocupación. Además, el trabajo será una fiesta continua en la que hay música, bailes y cantos. Incluso los vestidos serán de colores variados, todo para aumentar la sensación de bienestar y paz. Respecto a las diferencias entre hombres y mujeres en el falansterio eso no existe, ambos son completamente iguales. El amor será un amor libre. Respecto a lo económico, al contrario de como cabría esperar, no habrá una abolición de la propiedad privada ni tampoco una igualdad económica ya que habrá un reparto diferenciado de las rentas en función del trabajo, el capital y el talento de cada uno de los componentes de la comunidad. Como vemos, Fourier no deja escapar un detalle. A pesar de las incoherencias –y locuras– del sistema de Fourier se pueden destacar algunas ideas. Es distinguible una especie de deísmo con tintes espinosistas que afirma la unidad de Dios, la naturaleza y el hombre. También se puede apreciar una teoría de la ciencia universal, de las pasiones y de la evolución social.

Respecto a Owen, se le puede considerar el más realista de los tres, de hecho, varias veces puso en práctica algunos de sus proyectos, entre los que abundaron algunas sectas que le seguían fervientemente, aunque terminaron fracasando. Se podría decir que Owen está entre medias del socialismo utópico y el socialismo científico de Marx. La tesis central del pensador inglés es que los hombres son principal y exclusivamente producto de las circunstancias en las que se desenvuelven. Para Owen todo lo rechazable de la sociedad es, sin embargo, producto de ella misma. Esos aspectos negativos de la sociedad sólo se resolverán si se produce un cambio en el medio social, esto es, en las circunstancias. De modo que, como los caracteres de los hombres dependerán de circunstancias externas, basta con cambiar estas circunstancias para que los hombres y la sociedad también lo hagan. Mas este cambio debe ser regido por la razón. Owen defiende que para que los hombres puedan vivir por fin en la paz que proporciona la verdad deben llevar una existencia racional, por eso tanto la sociedad como el gobierno deben estar regidos por principios racionales. Y este reinado de la razón no será un reinado violento. Owen rechaza la violencia y la sustituye por la educación y el ejemplo. Así pues, una vez que ha desechado la violencia como vía para alcanzar el buen gobierno, será con el conocimiento y con la educación como Owen pretenda la organización del sistema social y estatal. Este sistema tendrá además la ventaja de que no estará continuamente en discusión ya que, aunque habrá diferencias sociales, pues no puede ser de otro modo, los ricos y poderosos gobernarán de una forma acorde a la razón, es decir, siguiendo unos ideales que son adecuados para un buen gobierno y que les han sido inculcados en su educación. Por ello, dice Owen, los trabajadores deben dejar de lado la lucha de clases. O lo que es lo mismo, la liberación del hombre de las lacras sociales se conseguirá por medio de la razón y la comprensión mutua y no por medio de la violencia.

Respecto al sistema existente, no es que sea malo para Owen. Lo que ocurre es que está viciado por la religión y por el matrimonio. Para Owen la religión debe ser eliminada pues es un parásito de la sociedad, al igual con el matrimonio, el cual no genera otra cosa, dice Owen, que el adulterio hipócrita y la prostitución. En una palabra, el sistema existente, a pesar de no ser del todo malo, no funciona debido a la decrepitud moral que es producto de la ignorancia general.

[1] Según Marx, y Engels, la ineficacia de los socialistas utópicos viene producida debido a que se basan en lo deseable y lo imaginario, y no en el análisis directo de las condiciones políticas y sociales.

[2] Lo que muestra los parentescos con la intención comtiana de una unificación de todas las ciencias.

[3] Chatelet, F., La filosofía y su historia, Cap. IV: Dallemagne, J. L., y Nair, S., La economía política y el socialismo utópico, Madrid, Espasa-Calpe, 1976, tomo III, pág. 159.


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Economía política clásica o premarxista

El surgimiento de la economía política es inseparable de los cambios, intereses y movimientos del momento de su inicio. Es a comienzos del siglo XVIII cuando la economía política como disciplina comienza a progresar respecto de las de los teóricos moralistas del XVI y XVII, del mercantilismo, etc., -que tienen no poca importancia y en modo alguno son desdeñables- y consigue encontrar un estatus pretendidamente más científico –aunque, como sostenemos, no podrá conseguirlo nunca, pues nuca será capaz de cerrar adecuadamente su campo beta-operatorio de estudio-. Esto será gracias a los cambios operados en y por la burguesía, que rompe el sistema mercantilista anterior y da lugar a un gran desarrollo industrial. Puesto que las formas de riqueza y las formas de producción habían cambiado, también lo tenían que hacer los métodos de análisis que los estudiaban. Así es como surgió la economía política, que sería a partir de ahora la encargada de establecer esas «leyes económicas» y de introducir y explicar los cambios operados por la industrialización en la economía. Con esta nueva base, los economistas políticos pretenderán deducir las leyes que rigen el funcionamiento de la economía y con ella de la sociedad. Esto es algo totalmente nuevo, nunca hasta el momento había habido una concepción de la economía como esta, es decir, una economía científica en busca de sus leyes propias. Si bien, el desarrollo de esta disciplina fue lento -y, como decíamos, nunca logrará constituirse como ciencia categorial en sentido estricto-. Comenzará a desarrollarse con las teorías de los fisiócratas, los teóricos del capitalismo agrario. En un segundo momento aparecerá la figura de Adam Smith. Y finalmente encontramos al considerado mayor y último representante de la economía política de estos años, David Ricardo.

Los fisiócratas son los primeros espectadores del cambio del sistema feudal. De entre ellos podemos distinguir a algunos como Boisguillebert, R. Cantillon o A. Petty. Para estos pensadores económicos el medio principal de producción, si no el único, es la tierra. La tierra y el trabajo en ella realizado van a ser para los fisiócratas la fuente del valor. Esto sería así debido a que en este modo de producción, dicen los fisiócratas, el trabajador siempre produce más de lo que gasta. De ahí que estos teóricos, con Boisguillebert a la cabeza, llevasen a cabo una campaña de expropiación de tierras pertenecientes a la nobleza y en desuso, así como el intento de eliminar las fronteras internas entre los diferentes territorios. En esta lucha con el sistema anterior también reivindicaron la libertad de precios. Pero eso no era suficiente, tenían que demostrar que esa libertad estaba regida por una ley, que será la ley de oferta y demanda. Sin embargo, ya en este momento ha quedado claro que el precio se debe fijar en función del valor de los bienes intercambiados. Los fisiócratas son en este sentido los primeros en desarrollar una teoría de la producción capitalista.

Si bien el mayor mérito de estos teóricos es haber partido del (y planteado la) cuestión del capital como condición material de la producción y de la circulación como formas del proceso de trabajo, cometieron el error de considerar como único trabajo productivo el agrícola. No consideraron que el paso del valor del trabajo realizado por el campesino al valor del producto no es algo tan sencillo, sobre todo si no se contaba con los criterios necesarios para hacerlo, y, por otro lado, esta forma de pensar la producción estaba ya obsoleta. No encajaba con una sociedad que avanzaba a marchas forzadas y en la que el lugar principal de producción ya no era la tierra sino la industria.

En la estela de los fisiócratas encontramos la figura de A. Smith. Éste, en realidad, no introdujo ningún cambio radical en la economía política. Sus mayores progresos se dan dentro del análisis del capital, sobre todo gracias a que se va a posicionar en el capitalismo manufacturero o industrial, acorde a su momento, y no en el agrario. Es gracias a esto por lo que consigue realizar análisis más finos y acordes con el capitalismo industrial que los fisiócratas en el análisis del valor y del trabajo. Smith parte de la idea de que toda la riqueza es producto de la división del trabajo. En la medida en que se dispone del capital, dice Smith, la productividad aumenta. En el caso de la industria la diferencia está en el modo de producción, pues en ella es necesaria maquinaria y un número mayor de obreros que en la tierra, de ahí la división del trabajo. Pero esto lo lleva más lejos. Gracias a este desplazamiento Smith puede plantarse de un modo nuevo la diferencia entre el valor de uso y el valor de cambio –sobre los que teorizará ampliamente Marx– con el fin de establecer un criterio en el cambio de mercancías. Dicho desde el lenguaje marxista, el valor de uso, puesto que tiene un carácter subjetivo ya que es el valor de la utilidad de las mercancías, no vale como criterio de intercambio. Será por tanto el valor de cambio, que depende del trabajo requerido para la fabricación de la mercancía, el criterio que se utilice para dicho intercambio mercantil. El intercambio será por tanto el intercambio del valor del trabajo en la producción, el precio natural estará por ello determinado por el tiempo de trabajo.

Pero aquí Smith cae en una confusión entre el valor del trabajo y el valor del producto del trabajo. Lo que hace con esto es reducir el precio de la mercancía al coste de producción, e identificar dicho coste con la suma de salarios, rentas y beneficios. Esta es una contradicción provocada por la confusión de la plusvalía con los beneficios. De ahí que Smith afirme que el valor de un objeto sea producto de la cantidad que dicho objeto puede comprar. Esto en lo que respecta al valor del trabajo material, pero ¿qué pasa con el valor del trabajo de personas que no producen bienes materiales? Para resolver esta cuestión Smith parte del valor trabajo-incorporado y deduce de dicho valor que todo trabajador que participa en el proceso de extensión es productivo, los demás serán improductivos. Teniendo en cuenta el valor trabajo-mando deducirá otro criterio en el que establece como productivo a todo trabajador que suple correspondientemente su salario por su trabajo, un criterio inoperante y obvio ya que todo trabajador, al menos en teoría, cumple dicho criterio. De este modo cae en el mismo error que los fisiócratas al establecer el criterio en la materialidad del objeto producido. Aun así, el pensamiento de Smith es de tomar en cuenta en cuanto que pone al corriente de aquella parte de la población que consume la riqueza social sin contribuir a cambio en la producción.

Llegamos así a la figura más emblemática de los economistas políticos clásicos: David Ricardo. Con Ricardo la economía política se enfrenta a los problemas del modo de producción capitalista directamente desde la industria. La intención principal de Ricardo es definir la mejor política del gobierno, pero para ello tendrá que pasar primero por el análisis de la economía capitalista. Puede considerársele como el padre del liberalismo económico, ya que defiende los intereses capitalistas y la producción por la producción. Uno de los más importantes objetivos que se plantea es la explicación de la distribución de los modos de producción entre los propietarios de bienes raíces, los capitalistas y los trabajadores. Para ello partirá de la ley del valor trabajo-incorporado y buscará elementos que contradigan dicha ley. Así, lo que pretenderá será demostrar la coherencia del sistema de producción capitalista con respecto a dicha ley. Para ello se sitúa en la distribución y deduce de ella la ley de equilibrio de la cual está intentando demostrar la coherencia con el valor. Además de considerar el valor de producción también se preocupó por los beneficios de los obreros. Otra innovación que introduce fue el empleo de elementos nuevos en el análisis como la demografía. Realizó un estudio de la población para determinar el aumento y mejora de las condiciones sociales y económicas mediante el crecimiento de la producción y la mano de obra. Lo cual coincide con su objetivo de la mejora política del gobierno.

Por otro lado, al situarse en la teoría del valor trabajo-incorporado Ricardo no avanza con respecto a Smith. Ricardo ignora el problema sobre el intercambio planteado por Smith, lo que no le permite un análisis profundo del valor, con lo que sólo puede investigar la medida del valor, o el valor de intercambio –esto lo hará mejor Marx, que distinguirá entre trabajo y capacidad de trabajo, y a partir de ello deducirá que la mercancía se intercambia con la capacidad de trabajo en función de una ley del valor–.

Respecto a la cuestión de la ausencia de crisis generales de superproducción, Ricardo la achaca a la transformación del capital acumulado en renta, y a la renta gastada. Lo primero supone la ignorancia de que el capital constante transmite gradualmente su valor a las mercancías; lo segundo supone que el problema se resuelve con el intercambio de productos por otros productos. Pero con eso lo que hace es negar que la mercancía se pueda convertir en dinero haciendo de éste un simple medio de circulación. Y es que, ya desde sus comienzos, se muestra a las claras la incapacidad de los economistas políticos clásicos para examinar y advertir las crisis de superproducción. Otro problema de las teorías de estos pensadores es que no eran consistentes en las relaciones que establecían entre el valor y los beneficios. Esto dio lugar a que se desechasen en parte las teorías de los economistas políticos y se volvió a lo que se conoce como economía vulgar o utilitaria. Este tipo de economía se basaba en el valor de uso, y confundía el valor, el precio natural y el precio de mercado. Será Marx el que establezca unas nuevas bases para una investigación más eficaz y quien aclare los conceptos necesarios para este estudio. Estableciendo así un nuevo método que, junto a la crítica a la economía política, producirá unos resultados hasta el momento nunca conseguidos en esta disciplina.


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Conflictos religiosos en los siglos XVI y XVII

A continuación os presento otra infografía sobre los principales conflictos religiosos de los siglos XVI y XVII en la Europa dividida por las Guerras de Religión, la Reforma protestante y la Contrarreforma. Faltan algunos puntos importantes, pero habrías de perdonarme por no introducir absolutamente todos (lo cuál sería fabuloso) dado el carácter sintético de la infografía. Un saludo y ¡espero que os guste!

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