El baúl de Pandora

Reservado para los que deseen abrir su mente

Heroes y Villanos

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Cuando uno empieza a escribir una historia, de repente tiene que crear un mundo, y no es un mundo cualquiera, en el que la gente existe sin mas, es un mundo en el que todo el mundo tiene unos designios concretos con el propósito de contar una historia. En ese mundo, naturalmente, hay buenas personas y hay malas personas, y hay personas que son difíciles de catalogar como unas u otras.

Una de las cosas que me gusta hacer cuando escribo es trabajar con personajes que son lo opuesto a todo lo que yo soy, en buena medida podría decirse que es una fantasía algo turbia que comparten todos los escritores, mas o menos consciente, escribir personajes que el autor desaprueba vehementemente en sus actos y su moralidad, no porque realmente el autor desee hacer todas esas cosas que considera inaceptables, sino porque, en fin, para que nos vamos a engañar, ser completa y absolutamente malvado sin ningún tipo de consecuencia negativa para nadie extirpa la maldad del acto malvado, y es terriblemente divertido, por eso nos ponemos en la piel de malvados de todos los tipos y colores y hacemos todo tipo de barbaridades.

A mi, personalmente, me gusta escribir personajes inmorales o condenables y dotarlos de una cierta humanidad, de una lógica que, aunque distorsionada, dote de sentido a sus actos. La clave aquí está en “dote de sentido”, que no necesariamente implica que el lector o la audiencia vaya a simpatizar inmediatamente con el personaje. Los villanos pueden generar simpatía, y a veces lo hacen sin ser el deseo del autor, pero otras veces, en cambio, no van a generar simpatía, jamás, y da igual cuan arrepentidos estén, todo lo que el lector va a estar esperando es que una turbina se desprenda de un avión y caiga sobre el personaje en cuestión, convirtiéndolos en un amasijo horroroso de sangre y tripas. Normalmente, y curiosamente, esto no depende tanto de los actos de villanía en si mismos, sino del impacto emocional que genere en el espectador. Pongamos unos ejemplos:

El Joker mata, asesina, desfigura y mutila, pero tiene legiones de seguidores, Hannibal Lecter es un asesino que se come a sus víctimas y Lord Voldemort las tortura hasta la locura en las novelas de Harry Potter, en cambio, en Festín de Cuervos tenemos acceso al punto de vista de la malvada Cersei Lannister en el que vemos que es una madre devota a sus hijos y a su causa, traumatizada por la traición y paranoica en un mundo que no acepta a las mujeres que no se resignan a tener un perfil bajo, pero no nos genera ni un poco de simpatía ¿Por qué?

A veces los villanos hacen cosas que nos horrorizan, pero demuestran aptitudes que valoramos, como la inteligencia, el sentido del humor, o guardan algún tipo de nobleza escondida, por retorcida que sea, que hace que comprendamos que tienen un motivo, el Joker es capaz de burlar a Batman y establecer efectos dominó gigantescos, Hannibal Lecter en realidad mata a las personas que le ofenden o son maleducadas (aunque su concepto de la ofensa sea “amplio”) y Lord Voldemort tiene un séquito de pintorescos seguidores como Bellatrix Lestrange y un extraño sentido del humor. Cersei Lannister se ha cargado al puto Ned Stark, al que todos amábamos.

En definitiva, esta es la clase de cosas que influyen en que “perdonemos”, o no a un personaje.

Dicho todo esto, llega la obligatoria hostia a la ficción española.

Por qué no podemos amar a Globomedia

Pasé mucho tiempo ofuscado con Aída (T5), por la forma en la que los personajes se desarrollaron de una forma que solo se puede comparar con un tumor de pene, pero el personaje que mas me ofuscaba de todos es el de Mauricio Colmenero. Voy a ver como puedo explicar esto: Mauricio Colmenero es una persona horrible, y ninguna de las dosis extra de azúcar que la serie ha vertido sobre el personaje me va a convencer jamás de lo contrario.

Globomedia, en general, tiene la costumbre de hacer series en las que sus personajes tienen carta blanca si en el fondo tienen “buenas intenciones”, lo que de por sí no debería ser una garantía de nada: Adolf soñaba en su Austria natal con una nación pangermana utópica donde todos serían felices libres de razas impuras, y sus “buenas intenciones” llevaron al asesinato a escala industrial de mas de 10 millones de personas y a una Guerra apocalíptica que destruyó Europa. En la serie Aída, Mauricio Colmenero alardea de racismo, trabaja activamente por destruir las ilusiones y los proyectos de los demás, humilla a todo el que puede, trata a las mujeres como objetos sexuales, es capaz de todo tipo de delitos y casi nunca siente remordimiento o se disculpa, en parte porque la mayoria de las veces lo hace porque sí, sin motivación alguna, pero al final, todo esto es irrelevante porque lo que nos dice la serie es que en el fondo quiere a sus vecinos y camaradas y que es una persona solitaria y triste.

No, no y no. Mauricio es un abusón, un maltratador, y como tal, puede querer mucho a su chica o a su amigo, y hacerles sufrir hasta el ultimo centimetro de sus carnes ¿Y todo lo que tiene que decirnos Globomedia es que, como su amor es genuino, debemos aceptarlo tal y como es? Porque eso es lo que hace Globomedia y eso es lo que no debe hacer nunca un trabajo de ficción, a menos que realmente crea lo que dice. Es como decirle a una mujer maltratada “Tu marido te quiere, y para demostrarte su arrepentimiento te ha traido estas flores, serias una auténtica zorra y una hija de puta si se lo pagaras yendo a la policía y pidiendo el divorcio”.

No se puede decir “Los fachas tambien son personas, con sus cosas, y hay que normalizarlos, como a los gays o a los osos panda”. Pongamos el siguiente ejemplo: En nuestra nueva serie, los protagonistas tienen un nuevo vecino, Ahmed, es un tipo muy majo y saluda siempre, aunque realmente su objetivo es destruir la infiel civilización occidental y decapitar a todos esos cabrones cristianos, lo que logicamente genera algunas tensiones con nuestros protagonistas, que al final acabaran comprendiendo que Ahmed “piensa distinto” y que hay que respetarlo porque en el fondo es una buena persona con una forma distinta de ver la vida.

No, esto no va así, de ninguna manera. Ahmed no es una pieza mas de una diversidad, es un criminal y un terrorista. Adolf Hitler no era el profeta de un pensamiento excentrico que se sujetaba a la libertad de expresion de la República de Weimar, y punto. Si crees que esto son cosas que hay que normalizar, porque son posturas legítimas ante la vida, a lo mejor el objetivo de este articulo no significa nada para ti, dado que tu no estas escribiendo un villano, sino un “tio majo” que piensa distinto, con lo cual tal vez deberias dejar de leer esto, pero no antes de saber que eres un irresponsable y que tienes un grave problema de criterio como mínimo.

Para terminar, “Vive Cantando” (A3) presenta la siguiente linea argumental: Una familia compuesta por un concejal y una pija con sus dos hijos pasan toda la primera temporada siendo unos absolutos capullos con todo el mundo, solo para acabar el en la carcel por corrupto y ella sola y desamparada. La segunda temporada nos muestra la lucha de ella por sacarlo de la carcel ¿Hemos de sentir pena? Aparentemente si. Siguiendo la formula de la serie, en cuatro frases habremos de entender que el ha visto lo erroneo de sus actos (O no) y todo arreglado. Veremos a ver como sigue.

En el clima social y político en que vivimos, semejante planteamiento no debería de generar exactamente empatía con el personaje, pero quien sabe, puede que me equivoque. Despues de todo, a la gente le encanta Mauricio.

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