El baúl de Pandora

Reservado para los que deseen abrir su mente


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Audios de Historia de la Filosofía Proyecto Telémaco

Buenas tardes amigos blogueros, os dejamos en el enlace de abajo una página de audios en los que, si estáis interesados, podéis ir escuchando lecciones de algunos de los momentos y/o autores clave de la historia de la filosofía. Para todo aquél que no cuente con demasiado tiempo para realizar la ingente pero necesaria lectura de los clásicos de la filosofía, estos pueden ser una buena forma de suplir esas largas y placenteras horas de lectura, con unas no menos placenteras horas de escucha.

Enlace: http://proyectotelemaco.com/audios/


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Gabriel Ciscar, otro genio incomprendido

Sirva como ejemplo de otros científicos ilustres españoles tan desconocidos para los propios españoles.

Blog Cátedra de Historia y Patrimonio Naval

Sería deseable que el gran número de genios españoles que hemos tenido a lo largo de la Historia no hubieran sufrido la misma incomprensión (por decirlo de una manera suave) que, por ejemplo, Isaac Peral. Sin embargo, en la mayoría de los casos así ha sido. La falsa historia de que “inventen ellos” debería ya cambiarse por la de que “aprendamos de lo que ha pasado”. Desde los novatores hasta la actualidad han sido demasiados los que han tenido que sufrir a incompetentes, envidiosos, pusilánimes, mediocres o ignorantes.

Aquí sintetizamos la historia de Gabriel Ciscar y Ciscar, un oficial de la Armada, valenciano, genio, intelectual y político. Una figura de la talla de Jorge Juan, pero que nació en una época distinta y tuvo peor suerte, y sobre todo menor grado de reconocimiento y gratitud de sus contemporáneos, y también de los nuestros. Sobrino de un intelectual de…

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Nuevo bloguero

Hoy es un día magnífico e increíble. Cómo habréis podido comprobar, hay cambios en la sección de blogueros. Tenemos el privilegio y el placer de contar con Francisco Javier Villanueva, un reputado especialista dentro del campo de las Ciencias Sociales durante más de 20 años, investigando y trabajando actualmente en la conceptualización de las categorías epistemológicas de las Ciencias Sociales y su repercusión en los movimientos sociales actuales, que ha mostrado un excepcional interés por nuestro blog y la labor que realizamos en él. Los más avispados os habréis dado cuenta de sus constantes apariciones en comentarios a lo largo de los diferentes posts publicados en este espacio. Ya lo iréis conociendo un poco más, pero de una cosa podéis estar seguros, no decepcionará a absolutamente a nadie.

Bienvenido Javier, un caluroso abrazo de todo el equipo.


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Infografías

En esta nueva sección, iremos colgando todas las infografías que realizamos sobre diferentes temas. Nuestros acostumbrados seguidores se darán cuenta de que dichas infografías aparecen asociadas a las diferentes entradas correspondientes. Esta categoría estará única y exclusivamente reservada, a modo de resumen, para recopilar todas las infografías empleadas.

P.D: Puede que la calidad de las mismas sea bastante mejorable pero ¡estamos familiarizándonos con la aplicación! Estamos abiertos a comentarios constructivos para mejorarlas ¡Un saludo!


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La teoría demográfica Malthusiana

Comenzamos hoy con una nueva entrada, inaugurando una sección que consideramos de vital importancia para aquéllas personas aficionadas a la Historia y a la Filosofía, que al no disponer de conocimientos más profundos sobre ciertos temas de especial relevancia pueden perderse en la maraña conceptual presentes en dichos apartados del conocimiento. La idea principal es acercar al lector y sintetizar con objetivo didáctico conceptos considerados básicos para el estudio de ambas materias. ¡Esperemos que os guste!

TeorademogrficadeMalthus

El primero de estos conceptos es la teoría demográfica malthusiana. Es una teoría demográfica, sociopolítica y económica, desarrollada por el británico Thomas Malthus (1766 – 1834) en su libro Ensayo sobre el Principio de la población con el objetivo de explicar el comportamiento demográfico de las sociedades a lo largo de la historia y aplicarlo a sus circunstancias y tiempo histórico concreto: la Revolución Industrial en Gran Bretaña. Según la citada teoría, las crisis demográficas causadas por las hambrunas frecuentes a lo largo de la Historia, tendrían su origen en los diferentes ritmos de crecimiento de ambas variables: recursos (alimenticios principalmente) y población. En este contexto, los alimentos crecerían siguiendo una progresión aritmética, es decir, las diferencias entre sus números crece a un ritmo constante a través de la suma de los mismos; mientras que la población crecería en progresión geométrica, es decir, siendo sus números multiplicados por una razón constante (p. ej. valor 2). Por tanto, se demuestra el desequilibrio existente entre ambas variables. Según Malthus, si este proceso no era frenado por agentes catastróficos endógenos o exógenos (p.ej. guerras, pestes o emigraciones), tendría lugar la pauperización de la forma de vida del ser humano, hasta llegar, incluso, a su extinción, lo que se definió posteriormente como catástrofe malthusiana.

Aunque esta teoría tuvo una especial relevancia (hasta 1914 con el neomalthusianismo) para el desarrollo de ciencias jóvenes como la Demografía, actualmente se encuentra obsoleta.


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HEGEL: LA FENOMENOLOGÍA DEL ESPÍRITU

Introducción

El pensamiento filosófico de Hegel podemos dividirlo o bien en períodos de producción filosófica, de los cuales podemos distinguir cinco, o bien podemos dividirlo según sus estancias sucesivas en Tubinga, donde estudió Teología y Filosofía, en Berna, donde fue profesor privado, en Frankfurt donde realizó la misma tarea de profesor y renovó sus anteriores contactos con Hölderlin, y en Jena, la más importante de todas. Ésta última la podemos dividir a su vez en otras dos etapas. Una primera en la que Hegel se encuentra muy cercano a la filosofía de Schelling; es un momento en el que Hegel todavía no tiene una forma de pensamiento propia, es un Hegel que duda, que investiga y rumia, todavía no ha desarrollado su sistema filosófico. Y una segunda, marcada por la publicación de la Fenomenología, en la que se aleja de Schelling, incluso llegando a romper su amistad, y se dedica al desarrollo, ahora sí, de su propio pensamiento. El primer resultado de este nuevo desarrollo lo tenemos expuesto en forma de sistema, como digo, en la Fenomenología del Espíritu. Ahora Hegel ha encontrado un hilo conductor y se lanzará a construir su enorme sistema idealista.

Durante el período de Tubinga (1788-1793) apenas si publicó nada y lo que escribió fue también bastante escaso. Como hemos dicho, Hegel todavía no tiene un pensamiento claro y estructurado. Sin embargo ya por este momento se ve la pretensión del desarrollo de una nueva religión que será una de las tareas más importantes, si no la que más, de los primeros años de nuestro autor (como pudimos ver en la entrada anterior dedicada al Primer programa del idealismo alemán). Lo más destacado de este período sería por tanto el rechazo de la religión oficial. “Hegel y sus amigos consideran esta religión anticuada e irracional, absolutamente incapaz de satisfacer las necesidades doctrinales de una época de libertad que se anuncia próxima y prometedora a partir de los acontecimientos revolucionarios en Francia”[1].

De este período se conservan fragmentos que se conocen bajo el título de Escritos teológicos. En los que además de poder ver que en este momento se interesaba más en autores como Rousseau y temas como la libertad más que por Kant[2], se puede apreciar la pretensión de tres objetivos que serían impulso de esta nueva religión, a saber: una racionalidad en la religión, una preeminencia por la utilidad práctica y una necesidad de una religión que, armada con un sentimiento común, a la vez que racional sea popular. Aquí lo que hace Hegel no es otra cosa que un intento de “racionalizar la religión”. Se ven por tanto claramente la influencia de la Revolución Francesa y la Ilustración. También se ha de notar una influencia del mundo griego, de la polis griega, en ese intento de la unificación de todos los hombres mediante un sentimiento religioso-estético, común[3].

En un segundo período (1793-1796) se traslada a la ciudad de Berna donde trabajará como profesor privado, aunque no dejará de lado sus proyectos religiosos ampliándolos incluso al campo político. En éste período sí se va a centrar más en Kant, contra el cual defenderá la ética clásica, criticando la ética formalista kantiana. Por esta época escribe importantes textos como son su Vida de Jesús, en el que sigue con su proyecto mítico-racional y recrimina a Jesús la predicación de principios religiosos no reductibles a moralidad, es decir, no racionalizables; y La positividad de la religión cristiana, una obra prácticamente de teología dogmática donde trata el tema de los contenidos de la revelación cristiana. Otros escritos que podemos señalar son El espíritu del cristianismo y su destino y El primer programa del Idealismo alemán, ya comentado. Una influencia a destacar en este momento es la publicación en 1795 de Cartas sobre la educación estética del hombre de Schiller. Esta lectura impresionó mucho a Hegel y le acercó aún más a su convicción de lo bello como final de la moralidad. Fue un importante impulso para su intento de la superación de la tercera antinomia kantiana.

Cuando todavía está en Berna Hegel escribe en 1796 el poema Eleusis y se lo envía a su amigo Hölderlin. Éste le consigue trabajo en Frankfurt y ese mismo año se traslada allí. Es el tercer período de Hegel (1796-1801). En éste período Hegel deja de centrarse únicamente en el, digámoslo así, aspecto teórico de la investigación y comienza a prestar mayor consideración por las cuestiones políticas. Hegel exhorta ahora a la comprensión de los hechos contemporáneos (Revolución Francesa, la situación alemana), pues serán estos los que nos enseñen hacia dónde progresará el mundo.

Finalmente, en enero de 1801 Hegel se traslada a Jena. Fichte se había marchado, y Schelling era entonces el único referente intelectual en el ámbito de la filosofía. A su llegada, como hemos señalado antes, se verá muy influenciado por éste aunque es cinco años menor que él, e incluso trabajarán juntos. Cabe destacar además su publicación en 1801 del largo artículo Diferencia entre los sistemas de Fichte y Schelling, en el que ensalza a éste último y que tendrá influencia en la Fenomenología. Pero a partir de 1803 Hegel, habiendo marchado Schelling a Würzburg, se libra de su influencia, y emprende en solitario su labor filosófica. Otros artículos que también influirán en la formación de la Fenomenología son Crítica filosófica, en la que defiende la tesis de que únicamente hay una filosofía. Hay muchos tipos de filosofía, pero todas hablan de lo mismo aunque desde diferentes aspectos, dice Hegel. Lo que está defendiendo aquí es la necesidad de una filosofía que hable del absoluto, y establece como paso previo el conocimiento de las otras distintas filosofías que se han ido desarrollando a lo largo de la historia, ya que éstas hacen referencia también al absoluto. Todas hablan de lo mismo, aunque de diferentes aspectos. Otro de los artículos que influyen es Sentido común. En éste artículo rechaza que éste, el sentido común, tenga algo que ver con la filosofía. Para Hegel, siguiendo en esto a Kant, hay una diferencia entre entendimiento y razón. El entendimiento, dice Hegel, se centra en el estudio de las cosas particulares, mientras que la razón trata de lo global, de lo universal. Por tanto, puesto que la filosofía ha de tratar de lo absoluto, no puede ser obra del entendimiento, sino que ha de ser la razón quien realice esa tarea. Por su parte, el sentido común no es capaz ni de llegar a entendimiento “porque expresa simplemente los prejuicios de un grupo humano muy definidos en el espacio y en el tiempo”[4]. El artículo que escriba sobre el escepticismo será también muy importante pues con el escepticismo introducirá la negatividad en lo absoluto como impulso de su propia dialéctica. Para Hegel el escepticismo es la corriente filosófica que mejor capta el absoluto pues capta su negatividad, pero sin embargo ésta es también su limitación ya que sólo capta el lado negativo del absoluto, aunque lo englobe sin saberlo.

En el artículo Fe y saber aborda un tema que ya viene de lejos y que será típico en la filosofía madura de Hegel: la relación entre religión y filosofía. Hegel sostiene aquí que tanto el creer como el saber se ocupan de lo mismo, y éste lo mismo no es otra cosa que el absoluto, que es también lo infinito. Resulta curioso el planteamiento que expone aquí Hegel. Afirma que la religión no trata sólo de Dios, igual que la filosofía no trata únicamente del absoluto[5]. Sino que ambas también abarcan las relaciones entre lo finito y lo infinito, pero la diferencia es que la filosofía se vale da la razón, mientras que la religión no va más allá del entendimiento. Por último debemos destacar el artículo Derecho natural. Éste artículo supone una toma de posición respecto a Kant. Denuncia la moral kantiana como algo vacío y le opone las costumbres como aquello que crea un modo de vida objetivo. También trata aquí el autor prusiano del absoluto y la libertad en los ámbitos de lo político y lo religioso. Pretende mostrar que lo absoluto y la razón dialéctica que lo comprende abarcan todos los ámbitos de la experiencia humana, oponiéndose con ello al concepto de razón ilustrado, el cual dejaba fuera de esta experiencia a la religión. Como hemos dicho antes, todos estos artículos influirán en la formación de la Fenomenología del Espíritu, y será a partir de 1806, bajo fuego francés, cuando sistematice y reelabore todas estas propuestas que verán la luz en 1807 con la publicación de la Fenomenología del Espíritu.

Naturphilosophie

Como hemos visto, la elaboración de la Fenomenología va ligada al desarrollo del pensamiento de Hegel desde su salida, junto con Schelling y Hölderlin, de la universidad de Tubinga. Tras la salida de los amigos de Tubinga, todos tenían en la cabeza la idea de la necesidad del desarrollo de una nueva ontología[6]. Era necesario para ellos realizar un modo de pensamiento que estuviese ligado a su experiencia, algo que hasta el momento no se había conseguido. Por ello se pondrán manos a la obra y desarrollarán lo que ha venido a llamarse Naturphilosophie o Realphilosophie. Un desarrollo que tendrá importantísimas consecuencias en la construcción de la Fenomenología. Se produce así una reflexión sobre tres ideas fundamentales, a saber: la idea de naturaleza; la idea de la negatividad del ser, de la posibilidad; y la idea de la verdad respecto a la experiencia.

Si en el siglo XVIII se comenzó pensando la naturaleza como algo mecánico, se terminó pensándola como algo orgánico, como algo dinámico y cambiante. Se había producido un cambio en la concepción de la naturaleza, lo que conllevó también un cambio semántico a la hora de su conocimiento. Por su parte, Hegel, en su Naturphilosophie, mostrará la naturaleza como algo negativo. No se queda en lo orgánico, sino que lo lleva más allá y lo establece como negatividad. Se ha cambiado el principio ontológico. La naturaleza, dirá Hegel, es y no es a la vez. Es algo que se está realizando, luego es, pero no se ha realizado aún, luego no es todavía. Es un ser como potencia. La naturaleza está siempre en potencia, no hay acto[7]. Este es un concepto que Hegel recoge de Spinoza.

Una vez que se ha introducido la idea de naturaleza como negatividad se hace necesario poner en claro que esa negatividad se despliega en una temporalidad. Así, la negatividad se traducirá en posibilidad. Se introduce una tensión en el ser, la potencialidad. Este paso de lo negativo a la posibilidad implica el concepto de devenir (Werden). Hay que juzgarlo todo en su devenir. El ser no es algo que se dé, sino algo que puede darse; y puede darse en un tiempo ya que es algo temporal, y como temporal, posible.

Todo esto supone dos cosas. La primera es la concepción del ser como progreso, como devenir dialéctico; la segunda es la concepción de la verdad como resultado. La verdad será así el final del progreso. Si el ser es algo que se va desarrollando, que va realizando sus posibilidades, a lo largo del tiempo diremos que es algo que progresa. Entonces, ¿qué es la verdad? La verdad es el resultado de ese progreso, el fin de un curso dialéctico. La verdad será en definitiva la experiencia de toda la evolución del ser. Pero, y esto es importante, en la medida que se produce esa experiencia, se produce también la conciencia. La conciencia será entonces el relato, por decirlo así, de la experiencia que hacemos del mundo, que es una experiencia de lo negativo. La fenomenología será, pues, la ciencia, el saber, de la experiencia de la conciencia sobre el mundo.

 “En efecto, la cosa no se reduce a su fin, sino que se halla en su desarrollo, ni el resultado es todo lo real, sino que lo es en unión con su devenir; el fin para sí es lo universal carente de vida, del mismo modo que la tendencia es el simple impulso de privado todavía de su realidad, el resultado escueto simplemente el cadáver que la tendencia deja tras de sí”[8].

Sólo podremos alcanzar la verdad, dice Hegel, cuando el ser se haya resuelto, cuando el ser haya desarrollado su negatividad, su posibilidad, dando lugar al ser tras la superación dialéctica de su negatividad. El ser será su resultado y su proceso. Este es el camino del ser, y este es el camino de la conciencia. En la conciencia se expresa, por tanto, punto por punto el ser del mundo, de la naturaleza.

Fenomenología del Espíritu

Para Hegel la filosofía es el lugar de la verdad. Pero a ésta hay que dejar de pensarla como el mundo de representación, dice Hegel. Hay que superar el momento de la representación. Se está refiriendo a Descartes y el Racionalismo. El mundo de Descartes es el mundo de las representaciones verdaderas. Aunque Descartes pasa de la verdad a la certeza. Pero Hegel propone deshacerse de las “representaciones verdaderas”, pues no son en verdad conocimiento seguro. Para Hegel toda la operación del conocimiento está constituida en la formación de la conciencia (experiencia del mundo/certeza). Se necesita un saber intelectivo del ser del mundo, no de la apariencia del mundo, sino del ser del mundo, en su determinación del mundo, del ser y no ser. De lo que se trata es de percibir la negatividad del ser en su materialidad, no abstractamente. Lo que aparece a la conciencia no sólo es la apariencia del mundo, sino también la negatividad del mismo. Se le muestra su en sí y su para sí, su ser y su todavía no ser.

Siendo esto así, no es de extrañar que Hegel concibiese la Fenomenología del Espíritu como una introducción a su sistema filosófico, ya que están contenida en ella todas las directrices de su filosofía. Podría decirse incluso que la Fenomenología tiene una función didáctica. Hegel pretendía con esta obra mostrar, introducir, cómo ocurre el desarrollo de esa ciencia, de ese proceso epistémico a la vez que histórico-ontológico de la conciencia. Dicho de otro modo, Hegel pretendía conducir al entendimiento humano del dominio de la experiencia más superficial al verdadero conocimiento filosófico, a la verdad absoluta. Una verdad que no es otra cosa que el conocimiento y el proceso del mundo como espíritu. El mundo en la realidad no es tal como parece, nos dice Hegel, sino tal y como es comprendido por la filosofía.

“[…] la filosofía, esencialmente, en el elemento de lo universal, que lleva dentro de sí lo particular, suscita más que otra ciencia cualquiera la apariencia de que en el fin o en los resultados últimos se expresa la cosa misma, e incluso se expresa en su esencia perfecta, frente a lo cual el desarrollo parece presentar, propiamente, lo esencial”[9].

La filosofía sería entonces la ciencia que tiene como objetivo la conducción de la conciencia hasta el punto de vista absoluto. Trata de mostrar el desarrollo inmanente de la experiencia humana. Y ésta “no es la experiencia del sentido común, sino la experiencia […] abrumada por el sentimiento de no poseer toda la verdad. Es una experiencia ya encaminada hacia el verdadero conocimiento”[10]. El hombre, o su conciencia, no se encuentran desde siempre en una posesión del conocimiento absoluto, sino todo lo contrario, están en constante progreso y pasan por una serie de “etapas” a las que Hegel llama “figuras de la conciencia”[11]. Unas etapas que tienen una procesión ascendente respecto al conocimiento de lo absoluto y que la conciencia debe recorrer desde el conocimiento más bajo, el conocimiento de la experiencia sensible, al conocimiento más alto, el absoluto (aquí vemos perfectamente el platonismo de Hegel). Así, el factor que determina el curso de esta experiencia es la relación cambiante entre la conciencia y su objeto. Y este proceso es lo que muestra la Fenomenología. Pero como hemos dicho este camino de la conciencia no es indefinido, sino que tiene unas etapas, una serie determinada de figuras[12], y una estación final que la conciencia debe alcanzar. Al inicio de la experiencia el objeto se muestra como algo estable, como independiente de la conciencia; el sujeto y el objeto parecen ser ajenos el uno del otro. Sin embargo, el proceso del conocimiento revelará que esto no puede ser así. Se hará evidente que el objeto toma su objetividad del sujeto (Kant). El objeto tiene objetividad precisamente porque está construido por la actividad intelectual del sujeto, es decir, de algún modo forma parte o pertenece al sujeto (aquí se revela perfectamente el idealismo de Hegel). Así, el sujeto descubre cómo el mundo se hace real a medida que aumenta el poder de comprensión de la conciencia, es decir, a medida que se desarrolla su autoconciencia. Así, la conciencia pasará del pensamiento del objeto al pensamiento del concepto.

De modo que la conciencia experimenta su camino como una continua pérdida. Como un ir abandonando figuras de las que se libera. Aunque no simplemente se olvida de ellas, todo lo contrario, se deshace de sus límites, pero no olvida lo positivo que éstas tenían. Así, la conciencia se nos muestra como aquello que nos permite saber que hay algo que se nos da, algo por lo que nos vemos afectados de algún modo, y, a su vez, como lo que se reconoce a sí misma una vez que ha reconocido todas las experiencias de aquello que ha percibido y que ha hecho unidad. Esto es lo que Hegel llama la “primera meditación”, ya que, de momento, la conciencia no se percata de ella misma en esta multiplicidad de experiencias. Por eso, una vez hecho esto, debe volverse hacia sí para darse cuenta de ella misma también como objeto y ser consciente de sí misma. Esto da lugar a la conciencia de sí y da lugar a la conciencia del deseo, esto es, de aquello que la mueve[13].

Por otra parte, Hegel aclara que un sistema filosófico sólo es verdadero si incluye el estado negativo y positivo, y si reproduce, explica, el proceso de convertirse en falso y regresar luego a la verdad. Por ser así, el método dialéctico es el verdadero método de la filosofía, esto es, de la ciencia. La unificación, o la explicación de la unificación, de estos procesos serán el objeto y el fin de la ciencia de la que Hegel habla:

“Así pues, la ciencia tiene que encargarse de unificar ese elemento con ella misma o tiene más bien que hacer ver que le pertenece y de qué modo le pertenece. Carente de tal realidad, la ciencia es solamente el contenido, como el en sí, el fin que no es todavía, de momento, más que algo interno; no es en cuanto espíritu, sino solamente en cuanto sustancia espiritual. Este en sí tiene que exteriorizarse y convertirse en para sí mismo, lo que quiere decir, pura y simplemente, que él mismo tiene que poner la autoconciencia como una con él”[14].

El universal, el concepto, ha pasado a ser el verdadero conocimiento. El universal, y no el objeto, es el verdadero contenido de la experiencia. Y el lugar del universal es el sujeto, no el objeto. El objeto es porque yo lo conozco.

Antes hemos dicho que lo que movía a la conciencia a todos estos procesos es el deseo. Pero queda claro que a lo que el deseo empuja a la conciencia no es a la apropiación o a la proyección del objeto. Siendo esto así, el objeto del deseo del hombre no puede ser más que otro hombre, otro sujeto, otra conciencia. Y es que, igual que pasaba con los objetos, el sujeto sólo puede tener conciencia de sí en tanto en cuanto es objeto de otra conciencia. O dicho de otro modo, el sujeto sólo tendrá conciencia de sí en tanto en cuanto otro sujeto le reconozca. Esto supone un salto de la idea de conciencia de sí a la idea de la conciencia de un nosotros —algo que lo aleja de Fichte. El individuo sólo puede convertirse en lo que es a través de otro individuo, esto es, diaméricamente a través de otros sujetos; su misma existencia consiste en un “ser-para-otro”. Ya se ve aquí cuál será también otro de los objetivos de la Fenomenología. El camino epistémico descrito en la obra desemboca en la construcción de una subjetividad plural, intersubjetiva, que se presenta como “sujeto absoluto” o como un sujeto epistémico capaz de superar la pluralidad de opiniones. Y este sujeto absoluto, que Hegel llama Espíritu, es a la vez sujeto político y religioso. Para Hegel sólo de este modo, mediante el Espíritu, en la comunidad de yoes epistémicos, es posible construir una comunidad intelectual y libre. El sujeto autoconsciente alcanza su libertad, no bajo la forma del yo, sino bajo la forma del nosotros. Así, Hegel consigue hacer coincidir tres grandes temas que no son nuevos para él: filosofía, política y religión. El objetivo perseguido se ve entonces claro: la formación de la conciencia contemporánea como punto de partida del saber riguroso. La Fenomenología nos permite pensar el mundo en su actualidad, nos da un dispositivo, un esquema, con el que pensar dentro del mundo. Lo primordial para Hegel, por paradójico que parezca a muchos, es construir un sistema —entendido como red de relaciones—, una ciencia, como forma unificada de saber que se adapte a las necesidades, esto es, a la experiencia y a la libertad, de su tiempo.


[1] J.M. Bermudo, Los filósofos y sus filosofías, Vol. 2, Vicens Vives, Barcelona, 1983, pág. 440.

[2] Aunque éste no pierde ni mucho menos su importancia, sobre todo en el terreno moral.

[3] Para ver cómo Hegel trata estos temas ver https://elbauldepandorablog.wordpress.com/2014/08/19/primer-programa-de-un-sistema-del-idealismo-aleman/

[4] J.M. Bermudo, Los filósofos y sus filosofías, Vol. 2, Vicens Vives, Barcelona, 1983, pág. 444.

[5] Lo cual puede resultar contradictorio con lo anteriormente defendido.

[6] Un ejemplo de lo cual lo tenemos ya en el Primer programa del Idealismo alemán.

[7] Algo que se opone a la teoría aristotélica, aunque tiene su origen en ella.

[8] G.W.F. Hegel, Fenomenología del Espíritu, Fondo de cultura económica, México, pág. 8.

[9] G.W.F. Hegel, Fenomenología del Espíritu, Fondo de cultura económica, México, pág. 7.

[10] Herbert Marcuse, Razón y revolución, Hegel y el surgimiento de la teoría social, Alianza Editorial, pág. 97.

[11] Las cuales, si no se consiguen realizar, dan lugar a una conciencia desdichada.

[12] Que no son sólo formas de “ver” la realidad, sino también formas de hacer. Sobre todo teniendo en cuenta el carácter negativo de la experiencia de la conciencia, la cual tiene que realizar el camino.

[13] Esto es algo que nos puede recordar al conatus de Spinoza.

[14] G.W.F. Hegel, Fenomenología del Espíritu, Fondo de cultura económica, México, pág. 20.


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El show de Platón

En este post vamos a comentar una de las películas, en mi modesta opinión, más interesantes y relevantes, no sólo por la elaboración de la trama en un guión perfecto, sino por sus implicaciones morales, psicológicas, sociales y antropológicas, entroncando directamente con la alegoría de la caverna de Platón y su teoría del mundo de las ideas (este punto ya también tratado en el post sobre la película Matrix).

La historia del film describe el mundo actual, probablemente los años 2000, y se centra en la existencia de un reality show (en el literal sentido del término) que gira en torno a la vida de un hombre en un pacífico pueblo llamado Seaheaven, el típico pueblo con vecinos amables, una comunidad pacífica y solidaria con sus conciudadanos, calles con viviendas unifamiliares y trazados modélicos e incluso un puerto desde donde se observan unas puestas de sol perfectas. Una utopía tomasiana en toda regla. Está felizmente casado, trabaja en una compañía de seguros, paga sus impuestos, corta el césped y siempre es amable con todo el que cruza en su camino. Vamos, un ciudadano modelo. Hasta aquí todo bien. Pero, ¿y si ese hombre no conociera en absoluto la falsedad del mundo que le rodea? ¿Y si absolutamente toda su vida hubiera sido planificada de antemano y todas sus experiencias vitales también? Ése es exactamente el escenario descrito por la película. Todo el pueblo es un gigantesco plató de televisión creado ex profeso para este reality, las rutinas de los actores, la publicidad encubierta, los escenarios e incluso la climatología es artificial y controlada desde la cabina de control de la televisión propietaria del programa. Hasta tal punto llega el control que todo el escenario de la película se desarrolla en una inmensa cúpula aislada del mundo exterior. Al mando de dicho programa se encuentra Christof, el creador megalómano del programa, considerándose así mismo como el padre de Truman e incluso Dios en ese pequeño universo creado para él. En definitiva, Christof define a este reality show como la experiencia definitiva en televisión, una vida real, vivida de forma genuina y espontánea, una vida no actuada, sino experimentada.

La pregunta consecuente sería la siguiente: ¿nunca se ha dado cuenta Truman de los siempre existentes errores consustanciales a tan enorme labor cinematográfica? La respuesta es un sí titubeante. Digamos que sea ha percatado de que existe algo que no encaja, pero no es capaz de armar el puzzle completo, sólo ver las piezas aisladas, siendo el episodio de la actriz Silvia (de la que Truman se enamora) la más relevante de ellas. Además, la dirección del programa se ha encargado de alterar aquellos recuerdos concernientes a episodios de su vida con el objetivo de provocarle un miedo espeluznante a los cambios, a viajar y al mar, siendo el ejemplo más significativo la “muerte” de su padre al ir con él en velero y precipitarse al mar, consiguiendo a través de una condicionamiento clásico provocarle una fobia incontrolable hacia el líquido elemento.

Las similitudes entre esta película y el mito de la caverna de Platón son más que evidentes, así como la simbología alrededor de toda la historia y del protagonista. Dos de estos ejemplos son el propio nombre del protagonista Truman, que se deriva de los vocablos ingleses True Man (hombre verdadero) y el nombre del creador del programa, Christof, abreviatura de Christopher o “el que lleva al mesías” o “el portador de Cristo”. Todo esto no hace sino reforzar esa ligazón intelectual entre ambos aspectos. Truman Burbank sería el hombre de la caverna, viviendo en un mundo falso creado sobre el mundo real donde la “realidad” que cree contemplar son sólo sombras del único mundo real, el mundo de las ideas de Platón, asemejado en el film al mundo exterior. De ahí el nombre de True Man, como la representación del hombre intelectual, el hombre verdadero, el filósofo en definitiva, que no se contenta con el mundo puesto ante sus ojos y utiliza la razón y su intelecto para alcanzar la verdad subyacente a sus sentidos. Sólo a través de esas herramientas podrá ser libre finalmente de las cadenas de la ignorancia. Esa libertad es expresada en el film en la elección realizada por el protagonista cuando, una vez se le ha revelado toda la escena teatral, decide adentrarse en lo desconocido aún a pesar de tener miedo y escapar de la cúpula albergante del gigantesco plató del programa de televisión. Sapere aude. Ni más ni menos. La lucha del hombre intelectual por encontrar la verdad, aunque ello provoque frustación, miedo y en algunos casos la muerte. Esta idea también fue expresada por Nietzsche al referirse al concepto “muerte de Dios”, describiéndolo como la eliminación de religión como fuente de código moral o teleológico. En la película, aún a pesar de la forzada aplicación del término, podemos apreciarlo también al destruirse todas las construcciones psicológicas que han configurado la experiencia, los recuerdos y en definitiva la vida de Truman y han modelado su carácter y espíritu. Esas bases son falsas y están podridas. Sólo a través de la razón puede dar sentido a su existencia.

Otro aspecto realmente interesante acerca del crecimiento como “animal político”, tal como describiría Aristóteles, del protagonista. La experiencia social es uno de los aspectos básicos en la creación de identidades y en la interacción con otros seres humanos, dando sentido y cohesión a cada uno de nosotros. Es decir, al convertirse esa experiencia social en una farsa, cabría preguntarse hasta qué punto su identidad adquirida es verdaderamente genuina y no una planificación preparada, al no ser sincera y espontánea la interacción y el contacto social. Y lo más importante de todo, ¿qué impacto (a todos los niveles) tendría para un individuo teórico de esta clase el descubrimiento de dicha verdad?

Existen otros muchos puntos de interés en esta interesantísima película (cuyo objeto de estudio daría para investigaciones sociológicas, antropológicas, psicológicas, psiquiátricas y filosóficas entre otras), pero prefiero no sobrecargar de información este post para dar a conocer la película y efectuar un pequeño análisis filosófico de la misma. Un saludo y hasta la próxima.