El baúl de Pandora

Reservado para los que deseen abrir su mente


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Audios de Historia de la Filosofía Proyecto Telémaco

Buenas tardes amigos blogueros, os dejamos en el enlace de abajo una página de audios en los que, si estáis interesados, podéis ir escuchando lecciones de algunos de los momentos y/o autores clave de la historia de la filosofía. Para todo aquél que no cuente con demasiado tiempo para realizar la ingente pero necesaria lectura de los clásicos de la filosofía, estos pueden ser una buena forma de suplir esas largas y placenteras horas de lectura, con unas no menos placenteras horas de escucha.

Enlace: http://proyectotelemaco.com/audios/

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Gabriel Ciscar, otro genio incomprendido

Sirva como ejemplo de otros científicos ilustres españoles tan desconocidos para los propios españoles.

Blog Cátedra de Historia y Patrimonio Naval

Sería deseable que el gran número de genios españoles que hemos tenido a lo largo de la Historia no hubieran sufrido la misma incomprensión (por decirlo de una manera suave) que, por ejemplo, Isaac Peral. Sin embargo, en la mayoría de los casos así ha sido. La falsa historia de que “inventen ellos” debería ya cambiarse por la de que “aprendamos de lo que ha pasado”. Desde los novatores hasta la actualidad han sido demasiados los que han tenido que sufrir a incompetentes, envidiosos, pusilánimes, mediocres o ignorantes.

Aquí sintetizamos la historia de Gabriel Ciscar y Ciscar, un oficial de la Armada, valenciano, genio, intelectual y político. Una figura de la talla de Jorge Juan, pero que nació en una época distinta y tuvo peor suerte, y sobre todo menor grado de reconocimiento y gratitud de sus contemporáneos, y también de los nuestros. Sobrino de un intelectual de…

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Nuevo bloguero

Hoy es un día magnífico e increíble. Cómo habréis podido comprobar, hay cambios en la sección de blogueros. Tenemos el privilegio y el placer de contar con Francisco Javier Villanueva, un reputado especialista dentro del campo de las Ciencias Sociales durante más de 20 años, investigando y trabajando actualmente en la conceptualización de las categorías epistemológicas de las Ciencias Sociales y su repercusión en los movimientos sociales actuales, que ha mostrado un excepcional interés por nuestro blog y la labor que realizamos en él. Los más avispados os habréis dado cuenta de sus constantes apariciones en comentarios a lo largo de los diferentes posts publicados en este espacio. Ya lo iréis conociendo un poco más, pero de una cosa podéis estar seguros, no decepcionará a absolutamente a nadie.

Bienvenido Javier, un caluroso abrazo de todo el equipo.


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A los españoles no nos gusta la realidad.

A los españoles no nos gusta la realidad, y es comprensible, dado que la realidad, si ha sido alguna vez un camino de rosas para alguien, no lo ha sido precisamente para ninguno de los pueblos que componen o han compuesto la Península Ibérica. La épica nacional, la fantasía escapista y las ensoñaciones de grandeza son una constante en cada país, y seria absurdo negar la contribución que hacen a la cordura tanto a título individual como general, pero no tanto la ensoñación como la negación de la realidad lo que, aplicado a las grandes decisiones, resulta un problema, en tanto que la lógica aplicada sobre premisas básicas no tiene por qué necesariamente ajustarse a la realidad.

Pasaremos de largo el debate sobre las capacidades del ser humano de conocer la realidad, puesto que desde un punto de vista epistemológico nuestro conocimiento de la realidad se basa en las interpretaciones que hacemos de las abstracciones de nuestros sentidos, con todas sus limitaciones físicas y cognitivas, pero es donde radica la diferencia entre el escepticismo y el negacionismo, siendo el primero una puesta en cuestión de nuestras interpretaciones de la realidad que abre la puerta al empirismo y hasta al racionalismo, siendo la segunda opción una postura mas nihilista, en terminos nietzscheanos. Para lo que viene a continuación utilizaremos una premisa kantiana: El conocimiento de la realidad en términos históricos es un juicio sintético a posteriori, es decir, ha pasado algo, nosotros sabemos que ha pasado algo y nuestra percepción de la realidad nos permite elaborar una concepción de lo que ha pasado, aunque no podamos establecer claramente el cómo y el por qué en principio. En este sentido, la incapacidad de elaborar juicios sintéticos a priori es lo que añade la subjetividad a la Historia como materia y la excluye de ser una ciencia (Y hasta de poder validar hipótesis deterministas).

Tomando esto en consideración, los españoles como pueblo muestran una tendencia estable a la alusión de la realidad como afrontamiento del papel vivido en la historia europea, y siguiendo la linea de esta tesis, nos remontamos al reinado de Carlos I, al que la historiografía española usualmente coloca como uno de los mas grandes monarcas que ha tenido el país, si no el mas grande con la excepción de Felipe II.

La realidad es que el ascenso de Carlos I al trono no repercutió en si mismo en el bien o incluso la formación del Imperio Español (Si tomamos los reinados de los Reyes Católicos y de Fernando II como constitutivos de un proto-imperio, o de una potencia de mediana importancia, sin duda de menor importancia que Portugal, acentuada tal vez por el descubrimiento accidental de America, cuyos efectos son nada desdeñables pero a medio y largo plazo) sino mas bien al contrario, lo que planteo a continuación es que la creación del imperio español fue una consecuencia de fuerzas geopolíticas externas mas que de un acto volitivo de España como nación, aderezado con algo de providencia. Carlos I de Habsburgo acepta la corona de la Monarquía Hispánica con poco o ningún interes por ella y por su funcionamiento, casi como un regalo caído del cielo, lo que no pasa desapercibido a los nobles españoles de la época, que enseguida hicieron notar su presencia en la rebelión de los comuneros, gentilmente resuelta con unas cuantas decapitaciones.

La reivindicación de Carlos I por parte del nacionalismo español no podría ser mas injusta porque, pese a que su trono sobre España era mas sólido de lo que lo era sobre el Sacro Imperio Romano Germánico, de una inestabilidad proverbial, el Habsburgo no residió en el país mas que por evitar mas levantamientos como el de los comuneros, pero sus miras nunca estuvieron puestas aquí. No se dedicó a acabar de implementar el paso del sistema feudal al estado moderno que habían comenzado los Reyes Católicos, consolidando la unificación, sino que mas bien llevó a cabo una política de apaciguamiento con los señores locales para que no molestaran mucho a la gestión de la política europea en general, realizó la justa política interior en lo que respecta a la península y enfocó la conquista de América en torno a la obtención de recursos para sufragar sus ambiciones europeas. Las guerras con Francia y con los protestantes significaron un expolio de España y América, por extensión, con el único fin de sufragar los esfuerzos de Carlos I por mantener el control del Sacro Imperio y frenar a sus enemigos a ese respecto, cuestiones que son solo tangenciales, si en algun sentido, para los intereses de España. Podría decirse que, mientras que Francia avanzaba lenta, pero inexorablemente en la aplicación de las ideas del Renacentismo Italiano, y en su eventual configuración como un estado cuya solidez ha sido su mayor fortaleza incluso a pesar de la Revolución Francesa, en España Carlos I por su puro desinterés ofreció al país casi un siglo de inmovilismo, de estupor social, económico y cultural, de fanatismo religioso de su propia cosecha (aparentemente eso iba en la sangre) y de un goteo de ideas renacentistas que solo tocaron el país de forma tibia (Iniciando una larga tradición que podemos definir como Tarde-mal-o-nunquismo).

Denostar de la misma forma a Felipe II sería temerario, dado que sus reformas evidentemente repercutieron en una administración eficiente tanto peninsular como en ultramar y su gestión en el ámbito militar resulta impecable salvo ciertos incidentes, pero, estructuralmente, nunca abordó ninguno de los problemas que su padre tan alegremente había ignorado, siguió sin consolidar el estado moderno, mantuvo la política foral medieval, siguió dedicando sus esfuerzos a la consecución de la victoria en guerras que no significaban gran cosa para España salvo apoyo a colegas Habsburgo o un cierto estatus como defensor de la cristiandad, e inició una política económica (o falta de ella) que consiguió salvar con acuerdos de ultima hora con la banca italiana pero que eventualmente llevaría a sus descendientes al colapso y a la práctica desmembración del país en 1640. La historia probablemente culpará siempre a Felipe IV del fin de la Edad de Oro, pero lo cierto es que la Edad de Oro ya tenía sus pies de barros cultivados con mimo por los “Austrias mayores”, Carlos y Felipe.

Y, sin embargo, nosotros llevamos siglos glorificando a los Austria y denostando a los Borbones, culpándolos de nuestro cruel destino como potencia de segunda (en el mejor de los casos) y viviendo en ensoñaciones de la Edad de Oro de los Habsburgo, cuando la realidad es que los Borbones hicieron lo que tenían que hacer, Felipe V tuvo que enfrentarse en la guerra de sucesión a la deslealtad de señoríos anacrónicos que temían perder derechos que ya poca gente tenía en la Europa que llevaba las riendas en el puto 1700 (i.e. Francia, Inglaterra) curiosamente, cuando Felipe V, habiendo sido informado de la idiosincrasia de este país, había jurado que no modificaría esos preceptos forales y lo hizo al final para castigar la rebelión de ciertas zonas (Por eso País Vasco y Navarra aun tienen fueros y Cataluña y Valencia no).

Y aun así, los borbones del Siglo XVIII hicieron una labor destacable por modernizar el país y adaptarlo a los cambios que sufría Europa que solo se vió interrumpida por la Revolución Francesa, pero nuestros libros de historia aparentemente no tienen nada que decir sobre Carlos III, que hizo de Madrid una ciudad habitable, de Fernando VI, que apoyó las artes y las ciencias, o de la contribución de España a la Guerra de la Independencia que dio lugar al nacimiento de los EEUU.

Pero la historia al final parece que nos da lo que queremos y por fín tuvimos un rey a nuestro gusto en la persona de Fernando VII, un sádico que gustaba de llamar a la corte a enanos, lisiados y prostitutas para reirse de ellos, que derogó la constitución que se encontraba entre las mas avanzadas de Europa, inició una política de represión, restauró la inquisición y mantuvo a España al margen de la Revolución Industrial retrasando casi cincuenta años el desarrollo del país y nos lanzamos a las calles a gritar ¡Que vivan las cadenas!.

¿Cuantas épicas que llevan a los pueblos a la libertad nacen del sincero deseo de regresar a la monarquía absolutista, ultraconservadora y casi teócrata que defendía el hermano de Fernando VII, Carlos María Isidro, o el pretendiente Habsburgo en 1700, el Archiduque Carlos?

Pero el máximo exponente del conformismo y de la negación de la realidad lo constituye el NO-DO franquista, donde la realidad chocaba frontalmente con las imágenes proyectadas en los cines. En pantalla, Franco era un hombre al que todo el mundo quería, en la realidad, el tipo que ganó porque daba las hostias mas fuerte. En pantalla, la industria española florecía eficiente y productiva, en la realidad la gente emigraba. En pantalla, las mujeres iban a la ultima moda, en la realidad, en bata y sandalias. En pantalla, España era un remanso de paz, en la realidad, una paz protegida por pistolas en medio de la II Guerra Mundial. Y gracias a la sana y constante capacidad y voluntad de los españoles de crear y creer realidades paralelas, España vivió gran parte del Siglo XX en otro planeta.

El resto es de sobra conocido.


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¿Qué es la religión? La respuesta desde el Materialismo Filosófico

Introducción:

En esta breve entrada vamos a ver muy sucintamente, en unas pocas pinceladas, el tratamiento que la teoría materialista de Gustavo Bueno hace de la religión y de su núcleo. Principalmente la entrada va dirigida a explicar qué es para el Materialismo Filosófico (MF) lo propio de la religión, o en términos del MF, cuál es el núcleo de la esencia de la religión[1]. Para ello pasaremos primero por una explicación de dónde se encuadra el estudio de la religión dentro de la teoría del MF, esto es, del espacio antropológico. Seguidamente veremos más específicamente qué es la religión para el MF, y por último culminaremos en la explicación del numen, el núcleo de la esencia de la religión.

El espacio antropológico:

El espacio antropológico, dentro de la teoría del MF, es un concepto gnoseológico que pretende abarcar, de forma crítica, el espacio en el que se mueve la Antropología. Es decir, se ocupa de aquellas disciplinas que no sólo «se ocupan del hombre», pues esto sería decir poco, sino que también de todos aquellos contenidos que son humanos pero sin ser propiamente hombres, como la religión, de la que vamos a hablar aquí, o, por ejemplo, la «cultura extrasomática». Estos elementos constituirían materiales del espacio antropológico.

Pero aunque este material antropológico formaría la región central del espacio antropológico, éste no se reduce a dicho material. El espacio antropológico también tiene en cuenta “todos los términos, relaciones y operaciones que se mantienen en la «inmanencia de lo humano»”[2], a lo cual da el nombre de «eje circular». Entendiendo este eje circular de forma amplia para evitar determinar el «círculo de lo humano» como algo meramente social, o intercultural, o lingüístico, o económico, etc. Pero, además, este espacio antropológico no sería viable sin rebasar este material antropológico y hacer referencia a entidades exteriores a dicho material. Así pues, la antropología tiene en cuenta elementos exteriores al eje circular, unos elementos de naturaleza no humana como por ejemplo el medio ecológico o el astronómico. Por tanto, dado que todos estos materiales no humanos también forman parte de este espacio antropológico pero rebasan el eje circular, se podrían exponer como radios que atraviesan aquellos círculos del material antropológico. Con lo que tendríamos ya un espacio bidimensional, con un eje circular y un «eje radial». Si bien, esta bidimensionalidad nos llevaría al problema de tener que situar todos los contenidos del espacio antropológico bien en el eje radial, bien en el circular o bien en los dos, cosa no admisible desde el MF[3]. Por ello el espacio antropológico debe incluir un tercer eje, el «eje angular», que permita disponer todas las relaciones directas y/o recíprocas que los contenidos del eje circular puedan mantener con aquellos elementos que no son humanos, pero tampoco objetuales, sino subjetuales. Esto es, todas aquellas entidades que tratadas de modo etic[4] pueden ser tratadas como sujetos operatorios[5]. Por ello dice Bueno que “el criterio de clasificación de las filosofías de la religión habrá que tomarlo, no del «espacio antropológico» u «ontológico», genéricamente considerado, sino de sus «ejes personales», aquellos que pueden con sentido (fenomenológico y ontológico a la vez) ser pensados como numinosos: el circular y el angular[6].

Este eje angular es un eje importantísimo dentro del espacio antropológico, pues permite desbordar la bidimensionalidad y además es perfectamente posible que los teólogos puedan ver este eje como poblado de dioses, arcángeles, demonios, etc., con capacidad de ejercer influencia en los asuntos humanos. O, por ejemplo, un ufólogo podría ver este eje poblado de sujetos extraterrestres, y consideraría que estos sujetos tienen una pertinencia antropológica dada la influencia que habrían tenido o tienen en los aspectos humanos. Si bien esto es así, el espacio antropológico, en cuanto materialista, “considera mitológica la pretensión de realidad de los sujetos teológicos, angélicos o demoníacos”[7]. Del mismo modo esta teoría considera que, por el momento, no hay prueba ninguna que permita afirmar la existencia de sujetos extraterrestres. El espacio antropológico se atiene “por tanto a los únicos sujetos no humanos que hoy día son admitidos unánimemente por todas las ciencias biológicas, y particularmente por la Etología[8], esto es, los animales.

El eje angular, que es el que aquí nos interesa, estará constituido, por tanto, por las relaciones que los sujetos humanos puedan mantener con ciertos animales, pero en la medida en que estas relaciones articulan un sistema sui generis de conceptos organizados en torno a las diversas religiones características de las diversas sociedades. Y es que, como el profesor Bueno dice ya al inicio mismo de El animal divino, el núcleo de la religiosidad no debe buscarse “en las superestructuras culturales, o entre los llamados «fenómenos alucinatorios» -sin prejuicio de su funcionalismo sociológico o ecológico-, ni tampoco entre los lugares que se encuentran en la vecindad del Dios de las «religiones superiores»”[9]. Sino que muy al contrario, y como veremos en seguida, el núcleo de la religiosidad lo encontramos en la relación de los hombres con unos seres vivientes, que no son humanos pero no por ello faltos de inteligencia, capaces de envolver a los hombres. El decir, el núcleo de la religión lo encontramos en los númenes en cuanto que sólo así una experiencia religiosa puede ser una experiencia religiosa verdadera.

Teoría materialista de la Religión:

Una vez que ya hemos encuadrado, por decirlo así, el lugar de estudio del tema que aquí se trata dentro del Materialismo Filosófico, vamos a ver qué es, más específicamente, la religión para ésta teoría. Y es que, frente a la interpretación de la religión de la tradición, Gustavo Bueno da en El animal divino una interpretación y un origen para la religión bien distinto. Pues, más que un cuidado de los ritos y revelaciones de Dios[10] o un estar atado a Dios, Gustavo Bueno considera la religión como un hecho social y cultural, por lo que su estudio y análisis de ésta es fundamental.

La tesis fundamental del Materialismo Filosófico sobre la religión desvincula, por tanto, el punto de unión y núcleo de la religión que las religiones superiores establecen entre Dios y la religión[11]. Desde una teoría materialista de la religión decir qué es la religión como si fuese algo sustantivo e independiente carece de sentido, lo que hay que hacer es ver cómo se desarrolla su cuerpo históricamente en su curso. Esta teoría establece así tres fases históricas de la religión, las cuales se van sucediendo la una a la otra, aunque no eliminando ya que las anteriores siguen presentes en las posteriores e incluso pueden refluir (como puede verse hoy día).

Las religiones, como ya se ha apuntado, tendrían su origen en la relación de los humanos con entidades no humanas, es decir, “con ciertos animales que se enfrentan al hombre desde la época paleolítica y cuyo reflejo se encuentra en las pinturas rupestres de las cavernas”[12]. Esta sería la característica propia de la religión primaria, en la que los animales cumplen, respecto a los hombres, el papel de númenes[13]. Es la religión del «hombre-cazador», que va desde el final del Musteriense hasta el Neolítico, y donde puede hablarse ya de una relación normalizada del hombre con los animales. Sin embargo, esta fase primaria se acaba cuando, a partir del Neolítico, se produce la domesticación de los animales. El control que ahora consiguen los hombres respecto a los «animales divinos» lleva a que las figuras que antes eran representadas en la bóveda de las cavernas, ahora sean representadas en la bóveda celeste, dando así lugar a lo que esta teoría considera la religión secundaria[14]. Esta fase o religión secundaria es la religión de los dioses y de los mitos. Esta fase cubre todas aquellas religiones basadas en la superstición, es decir, a aquellas que dan culto a figuras antropomórficas o zoológicas, como puede verse en el panteón egipcio, romano, indio, chino, etc.

La fase de la religión mitológica es considerada desde el Materialismo Filosófico como una fase de transición que es esencialmente falsa, una fase en la que se produce un delirio de la imaginación que se irá debilitando cada vez más como consecuencia de la crítica racionalista[15] que las religiones superiores, las propias de la religión terciaria, harán cuando los animales y figuras antropomórficas sean sustituidos por un Dios único e incorpóreo. Pero, precisamente por esto, en la fase terciaria se pierde propiamente la fuente de religiosidad. Pues desde el MF, como señala Bueno, una de las características del numen es que puede “mantener unas relaciones con los hombres de índole que podríamos llamar «lingüística» (en sus revelaciones o manifestaciones) del mismo modo que el hombre puede mantenerlas con él (por ejemplo en la oración)”[16]. Sin embargo, ese Dios único e incorpóreo, el «Dios de los filósofos», es un ser al que no se puede hablar y que no puede hablar con los hombres. Es un ser con el que no cabe relación directa alguna, por lo que este tipo de religión terciaria de corte monoteísta es, dice Bueno, propiamente la antesala del ateísmo. Por ello las religiones de corte monoteísta, las consideradas religiones superiores (como el judaísmo, el cristianismo y el islamismo), se complementan con doctrinas positivas sobre supuestas revelaciones de ese Dios inalcanzable. Hecho este que da lugar a que los fenómenos religiosos se transformen en estructuras sociales o políticas[17] de funcionalismo muy alto.

De entre estas religiones superiores, el Catolicismo, el cual recoge la herencia de la filosofía griega y del derecho romano, como ya señalara Unamuno, es considerado desde el MF como la religión más racional de todas (también por la materialidad o encarnación de su Dios)[18], frente al fanatismo de la religión musulmana y el irracionalismo de las religiones protestantes. Así pues, parece que estas religiones superiores son inconmensurables entre sí, incluso si consideramos el irenismo promulgado por todas ellas. Algo que, como dice Bueno, sólo tiene viabilidad de acuerdo con la parábola de los tres anillos[19], es decir, precisamente tendrá viabilidad cuando se eliminen los elementos positivos, irracionales y dogmáticos característicos y constitutivos de estas religiones, lo que sería lo mismo que decir que estas religiones pueden ser conmensurables siempre y cuando desaparezcan como tales.

El Numen:

Pues bien, después de este recorrido por los lugares y elementos que corresponden al estudio de la religión dentro del Materialismo Filosófico, llegamos, por fin, al centro del objeto de esta entrada, es decir, al núcleo de la esencia de la religión. Como hemos visto, el MF afirma que la esencia de la religión tiene su lugar en el eje angular, ya que la «religación» sólo puede producirse con elementos no humanos, ya que es necesaria una asimetría en las relaciones. Si bien, el cuerpo de dicha esencia o determinaciones positivas de la misma y el curso o desarrollo de dicha esencia tienen lugar en el eje radial y en el eje circular[20]. Pero ¿qué son estos númenes a los que llevamos haciendo alusión durante toda esta pequeña y apresurada presentación? Aunque ya hemos dicho algo de ellos, podemos definirlos más precisamente diciendo que son aquellas entidades que, sin ser humanas, son, sin embargo, centros de voluntad y de entendimiento[21], entidades a las que, por ejemplo, en una religión primaria había que engañar, rogar, obedecer o matar. Así pues, el núcleo de la religión quedaría fijado, dentro del Materialismo Filosófico, en los animales del Paleolítico superior que son percibidos como númenes por los hombres prehistóricos.

Los númenes, sin embargo, no son simplemente animales, o dioses, o demonios, o ángeles. Son entidades vivas, consideradas con inteligencia, capacidad volitiva y apetitiva e incluso con percepción y que, dada su variedad, pueden ser divididos en cuatro grupos atendiendo a sus especificidades: pueden ser númenes divinos, o bien númenes demoníacos (formando ambos la clase de númenes equívocos), o bien pueden ser númenes humanos o númenes zoomorfos (formando la clase de númenes análogos). Estas entidades son capaces de mantener relaciones con los humanos de manera envolvente, bien amenazándolos, bien ayudándolos, bien evitándolos, etc. De modo que las relaciones de los humanos con los númenes pueden ser tanto de miedo, como de amor, o de temor, de respeto, de odio, de admiración, etc.

Por tanto, para el Materialismo Filosófico los contenidos objetivos más propios de la experiencia religiosa y, por tanto, el núcleo de la esencia de la religión están constituidos por los númenes, o más explícitamente por la relación e interacción entre humanos y númenes.  Lo que significa que “todo aquello que pueda considerarse como dado dentro del marco de las relaciones entre los hombres y los númenes (así como en el marco de las relaciones recíprocas de los númenes con los hombres) ha de llevar, sin ninguna duda, el sello de la religiosidad”[22]. Aunque la religión, por supuesto, no debe reducirse estrictamente al trato inmediato con los númenes. Siendo así, estos númenes se identifican ya desde la fase primaria de la religión con los animales, “siendo éstos el germen de toda numinosidad posterior”[23]. Por lo que, el numen, aunque es una categoría propiamente religiosa, no es necesariamente un elemento divino. Aun cuando lo divino, incluso el Dios de las religiones superiores, sea numinoso.

Por último, cabe apuntar que, si bien esta teoría no es una teoría científica, sino una teoría filosófica, y que, por tanto, no pertenece, ni quiere, al campo de las “ciencias humanas”, tiene un punto de apoyo científico y comprobable empíricamente. Este punto de apoyo empírico, aunque pueda ser débil, no es otro que el hecho de que cuatro quintas partes de las imágenes de las cavernas representan animales.

Bibliografía:

  • Gustavo Bueno, El animal divino, ensayo de una filosofía materialista de la religión, Pentalfa, Oviedo, 1985. (1ª Edición)
  • Filosofía y cuerpo, debates en torno al pensamiento de Gustavo Bueno, editado por Patricio Peñalver, Francisco Giménez y Enrique Ujaldón, en Ediciones Libertarias, Madrid, 2005.
  • Hacia una teoría materialista de la religión, entrevista a Gustavo Bueno en Argumentos, Madrid, septiembre de 1981.
  • El Papa se está haciendo el hara-kiri, entrevista a Gustavo Bueno en La Nueva España, noviembre de 1999.

Webgrafía:

Es también muy recomendable consultar la enciclopedia en línea Symploké y las Teselas explicativas de Gustavo Bueno accesibles en la página de la Fundación Gustavo Bueno. Hay otros materiales importantes, pero con los enlaces que se proporcionan el lector podrá indagar a su gusto e interés.

Teselas relativas a este tema:


[1] Para ver qué es esencia dentro de esta teoría ver http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Esencia y http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Teor%EDa_de_la_esencia_gen%E9rica

[2] http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Espacio_antropol%F3gico

[3] Si esto se hiciese, elementos que son parte del espacio antropológico como los dioses o los númenes habría que situarlos en uno de los dos ejes. Pero esto no sería correcto.

[4] La distinción emic/etic no puede tratarse en este lugar, para ello es útil consultar el libro Nosotros y ellos, de Gustavo Bueno.

[5] Aunque desde una perspectiva emic puedan verse como dioses, demonios, ángeles, etc.

[6] Gustavo Bueno, El animal divino, Pentalfa, Oviedo, 1985, pág., 157. [La cursiva es suya].

[7] http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Espacio_antropol%F3gico

[8] Ibídem.

[9] Gustavo Bueno, El animal Divino, Pentalfa, Oviedo, 1985, en A manera de Prólogo.

[10] Para ver qué se entiende por Dios dentro del Materialismo Filosófico se puede consultar esta dirección http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Dios

[11] Pues la idea de Dios es considerada como una idea muy tardía.

[12] http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Religi%F3n

[13] Qué sean estos númenes es lo que veremos en el siguiente apartado.

[14] Por lo que se puede decir que: «El hombre hizo a sus dioses a imagen y semejanza de los animales» y no a imagen y semejanza del hombre, como dijo Feuerbach. Para ver esta idea ver el capítulo 3 de la segunda parte de El animal divino, y más concretamente las páginas 158 a 164 o la entrevista a Gustavo Bueno que se puede encontrar en la revista Argumentos con el título Hacia una teoría materialista de la religión.

[15] Crítica propiciada por el desarrollo de la Astronomía y de la Filosofía.

[16] Gustavo Bueno, El animal divino, Pentalfa, Oviedo, 1985, pág. 142.

[17] Quizá donde más claro se vea esto actualmente sea en la religión musulmana.

[18] Racionalismo implícito en la institución de la Teología dogmática.

[19] De la que trata Lessing cuando trata de la posibilidad de la convivencia de las tres religiones.

[20] Por ejemplo, en las ceremonias litúrgicas.

[21] Que pueden considerarse como sujetos operatorios.

[22] Gustavo Bueno, El animal divino, Pentalfa, Oviedo, 1985, pág. 141.

[23] http://symploke.trujaman.org/index.php?title=N%FAmenes