El baúl de Pandora

Reservado para los que deseen abrir su mente

La espinosa cuestión de la aparición del lenguaje doblemente articulado ¿Es posible conocer el origen?

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Protolenguaje o lenguaje primitivo

Cuando vamos a un país de cuyo idioma solo conocemos unas pocas palabras, nuestras oraciones son muy cortas, el orden de las palabras a menudo es incorrecto, incluso en el nuestro a veces cometemos numerosos errores. Por ello también nos intentamos hacer entender con gestos (es más, nos resulta «antinatural» el hablar sin mover las manos, lo que refuerza el origen gestual del lenguaje doblemente articulado) y con el contexto en el que estamos. Igual hacen los niños de menos de dos años o los chimpancés y bonobos a los que se les ha enseñado el lenguaje sordomudo o símbolos gráficos o de ordenador.

Entonces, ¿podemos hablar de algo así como un protolenguaje o lenguaje primitivo que se pareciera a esto? Si fuera así, el protolenguaje o lenguaje primitivo se parecería a eso:

1) Sólo sería posible enhebrar un pequeño grupo de palabras cada vez.

2) Se podría dejar de mencionar cualquier palabra que apeteciera omitir.

3) El orden de las palabras, hasta cierto punto, sería impredecible, ya que las estructuras gramaticales no están del todo fijadas aún.

4) No presentaría estructuras muy complejas.

5) Prácticamente no tendría ninguna de las inflexiones y términos gramaticales (preposiciones, conjunciones…) que constituyen el cincuenta por ciento de las expresiones lingüísticas.

¿Cómo habría nacido ese protolenguaje y éste desembocó en el lenguaje?

Habría sido necesario que se diesen una serie de hechos:

 1) La aparición de los símbolos. Los símbolos tienen un origen lógico/tecnológico, es decir, implican el desarrollo de instituciones componentes de la cultura humana, a las cuales determinan a su vez dialécticamente. Aunque hay distintas especies animales que los pueden utilizar en estado salvaje.

 2) El surgimiento de pequeños conjuntos de símbolos con significado compuesto, correspondientes a las oraciones cortas del protolenguaje.

 3) Establecimiento de conjuntos de símbolos aun más amplios, aunque ambiguos si carecen de claves para su estructuración.

 4) Una gramática completa.

El primer paso importante es el que se da de los símbolos aislados al protolenguaje. Muchos autores opinan que la fuerza selectiva para darlo fue el aumento de la complejidad social, con el consiguiente aumento de la «inteligencia social». Ahora bien, los homínidos vivieron en grupos comparables en estructura y en tamaño a los de los simios y otros primates durante muchísimo tiempo. La cuestión es, si en ellos la selección no condujo al protolenguaje, ¿por qué habría de haberlo hecho en nuestro caso? Si es así, la fuerza evolutiva hay que buscarla en otro lugar, o al menos en algún lugar más, éste es: el medio natural y técnico en que se encontraban los homínidos (sus distintas bandas) y las necesidades (de momento quizá naturales, pero pronto ya «históricas») que este medio implicaba.

Los homínidos vivían en diferentes medios, como la sabana. Vamos a remitirnos a ella para nuestro asunto. En la sabana la hierba y las semillas de gramínea eran abundantes, pero la hierba no es nada nutritiva para los homínidos y las semillas son duras. De modo que vivir en ese medio en pequeños grupos de no más de un par de docenas de individuos requería cosas tales como: saber interpretar los rastros de los animales comestibles, las señales de nidificación, conocer la parte externa y subterránea de las plantas con raíz comestible, saber cuándo daba fruto cada árbol y saber localizarlo, saber detectar la presencia de animales, etc. Y en grupos que en acción, por ejemplo, de caza se dispersan y se vuelven a reunir es necesario comunicar todas estas cosas a los compañeros o recibir esa comunicación. Los individuos que no pudiesen hacer eso, por tanto, estarían constantemente en peligro de inanición o de muerte por depredadores.

Estos primeros homo, superando el momento gestual del lenguaje, habrían adquirido la capacidad de emitir y comprender primero sonidos (palabras) y después cadenas de los mismos (oraciones) con estructuras gramaticales muy simples y tal vez con marcadores de dirección y de posición derivados de palabras del tipo de nombres y verbos. Así, el paso de la capacidad simbólica al protolenguaje, pudo ser, probablemente, por las exigencias de un medio con fuentes de alimento muy dispersas, con ciclos de producción irregulares espacialmente en el caso de los árboles y con alimentos de origen animal también muy dispersos y difíciles de conseguir. Un medio, en definitiva, hostil para primates solitarios, de ahí la necesidad interna de unirse, y de ahí que el origen de los hombres sea necesariamente social.

A partir de aquí, las estructuras se irían haciendo más complejas hasta dar lugar a un completo lenguaje doblemente articulado. Lo que diferencia al lenguaje del protolenguaje es la sintaxis, es decir, unos principios formales que permiten combinar las palabras en frases y oraciones que, a su vez, se combinan gramaticalmente con otras frases y oraciones previamente formadas para crear una infinidad de oraciones y que, por tanto y como consecuencia, permiten la emisión y comprensión de mensajes más largos y complejos.

Pero se necesitan varias condiciones para que este lenguaje sea efectivo y tenga sentido:

1) Vida en grupos que abarcan a parientes y no parientes (las relaciones de parentesco cada vez son más complejas).

2) Memoria e inteligencia elevadas (es evidente que para ello es necesario un desarrollo cerebral, así como un desarrollo del aparato fonador, causado por el avance de las estructuras socioculturales. Esto ya nos está indicando cómo la relación entre lo cultural y lo natural no puede en absoluto separarse, desligarse, sino que más bien deberían conjugarse, pues tanto lo natural como lo cultural están completamente codeterminados en gran cantidad de casos).

3) Un medio que empuje a la cooperación, como un medio hostil (tanto por duros y los animales hostiles como por los otros grupos homínidas competidores) o la vida cazadora y recolectora.

La vida en grupo requiere unos cómputos complejos, unas reglas -las rutinas victoriosas (que se muestren eficaces) se convertirán en las reglas del grupo (moral)-, no sólo de quién coopera con quién, sino también de quién coopera y quién no, y de quién coopera con quién y con quién no. Y en especies como los homínidos además en qué y cuánto coopera, de manera que pudiese reconocerse a los «gorrones», y así evitar que el grupo cooperase con ellos si no cumplen su tarea (a no ser que se vean impedidos a ello por la circunstancia que sea (lesión, vejez, etc.)), con lo que morirían. La presión social como vemos es muy importante también.

Con esto estaría muy relacionado el tema de la caza. No sólo por la presión que la caza ejerce en el individuo y el grupo, sino, porque las áreas del cerebro implicadas en la destreza manual y en los lanzamientos balísticos se solapan ampliamente con las implicadas en el lenguaje. Además, la planificación de los movimientos para realizar un lanzamiento balístico recuerda mucho a la de una secuencia lingüística. Es decir, que un mecanismo utilizado para un proceso se utilizó después también para otro distinto y del que ha surgido, que otros han utilizado antes y que utilizarán después. Es así cómo se institucionaliza y como se hace algo cultural, es así como pasa a formar parte de la cultura humana (formada precisamente por las instituciones, cosa de la que carecerían las culturas animales investigadas por los etólogos). De este modo, una vez institucionalizado, se convierte en algo que está «por encima de nuestras voluntades», es algo que el grupo social impone a cada nuevo sujeto como algo necesario para la supervivencia, la misma situación nos encontraríamos con el lenguaje. (De nuevo en esto podemos ver cómo la línea que separa «la naturaleza» de «la cultura» se hace muy borrosa).

 ¿Cuándo sucedió esto?

Arsuaga y Martínez se fijaron en otro aspecto del lenguaje que algunos autores anteriores han obviado: los fonemas. En 1992 encontraron en la Sima de los Huesos un cráneo de cerca de 300.000 años, perteneciente a un miembro de una población anterior a la de los Neandertales, y dos huesos hioides. El estudio del hioides y de la zona de inserción del músculo constrictor superior de la faringe permitió a los antropólogos llegar a la conclusión de que el individuo a quien perteneció el cráneo tenía la laringe baja. Éste es un rasgo que nos permite producir los sonidos del habla. La posición de la laringe afecta al tramo vertical pero no al horizontal, el nuestro (el horizontal) es aproximadamente igual, el de los Neandertales y su precursor, sin embargo, era más largo. Eso significa que las vocales más frecuentes en el habla humana, presentes en todas las lenguas y que mejor se discriminan, les estaban vedadas. Pero podían hablar y entenderse. Y si los Neandertales hablaban, el Homo antecessor -denominación gnoseológicamente muy confusa-, el ancestro común de los neandertales, y nuestro, ya hablaba[1].

El origen del lenguaje       

El lenguaje doblemente articulado parece constituir para muchos el rasgo más característico de los hombres -aunque es menos determinante de lo que parece-. Los humanos hablamos con lenguaje doblemente articulados, cosa que no hacen los demás animales, ni siquiera los más emparentados con nosotros, como los chimpancés y los bonobos. Todas las sociedades humanas, incluso las más primitivas, poseen lenguas complejas y flexibles, que les permiten hablar con lucidez y eficacia. Ninguna sociedad no humana posee una lengua comparable. Aunque, por supuesto, multitud de especies de mamíferos, aves, insectos y otros animales poseen sistemas de comunicación, aunque carezcan de lenguaje doblemente articulado. En este sentido amplio, todos los animales se comunican, pues la comunicación es un fenómeno mucho más amplio y frecuente que el lenguaje. De hecho, los humanos contamos con algunos sistemas de comunicación gestual, como, por ejemplo, la sonrisa, para expresar bienestar y bienvenida, por ejemplo. También podríamos aducir el saludo de reconocimiento que consiste en levantar brevemente las cejas [2].

Como vemos, casi todos los sistemas de comunicación se basan en un repertorio más o menos fijo, finito y bastante limitado de mensajes. Si bien, sólo los lenguajes humanos, basados en un léxico (más o menos grande dependiendo de la lengua) y en una gramática [3], permiten articular una infinidad de mensajes distintos. Por tanto, el lenguaje es el único sistema completo (aunque no terminado) de comunicación. Su peculiaridad está en su flexibilidad. El lenguaje humano, o el lenguaje en sentido estricto, no está limitado a un repertorio finito y fijo de señales, sino que permite mediante una combinatoria prácticamente infinita la formación de una infinidad de mensajes distintos. En palabras de Guillermo Humboldt, es «el uso infinito de medios finitos».

Ahora bien, muchos grupos humanos actuales (y antiguos) tienen también lenguaje escrito, siendo el lenguaje por escrito igualmente válido. Sin embargo, hay que puntualizar que mientras que el habla es natural -dejémoslo con la imprecisa denominación de natural por el momento-, la escritura es artificial, técnica. Y supone un salto complicadísimo e importantísmo, ya que el lenguaje escrito, de nuevo, habría determinado el cambio de algunas estructuras del lenguaje y a su vez habría supuesto unos cambios histórico-culturales tremendos. Gracias al lenguaje escrito pudo aparecer por ejemplo la historia (a partir de entonces se podía distinguir entre lo pasado, lo presente y lo futuro) y su estudio (gracias a las reliquias y a los relatos conservados, esto es, presentes, podemos reconstruir hoy la historia y saber más incluso que sus coetáneos), pudo surgir también el Estado (que requiere de forma esencial, y entre otros elementos, una serie de leyes escritas), abrió la capacidad del análisis categorial del lenguaje, se pudo empezar a conocer qué era un sujeto o un predicado, por ejemplo, también supuso un salto tremendo respecto a los animales (podrán tener algún tipo de comunicación, pero ninguno sabe escribir), en definitiva, supuso un cambio cuantitativo y cualitativo en el modo de pensar. Por eso hace falta ir a la escuela para aprender a leer y escribir y conocer la gramática del lenguaje que usamos, pero no para aprender a hablar (y ejercer esa gramática de modo inconsciente). Para aprender a hablar una lengua determinada basta con oír a otros hablantes a la edad adecuada -se calcula que la mejor es entre uno y tres años- y que estos te la enseñen.

Entonces ¿hay una fecha de aparición del lenguaje? Es evidente que no, no se puede establecer un momento preciso de la aparición del lenguaje, tan sólo fechas aproximadas. Y esto tanto por razón de la ausencia de rastros con que establecerlo como por que no se puede decir que «el hombre» inventase «el lenguaje» en un momento y lugar, porque precisamente hay que poner en duda la existencia de ese Hombre. La antropología nos muestra la existencia de distintas especies  de homínidos todas pertenecientes al género homo, así como la distribución y competición de los miembros de estas especies en diferentes grupos o bandas por los diferentes territorios. Concluimos por tanto que no se puede hablar ni de la existencia de El Hombre, ni de que, por tanto, ese supuesto Hombre inventase El Lenguaje. Tendría que hablarse más bien de que distintos grupos homínidas abrían desarrollado, en sitios y momentos distintos, formas de lenguaje distintas.

Se estipula que los primeros signos articulados por los grupos de pitecántropos, que habitaron en Asia y África, datan de hace unos 600.000 años a.n.e. Después vinieron otros homínidos cuya capacidad craneal, superior al homo erectus, les permitió fabricar utensilios rudimentarios y el manejo del fuego, pero también desarrollar un sistema de signos lingüísticos que les permitiera comunicarse mucho mejor. Durante el paleolítico tanto el hombre de Neandertal como el hombre de Cromañón dan señales de que poseían un idioma comunicativo y una anatomía equiparable a la del hombre moderno, diferente de los anteriores.

De modo que con el transcurso del tiempo, los hombres primitivos empezaron a vivir en pequeños grupos familiares, usando un lenguaje que era de uso exclusivo del grupo, con palabras que referían a realidades comunes para todos. (Lo que ya habría supuesto la diferenciación e incomunicación de ese grupo respecto de otros). Poco a poco se fueron reuniendo en comunidades más grandes, formando tribus y poblados (hasta que, en momentos ya más avanzados, finalmente surgieran los Estados e Imperios). Y, si los habitantes de un lugar carecían de relaciones con los de otros, no es nada probable que usaran el mismo lenguaje para comunicarse entre sí, lo que hace suponer que desde el principio hubo varias lenguas. Aun así, muchos antropólogos, etnólogos y lingüistas han realizado importantes investigaciones intentando averiguar la posible existencia de un primitivo origen del lenguaje, estableciéndose diferentes hipótesis, que aquí, por las razones expuestas, consideramos erróneas. Destacados psicólogos y lingüistas han llegado al reconocimiento de que hallar un lenguaje primitivo único es un problema insoluble, por lo que se limitan a clasificar las lenguas y señalar las raíces de las que consideran más primitivas.

No se debe olvidar además que una sociedad, por muy organizada que esté, es incapaz de fijar definitivamente el lenguaje, porque éste se forma progresiva y gradualmente, históricamente, por lo que no existe ninguna lengua que pueda llamarse completa, toda lengua es in-fecta (de hecho se estima que las lenguas tienen un ciclo de existencia en torno a 2.000 años antes de que cambien completamente). Y, aunque el lenguaje supone la principal barrera entre los grupos (de ahí su importancia política e histórica), no son todos inconmensurables, dado que es posible la traducción entre ellos. No obstante, de no existir el lenguaje, tanto en su forma oral como escrita, sería mucho más difícil la convivencia social y más primitiva nuestra forma de vida.

¿El lenguaje es innato o adquirido?

Eterno debate. En la lingüística, existe una disputa entre las posturas denominadas empirismo y nativismo. El nativismo sostiene que la capacidad de ver, oír, pensar y hablar son actos innatos o genéticos. En cambio los empiristas, están convencidos de que el niño aprende a hablar porque imita a los adultos y porque tiene necesidad de manifestar sus necesidades y deseos. Según los empiristas, el niño aprende el idioma de la misma manera que otras destrezas físicas y mentales. Los innativistas por su parte están convencidos de que el habla es un don biológico, y que la experiencia cognitiva es apenas un estímulo para su desarrollo posterior.

Asimismo, aparte de las dos posturas mencionadas, se debe añadir la concepción de los interrelacionistas, quienes consideran que el lenguaje es un producto tanto de factores innatos como adquiridos, ya que el lenguaje depende de impulsos internos y externos, que están determinados de antemano. Esto quiere decir que, a pesar de las capacidades innatas ya presentes (como determinados genes o determinadas estructuras cerebrales), la lengua concreta que hablemos es un código cultural, transmitido culturalmente mediante un proceso de aprendizaje social que depende de la impronta o troquelado, es decir, el aprendizaje a una edad crítica.

Lenguaje y pensamiento

¿Son pensamiento y lenguaje lo mismo? A primera vista parece que en muchos casos pensamiento y lenguaje son cosas distintas. Alguna vez seguramente nos ha pasado que no hemos dicho lo que queríamos decir, o que no sabemos bien cómo expresar lo que queremos decir, lo cual implica que hay algo que queremos decir y que puede ser distinto a lo que decimos. Un ejemplo de lo que quiero decir seria por ejemplo, cuando leemos un texto y después no recordamos las palabras exactas pero sí el sentido general, lo cual implica que puede haber algo en el texto que puede ser distinto a las palabras que lo componen. También está relacionado con esto el que podamos inventar palabras o traducir entre lenguas. También podríamos poner como ejemplo el hecho de que hay defectos y enfermedades cerebrales y del sistema fonador que afectan a la capacidad lingüística pero no al razonamiento, pero esto no ocurre a la inversa.

Por tanto, ¿determina el lenguaje el pensamiento? Aquí podríamos citar el ejemplo de la tesis de Benjamin L. Whorf, quien afirma que el pensamiento de un humano está determinado por las categorías o conceptos de la lengua que habla. Otra versión a esta tesis es que las diferencias entre las lenguas son las que causan las diferencias en las formas de pensar. Algunos autores funcionalistas, como Charles Li, consideran que el lenguaje surgió evolutivamente ante todo y sobre todo como un vehículo de comunicación humana, no como un instrumento de pensamiento. Chomsky en este sentido es tajante, dice: el lenguaje no puede ser considerado propiamente como un sistema de comunicación. Es un sistema para expresar el pensamiento, que es algo muy diferente.

Estas tres teorías se podrían sintetizar así:

1) La teoría que afirma que el lenguaje se da antes que el pensamiento, plantea que el idioma influye o determina la capacidad mental (pensamiento). En esta corriente lingüística incide la gramática generativa de Noam Chomsky, para quien existe un mecanismo idiomático innato, que hace suponer que el pensamiento se desarrolla como consecuencia del desarrollo idiomático. Si se considera que el lenguaje es un estado interior del cerebro del hablante, de sus estructuras, es fácil suponer que primero está el lenguaje y después el pensamiento; más todavía, si se parte del criterio de que el lenguaje acelera nuestra actividad teórica, intelectual y nuestras funciones psíquicas superiores (percepción, memoria, pensamiento, etc).

2) La teoría que postula que el pensamiento es anterior al lenguaje, sostiene que la capacidad de pensar influye en el idioma. Algunos psicolingüistas sostienen que el lenguaje se desarrolla a partir del pensamiento. En esta corriente lingüística destaca la llamada hipótesis cognitiva. Quizá uno de los mayores representantes de esta corriente es Jean Piaget, para quien el pensamiento se produce de la acción, y, por tanto, el lenguaje es una más de las formas de liberar el pensamiento de la acción.

3) La teoría simultánea, define que tanto el lenguaje como el pensamiento están ligados entre sí. Esta teoría fue iniciada por el psicólogo ruso L. S. Vigotsky, quien explicaba que el pensamiento y el lenguaje se desarrollaban en una interrelación dialéctica, aunque considera que las estructuras del habla se convierten en estructuras básicas del pensamiento, debido al significado que tiene el lenguaje o la actividad lingüística en la realización de las funciones psíquicas superiores del hombre. Sin embargo, entre ellos no hay una relación de paralelismo, al contrario, el pensamiento es lingüístico por su naturaleza, el lenguaje es el instrumento del pensamiento.

En cualquier caso, nosotros consideramos erróneo afirmar que el lenguaje permite representar el pensamiento, potenciando así la inteligencia y la capacidad de resolver problemas. Porque esto supone una hipostatización o sustantificación del «pensamiento» (estamos en la misma situación que cuando se separan naturaleza y cultura), porque precisamente el pensamiento es tal cuando es pensamiento en un lenguaje (intente pensar al margen de un lenguaje, a ver si puede). No hay nada que representar, porque no hay nada previo en «la mente» que después «se exprese» (a no ser que admitamos la existencia de un alma previa procedente de un mundo uránico que una vez que se encarne en el cuerpo se manifieste a través del lenguaje). De nuevo, tendríamos que conceptualizar el pensamiento y el lenguaje como elementos conjugados (dándose uno a través del otro, las partes de uno a tevés de las partes del otro). Es mediante el lenguaje como adquirimos las estructuras cognitivas y conceptuales a través de las cuales organizar el mundo. Por otro lado, hay que evitar siempre los reduccionismos, pues existen otras muchas formas de razonamiento o pensamiento que no son lingüísticas. Un carpintero cuando construye un mueble no necesita estrictamente hablar, sin embargo sin duda está pensando y razonando, está operando con las manos. Un matemático está operando con símbolos algebraicos y/o figuras, y sin embargo eso no es un lenguaje. Pero además, la conexión del pensamiento y del lenguaje fonético o escrito con el mundus adspectabilis (pensar es pensar algo y hablar es hablar de algo), introduce un tercer componente que hace del lenguaje una realidad más entre el resto de realidades del mundo, indesligable, inseparable (aunque sí disociable) de este y por tanto irreductible a ninguno de sus tres componentes materiales que hemos señalado.

Por tanto, podemos afirmar que desconocemos el origen exacto del lenguaje. Y aunque no hay duda de que el lenguaje ayuda a solucionar muchos de nuestros problemas, también, como hemos visto, crea otros nuevos que no existirían sin él. Mediante el lenguaje podemos decirlo todo, lo que hay y lo que no, lo verdadero y lo falso, lo real y lo imaginario, lo absurdo y lo sensato. En definitiva, y a pesar de todas las corrientes y teorías, está claro que el lenguaje es uno, no decimos que el que más, de los factores o características fundamentales a tener en cuenta a la hora de definir a los hombres y diferenciarlos de los animales. No podemos dejar de evidenciar que el ser humano es, por necesidad, un ser social, y en cuanto social y político, con necesidad de relacionarse con los de su misma especie y comunidad.


[1] Aunque debemos señalar que esta denominación de Homo antecessor resultaría problemática, ya que si es antecesor, por serlo, no puede ser homo, sino otra cosa distinta. Pero aquí no entraremos en este tema.

[2] De nuevo, un elemento que reforzaría el origen gestual del lenguaje.

[3] Un léxico y una gramática que impone unas estructuras determinadas que nos lleva a negar lo que algunos llaman el «pensamiento libre», pues uno no puede pensar ni decir «lo que le dé la gana», sino que tiene que seguir las reglas que ese lenguaje le impone, ya que si no, ni piensa ni dice nada.

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Autor: emmanuelmartinezalcocer

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