El baúl de Pandora

Reservado para los que deseen abrir su mente

La importancia histórica de la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano

6 comentarios

Todos hemos oído hablar de este gran documento. Ha sido ensalzado en libros, en películas (de dudosa o no veracidad histórica). Ha sido vilipendiada, maltratada y empleada para fines que no responden a los prigimenios de su origen. Ha sido utilizada para justificar lo injustificable y para guiar a los buscan legitimidad en sus justas reivindicaciones políticas, filosóficas y sociales. Pero, ¿fue realmente tan importante? ¿Marcó un antes y un después? ¿Para beneficio de quién y con qué objetivos? ¿En perjuicio de quién? ¿Fue realmente la Biblia del progreso político, salvador de todos los males, o un experimento fallido que terminó en uno de los procesos revolucionarios más sangrientos de la Historia como sus detractores afirman insistentemente? Pues ni lo uno ni lo otro, si algo caracteriza a la Historia es la gran variedad de grises que siempre nos enseña. Estos son los principales artículos de dicha Declaración:

I. Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en cuanto a sus derechos. Las distinciones civiles sólo podrán fundarse en la utilidad pública.

II. La finalidad de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles del hombre. Esos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión.

III. La fuente de toda soberanía reside esencialmente en la Nación; ningún individuo ni ninguna corporación pueden ser revestidos de autoridad alguna que no emane directamente de ella.

IV. La libertad consiste en poder hacer todo aquello que no cause perjuicio a los demás. El ejercicio de los derechos naturales de cada hombre, no tiene otros límites que los que garantizan a los demás miembros de la sociedad el disfrute de los mismos derechos. Estos límites sólo pueden ser determinados por la ley.

V. La ley sólo puede prohibir las acciones que son perjudiciales a la sociedad. Lo que no está prohibido por la ley no puede ser impedido. Nadie puede verse obligado a aquello que la ley no ordena.

VI. La ley es expresión de la voluntad de la comunidad. Todos los ciudadanos tienen derecho a colaborar en su formación, sea personalmente, sea por medio de sus representantes. Debe ser igual para todos, sea para proteger o para castigar. Siendo todos los ciudadanos iguales ante ella, todos son igualmente elegibles para todos los honores, colocaciones y empleos, conforme a sus distintas capacidades, sin ninguna otra distinción que la creada por sus virtudes y conocimientos.

VII. Ningún hombre puede ser acusado, arrestado y mantenido en confinamiento, excepto en los casos determinados por la ley, y de acuerdo con las formas por ésta prescritas. Todo aquél que promueva, solicite, ejecute o haga que sean ejecutadas órdenes arbitrarias, debe ser castigado, y todo ciudadano requerido o aprendido por virtud de la ley debe obedecer inmediatamente, y se hace culpable si ofrece resistencia.

VIII. La ley no debe imponer otras penas que aquéllas que son estricta y evidentemente necesarias; y nadie puede ser castigado sino en virtud de una ley promulgada con anterioridad a la ofensa y legalmente aplicada.

IX. Todo hombre es considerado inocente hasta que ha sido declarado convicto. Si se estima que su arresto es indispensable, cualquier rigor mayor del indispensable para asegurar su persona ha de ser severamente reprimido por la ley.

X. Ningún hombre debe ser molestado por razón de sus opiniones, ni aun por sus ideas religiosas, siempre que al manifestarlas no se causen trastornos del orden público establecido por la ley.

XI. Puesto que la libre comunicación de los pensamientos y opiniones es uno de los más valiosos derechos del hombre, todo ciudadano puede hablar, escribir y publicar libremente, excepto cuando tenga que responder del abuso de esta libertad en los casos determinados por la ley.

XII. Siendo necesaria una fuerza pública para garantizar los derechos del hombre y del ciudadano, se constituirá esta fuerza en beneficio de la comunidad, y no para el provecho particular de las personas a las que ha sido confiada.

XIII. Siendo necesaria, para sostener la fuerza pública y subvenir a los gastos de administración, una contribución común, ésta debe ser distribuida equitativamente entre los ciudadanos, de acuerdo con sus facultades.

XIV. Todo ciudadano tiene derecho, ya por sí mismo o por su representante, a constatar la necesidad de la contribución pública, a consentirla libremente, a comprobar su adjudicación y a determinar su cuantía, su modo de amillaramiento, su recaudación y su duración.

XV. La sociedad tiene derecho a pedir a todos sus agentes cuentas de su administración.

XVI. Una sociedad en la que la garantía de los derechos no está asegurada, ni la separación de poderes definida, no tiene Constitución.

XVII. Siendo inviolable y sagrado el derecho de propiedad, nadie podrá ser privado de él, excepto cuando la necesidad pública, legalmente comprobada, lo exige de manera evidente, y a la condición de una indemnización previa y justa.

En este texto y, partiendo de un análisis previo de lo que supuso este documento a posteriori, haciendo un balance general de las consecuencias y del complejo proceso histórico de la Revolución Francesa, expondré a continuación las consecuencias que, en mi humilde opinión, conllevó este documento histórico, de gran relevancia para el desarrollo de lo que hoy conocemos como Historia Contemporánea:

  1. En primer lugar, a pesar del peligro de resultar tedioso y redundante, es necesario recalcar la importante contribución de este documento fue la apertura de una vía revolucionaria de entender la sociedad, el poder político y la forma de acceder a él y el medio para eliminar, modificar y sustituirlo por otro nuevo, así como los roles sociales de la gente dentro de la misma y, lo más importante de todo, la implantación e interiorización de la posibilidad del cambio político relacionado íntimamente con la idea filosófico – política de progreso, herencia de la Ilustración. Ello sentó un precedente histórico, cuyas consecuencias (a todos los niveles) marcará los siguientes procesos revolucionarios de cambio en fases históricas posteriores, no sólo durante el siglo XIX, sino durante el XX e, incluso, en la actualidad.
  2. El segundo aspecto de especial importancia en este documento es la importancia histórica del mismo para el desarrollo de la Filosofía Política posterior, sobre todo, debido a las contribuciones del mismo en el desarrollo de la futura influencia de movimientos políticos tales como la democracia o el triunfo del liberalismo político, económico y social durante el siglo XIX. Esta declaración demostró y marcó un precedente histórico en el reformismo político y en la viabilidad histórica de subvertir un sistema político, mediante su previa desintegración o destrucción para, sobre sus cenizas, construir un nuevo sistema basado en un corpus legal sin precedente consuetudinario. Una vez subvertido, la necesidad de captación de la sociedad mediante las nuevas categorías legales de “ciudadano” otorgaba al nuevo sistema legitimidad social y, por ende, política, dentro de la misma Francia. La idea era crear un nuevo sistema legal uniforme que regulara de forma precisa y segura las desigualdades sociales, económicas y políticas y los fallos del propio sistema para para protegerse éste mediante la adhesión de la población debido a la protección e igualdad legal de la población que transfería su soberanía a los representantes, detentadores temporales del nuevo concepto filosófico – político, que daba cohesión y legitimidad al propio sistema: la soberanía nacional. La definición de la misma ,tanto durante la propia Revolución Francesa como posteriormente, es todavía sujeto de estudio y comprensión. La principal aportación al campo de la filosofía política de esta declaración es, por tanto, el concepto de representatividad (idea que ni siquiera a Rousseau terminaba de convencer). Dicho concepto permitía otorgar legitimidad a aquéllas formas de gobierno elegibles por la población, con el objetivo de involucrar a la población en dicho sistema que representa, en teoría, a todos los ciudadanos franceses, con el objetivo de ganarse su adhesión.
  3. Por último, este documento otorga un carácter legal a las reivindicaciones y aspiraciones del Tercer Estado: la abolición del Antiguo Régimen (el cuál es bautizado así a partir de este momento). Esta es, en teoría, la primera vez que ocurre en la historia (y recalco en teoría, debido a que la verdadera primera vez fue la Independencia de los Estados Unidos, encuadrada, sin embargo, en el derecho consuetudinario anglosajón, basado en la defensa de las tradiciones, por el cual las reivindicaciones coloniales suponían, no una traición, sino una reclamación de sus derechos como súbditos de la corona en una relación de igual tributación – igual representación política. Ésta es la razón por la que algunos historiadores se refieren a ese período como una “revolución conservadora”, alejada de las pretensiones de la Revolución Francesa, con el objetivo de protegerse del despotismo de Jorge III de Inglaterra). Un nuevo sistema político y legal, basado en la igualdad legal de los ciudadanos, reemplaza al anterior por medios violentos con el objetivo de reemplazar a la élite dominante por otra nueva, la burguesía. La desaparición de la sociedad estamental tan injusta y detestada, caracterizada por los abusos y la indefensión jurídica ante la ley y los poderosos, se ve sustituida por la nueva sociedad de clases, donde los diferencias y desigualdad legales y políticas no existen, pero sí las económicas. El dinero y el crecimiento y diferencias económicas son los nuevos privilegios, no sólo entre individuos y sociedades, sino también entre estados. La sustitución de una élite gobernante por otra no es un fenómeno nuevo en la historia, sí lo es sin embargo, la construcción de una nueva filosofía política y social así como de un sentimiento de unidad nacional ligado íntimamente al nuevo sistema político con el objetivo de lograr la adhesión social necesaria de la población para la implantación de la sociedad de clases por parte de la burguesía, haciendo creer a dicha población que los objetivos de la burguesía eran los suyos.

Se podría decir, en conclusión, que este documento asienta y consolida la búsqueda de una de las grandes aspiraciones del ser humano, la igualdad, y abre la ventana a un nuevos sistema político y a una nueva sociedad. La Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano marcó el comienzo de la Historia Contemporánea tal y como la entendemos en la actualidad.

 

Bibliografía

– Peter McPhee, The French Revolution 1789-1799.

– http://www.marxists.org/history/france/revolution/index.htm

– http://frda.stanford.edu/

– Paredes, Javier: Historia Universal Contemporánea.

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Autor: Miguel Campos

Licenciado en Historia por la Universidad Autónoma de Madrid en la especialidad de Historia Contemporánea.

6 pensamientos en “La importancia histórica de la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano

  1. Saludos desde México. Estoy muy interesado en seguir su blog –es decir, no tal o cual de los diversos temas que tratan, sino el conjunto de ellos. Espero mucho de la interacción entre ciencia, filosofía, historia y arte cuando se entrelazan con los problemas vivos, calientes y generales de los tiempos que enfrentamos. La cosa es ambiciosa; por lo mismo, no espero frutos espectaculares a corto plazo. En lo que a mí se refiere, tras muchos años en la intersección de filosofía, ciencias sociales y activismo social, actualmente estoy centrado en la discusión que se viene dando en las ciencias cognitivas, promovida por los opositores a lo que en su blog llaman “cerebrocentrismo”, con la perspectiva de aclararme cómo y por qué se desarrolla la actividad específicamente humana, en especial la lucha entre grupos y colectivos. Ojalá que pueda contribuir en algo a entretejer sus diferentes contribuciones en beneficio de todos, sea con comentarios puntuales o, eventualmente, con alguna exposición más extensa. Hasta pronto.

    • En primer lugar, saludos desde España y muchas gracias por su voto de confianza y por seguir nuestro blog. Este proyecto que comenzó hace casi un año tiene, en efecto, unos objetivos quizá demasiado ambiciosos para el espacio tan limitado de un blog colaborativo. Todos los que escribimos aquí tenemos otras obligaciones ajenas a él y sería nuestro mayor deseo dedicar de forma completa nuestro tiempo al desarrollo y perfeccionamiento del mismo, sin embargo, las entradas del blog en muchos casos van separadas por períodos de tiempo demasiado espaciados. La idea y objetivo principal apareció como una necesidad casi impuesta de intentar aportar una visión lo más precisa posible de multitud de temas (no sólo de Historia, sino de Arte o Ciencia, como muy bien ha comentado), debido a nuestra presencia en un mundo globalizado, saturado de información, la tarea de separar “la paja del grano como decimos aquí” se presentaba como la principal labor que un historiador o cualquier estudioso de las Ciencias Sociales debería realizar. Es un alegato al pensamiento crítico y a la necesidad de aplicarlo en el momento presente para crear una conciencia activa y realista sobre las bases de nuestra historia actual, no un mero discurso propagandista. Estoy personalmente entusiasmado y agradecido por que sigue nuestro blog.

      En cuanto a los temas que ha mencionado o relacionados con cualquier otro, sería un gran honor que compartiese con nosotros a través de esta plataforma lo que considere oportuno sobre ellos. De hecho, si quiere compartir cualquier publicación suya o de especial relevancia sería de gran interés para todos nosotros. Muchas gracias y hasta pronto.

    • Reitero los agradecimientos de mi compañero Miguel. Los tema que plantea son de mucho interés y por ello mismo muy difíciles de tratar y de clarificar, pero todo lo que signifiquen aportaciones y elementos para el debate se agradecen. Si está interesado en lo del cerebrocentrismo le aconsejo que lea “El mito del cerebro creador. Cuerpo, conducta y cultura (Alianza Editorial, Madrid 2011)”, de Marino Pérez Álvarez, y que vea estas conferencias: http://www.fgbueno.es/act/efo013.htm También le dejo por si le es de interés un artículo que publiqué el mes pasado relacionado con el tema y que puede consultar en este enlace: http://www.nodulo.org/ec/2014/n149p09.htm

      Saludos cordiales y hasta pronto.

  2. Este mismo año, en Estados Unidos se publicó un libro en el que su autora, Danielle Ellen, se pronuncia por una nueva interpretación de la Declaración de Independencia de aquel país. Al igual que hace Miguel con la declaración francesa, Danielle destaca el valor de “la igualdad”, aunque poniendo énfasis en la igualdad de acceso a los instrumentos de decisión política ¿Qué tan significativa es esta coincidencia, no sólo en cuanto a destacar “la igualdad”, sino también en cuanto a volver sobre las declaraciones y manifiestos en cierto sentido fundamentales y a reclamar una nueva comprensión de ellos? ¿No tiene algo que ver con lo que hay de común entre Occupy y “los indignados”, es decir, con las resistencias de “los de abajo” contra las acciones para enfrentar la crisis por parte de quienes tienen en sus manos el control de las instituciones?
    Parece ser que el libro de Danielle tocó fibras sensibles, porque no tardó en aparecer una crítica contra él en una de las publicaciones más prestigiadas (abajo pongo la referencia). Aunque el crítico le reconoce méritos –faltaba más–, afirma que el concepto de “igualdad” que esgrime Danielle se queda corto en comparación con el que ya sostenía Thomas Jefferson (!!). Más que la discusión entre los significados de “igualdad” de unos y otros (que no cabe aquí), me interesa señalar el hecho de que ese significado se ponga a discusión en uno y otro país, en estos “temps modernes” y a partir de dos de sus documentos más emblemáticos.
    Pero hay otra “coincidencia” más, que tiene que ver con el artículo de Emmanuel vs el cerebrocentrismo y que vale para cualquier “palabra clave”, incluso para cuándo es que una palabra es clave o no. La discusión actual en las ciencias cognitivas ha abierto de nuevo el problema de cómo y por qué es que los seres humanos le damos tal o cual significado a las cosas, a los estados de cosas y a las acciones y procesos que vivimos. La búsqueda por resolver este problema remitiéndonos “al cerebro y sólo al cerebro” está siendo rebasada por todos lados, destacándose cada vez más fuertemente las búsquedas que remiten a integrar también la acción, las prácticas y la situación.
    Se ve de inmediato que el significado de “la igualdad” resulta un caso particularmente crucial. No es, desde luego, que se rediscuta porque se le quiera aplicar o poner a prueba tal o cual teoría científica. Pero es cierto que la discusión de ciertas teorías contrarias a las del cerebrocentrismo promueven y facilitan la discusión del significado que se la daba o que se le da a “la igualdad” cuando ésta se pone sobre la mesa. Y me parece claro que Danielle se mueve en una situación en la que difícilmente puede ser ajena a las discusiones más teóricas.
    ¿A dónde me lleva todo esto? Creo que deberíamos considerar la posibilidad de echarle más leña a esta discusión de tres formas: 1) tomar las discusiones de Danielle y de Miguel como una sola discusión que está desarrollándose hoy y sigue abierta. Por ejemplo: ¿hay diferencias significativas entre ellos?; si las hay, ¿qué relación tienen con su coincidencia?; 2) tomar esta discusión no sólo como continuación, como ellos mismos sostienen, de las de la Independencia estadounidense y la Revolución francesa, sino también de las de otros manifiestos y declaraciones que no son menos clásicos que los anteriores, pero que están en tensión más y menos conflictiva con ellos; y 3) tomar como una referencia en esta relectura la pregunta que se está avanzando en plantear y responder en las ciencias cognitivas –cómo y por qué le damos tal o cual significado a las cosas, acciones, procesos–; en particular, prestar atención al enfoque situado sobre esta pregunta, que nos compromete a buscar los aspectos “clave” de la situación (necesidades, recursos, conflictos) en la que se produjeron esas declaraciones. (Para fines de mes podré hacer un comentario a la entrada de Emmanuel en el que espero aclarar este punto).
    Va, pues, finalmente, el vínculo a la reseña crítica del libro de Danielle y, por tanto, también a su libro. De éste y de la autora hay más información en la Wiki en inglés.
    http://www.nybooks.com/articles/archives/2014/aug/14/different-idea-our-declaration/
    Un saludo
    Javier

    • He leído las interesantísimas aportaciones de tu comentario con respecto al debate historiográfico, histórico y social que existe sobre la igualdad y no podría estar más de acuerdo. Esa es la gran importancia de esos documentos históricos, su idoneidad para cualquier momento histórico y la relevancia e incluso veneración de los objetivos que perseguían y que todavía se persiguen. No es de extrañar, por tanto, que estén sujetos a continuos enfoques, discusiones, reinterpretaciones y alabanzas a partes iguales, al fin y al cabo, han configurado el modo en que el ser humano político contemporáneo se ve así mismo y a los demás y marca el modo de relacionarse con el mundo, siendo (como ya defendí en el artículo) la igualdad más que la libertad. Aún siendo estos conceptos muy etéreos, poseen diferentes significados en cada contexto, lo que se relaciona con la teoría que proponías en tu último comentario acerca de la evidente limitación del “cerebrocentrismo” como dogma científico. Vuelvo a reiterar las gracias por tus aportaciones y por las reseñas del libro citado. Muchas gracias y ¡hasta pronto!

      Un saludo,
      Miguel

  3. todo esto esta bueno pero me gustaría mas resumido

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