El baúl de Pandora

Reservado para los que deseen abrir su mente

El Greco y su apego a la realidad

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A pesar de tener mis reticencias acerca de ir a ver la exposición del Greco que se realiza en Toledo este año 2014, conmemorando el 4º centenario de su muerte, y teniendo en cuenta el carácter algo desordenado de la exposición (tarea ardua y difícil de planificar, es cierto, debido a la polefacética labor artística de este autor), sí se debe reconocer la gran labor, no sólo académica, de recoger en la ciudad de acogida (compartiendo ese honor con Venecia y Roma, aunque será Toledo la principal durante más tiempo) de Doménikos Theotokópoulos, gran parte de la totalidad de su obra. Además de reunir en el Museo de Santa Cruz el grueso de su producción artística, se han abierto al público de forma más general espacios, para los cuáles se realizaron originariamente retablos o cuadros (siendo un ejemplo el Convento de Santo Domingo el Antiguo para el cuál se realizó “La Asunción de la Virgen” de 1577 encontrándose esta obra en la actualidad en el Art Institute of Chicago), y espacios reabiertos al público expresamente para esta exposición como es el caso de la capilla de San José siendo la obra “San José y el niño Jesús” la principal pieza de esa iglesia toledana, en proceso de restauración hasta este momento.

La idea de esta entrada no es ni mucho menos realizar un repaso artístico y cronológico de la vida de este gran artista. Simplemente quería transmitir la sensación que me produjeron dos de sus obras, quizás no las más estudiadas ni conocidas por la gente. He de admitir que mis reticencias hacia este autor eran numerosas, basadas quizás en el desconocimiento y en el acercamiento a sus obras en una época de mi vida carente de sensibilidad artística. He de reconocer mi error sin embargo y admitir que estaba profundamente equivocado y que esta exposición me ha abierto los ojos hasta límites desconocidos. Las grandes obras del Grego como “El entierro del Conde de Orgaz” o “Vista de Toledo” han sido de sobra estudiadas y no me voy a detener en ellas. Las dos obras que más me impactaron fueron éstas dos:

El primero de ellos es de 1570 y se titula “El soplón”, siendo la principal característica el uso de la luz y el color con rastros (aunque parece ser que no hubo contacto entre ambos) de esa técnica y estilo artístico que popularizó su contemporáneo Caravaggio: el tenebrismo. El tema central del cuadro se centra en el uso tan inteligente que hace del color para mostrar las variantes de la luz dependiendo del volumen y la posición de la propia figura. El Greco aisla a esta figura individual y consigue una cercanía con el espectador de forma natural e inocente, mediante la luz y la perspectiva baja, denominada “sotto in su”. Actualmente esta obra se encuentre en Nápoles, en el Museo Nazionale di Capodimonte.

El segundo se trata de la “Magdalena penitente” de 1576, localizada actualmente en Budapest, en el Szépmüvészeti Múzeum. Al parecer, los estudios revelan que esta obra fue realizada durante su estancia en Venecia donde conoció a Tiziano. Algunos argumentos para las diferentes dataciones son: el paisaje de lagunas y el recipiente de cristal veneciano del siglo XVI hacen referencia a Venecia; paralelismos con la obra de Tiziano debido a la monumentalidad de la concepción de las figuras como por la posición de la mano derecha (que posteriormente veremos en la obra “Retrato del caballero de la mano en el pecho“, también del Greco), siendo de hecho este cuadro una reinterpretación de la Magdalena penitente realizada por Tiziano en 1561; así como la interpretación sensual de Magdalena, lo que aleja la realización del cuadro fuera de España, donde realizará las figuras de las santas de una forma más recatada, siendo un ejemplo “La Magdalena Penitente” de este mismo autor pero realizada a comienzos de la década de 1580 que muestra un grado de espiritualidad y devoción mayor, más acorde con el espíritu contrarreformista español. La Magdalena del Greco expresa a través de esas facciones delicadas un sentimiento de soledad y desorientación vital, tanto desde el punto de vista espiritual o devocional como desde el terrenal, que es imposible no identificarse con ella en algún momento.

Ambos transmiten una sensación de cotidianidad, cercanía e inocencia, más cercana al mundo terrenal, más cercana a la realidad y a la gente. Esa sensación, al menos para mí, consigue conectar emocionalmente con el espectador y expresar las emociones humanas de una forma tan personal, única en este artista, a través de estas dos obras, quizás no tan conocidas. Gracias a su contemplación me ha permitido valorar de una forma más personal y artística la labor de este gran artista renacentista, subversivo y enfrentado a los cánones de su tiempo, que tuvo que esperar 3 siglos y medio para que su obra, desde el punto de vista psicológico y artístico, conecte de forma plena con el irredentismo emocional del mundo contemporáneo, tan necesitado de esquemas intelectuales y mentales más acordes con el futuro que con el pasado.

Bibliografía

– Wikipedia.

– Scholz-Hänsel, Michael: El Greco. Ed. Taschen. China. 2014.

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Autor: Miguel Campos

Licenciado en Historia por la Universidad Autónoma de Madrid en la especialidad de Historia Contemporánea.

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