El baúl de Pandora

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La importancia histórica de la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano

Todos hemos oído hablar de este gran documento. Ha sido ensalzado en libros, en películas (de dudosa o no veracidad histórica). Ha sido vilipendiada, maltratada y empleada para fines que no responden a los prigimenios de su origen. Ha sido utilizada para justificar lo injustificable y para guiar a los buscan legitimidad en sus justas reivindicaciones políticas, filosóficas y sociales. Pero, ¿fue realmente tan importante? ¿Marcó un antes y un después? ¿Para beneficio de quién y con qué objetivos? ¿En perjuicio de quién? ¿Fue realmente la Biblia del progreso político, salvador de todos los males, o un experimento fallido que terminó en uno de los procesos revolucionarios más sangrientos de la Historia como sus detractores afirman insistentemente? Pues ni lo uno ni lo otro, si algo caracteriza a la Historia es la gran variedad de grises que siempre nos enseña. Estos son los principales artículos de dicha Declaración:

I. Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en cuanto a sus derechos. Las distinciones civiles sólo podrán fundarse en la utilidad pública.

II. La finalidad de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles del hombre. Esos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión.

III. La fuente de toda soberanía reside esencialmente en la Nación; ningún individuo ni ninguna corporación pueden ser revestidos de autoridad alguna que no emane directamente de ella.

IV. La libertad consiste en poder hacer todo aquello que no cause perjuicio a los demás. El ejercicio de los derechos naturales de cada hombre, no tiene otros límites que los que garantizan a los demás miembros de la sociedad el disfrute de los mismos derechos. Estos límites sólo pueden ser determinados por la ley.

V. La ley sólo puede prohibir las acciones que son perjudiciales a la sociedad. Lo que no está prohibido por la ley no puede ser impedido. Nadie puede verse obligado a aquello que la ley no ordena.

VI. La ley es expresión de la voluntad de la comunidad. Todos los ciudadanos tienen derecho a colaborar en su formación, sea personalmente, sea por medio de sus representantes. Debe ser igual para todos, sea para proteger o para castigar. Siendo todos los ciudadanos iguales ante ella, todos son igualmente elegibles para todos los honores, colocaciones y empleos, conforme a sus distintas capacidades, sin ninguna otra distinción que la creada por sus virtudes y conocimientos.

VII. Ningún hombre puede ser acusado, arrestado y mantenido en confinamiento, excepto en los casos determinados por la ley, y de acuerdo con las formas por ésta prescritas. Todo aquél que promueva, solicite, ejecute o haga que sean ejecutadas órdenes arbitrarias, debe ser castigado, y todo ciudadano requerido o aprendido por virtud de la ley debe obedecer inmediatamente, y se hace culpable si ofrece resistencia.

VIII. La ley no debe imponer otras penas que aquéllas que son estricta y evidentemente necesarias; y nadie puede ser castigado sino en virtud de una ley promulgada con anterioridad a la ofensa y legalmente aplicada.

IX. Todo hombre es considerado inocente hasta que ha sido declarado convicto. Si se estima que su arresto es indispensable, cualquier rigor mayor del indispensable para asegurar su persona ha de ser severamente reprimido por la ley.

X. Ningún hombre debe ser molestado por razón de sus opiniones, ni aun por sus ideas religiosas, siempre que al manifestarlas no se causen trastornos del orden público establecido por la ley.

XI. Puesto que la libre comunicación de los pensamientos y opiniones es uno de los más valiosos derechos del hombre, todo ciudadano puede hablar, escribir y publicar libremente, excepto cuando tenga que responder del abuso de esta libertad en los casos determinados por la ley.

XII. Siendo necesaria una fuerza pública para garantizar los derechos del hombre y del ciudadano, se constituirá esta fuerza en beneficio de la comunidad, y no para el provecho particular de las personas a las que ha sido confiada.

XIII. Siendo necesaria, para sostener la fuerza pública y subvenir a los gastos de administración, una contribución común, ésta debe ser distribuida equitativamente entre los ciudadanos, de acuerdo con sus facultades.

XIV. Todo ciudadano tiene derecho, ya por sí mismo o por su representante, a constatar la necesidad de la contribución pública, a consentirla libremente, a comprobar su adjudicación y a determinar su cuantía, su modo de amillaramiento, su recaudación y su duración.

XV. La sociedad tiene derecho a pedir a todos sus agentes cuentas de su administración.

XVI. Una sociedad en la que la garantía de los derechos no está asegurada, ni la separación de poderes definida, no tiene Constitución.

XVII. Siendo inviolable y sagrado el derecho de propiedad, nadie podrá ser privado de él, excepto cuando la necesidad pública, legalmente comprobada, lo exige de manera evidente, y a la condición de una indemnización previa y justa.

En este texto y, partiendo de un análisis previo de lo que supuso este documento a posteriori, haciendo un balance general de las consecuencias y del complejo proceso histórico de la Revolución Francesa, expondré a continuación las consecuencias que, en mi humilde opinión, conllevó este documento histórico, de gran relevancia para el desarrollo de lo que hoy conocemos como Historia Contemporánea:

  1. En primer lugar, a pesar del peligro de resultar tedioso y redundante, es necesario recalcar la importante contribución de este documento fue la apertura de una vía revolucionaria de entender la sociedad, el poder político y la forma de acceder a él y el medio para eliminar, modificar y sustituirlo por otro nuevo, así como los roles sociales de la gente dentro de la misma y, lo más importante de todo, la implantación e interiorización de la posibilidad del cambio político relacionado íntimamente con la idea filosófico – política de progreso, herencia de la Ilustración. Ello sentó un precedente histórico, cuyas consecuencias (a todos los niveles) marcará los siguientes procesos revolucionarios de cambio en fases históricas posteriores, no sólo durante el siglo XIX, sino durante el XX e, incluso, en la actualidad.
  2. El segundo aspecto de especial importancia en este documento es la importancia histórica del mismo para el desarrollo de la Filosofía Política posterior, sobre todo, debido a las contribuciones del mismo en el desarrollo de la futura influencia de movimientos políticos tales como la democracia o el triunfo del liberalismo político, económico y social durante el siglo XIX. Esta declaración demostró y marcó un precedente histórico en el reformismo político y en la viabilidad histórica de subvertir un sistema político, mediante su previa desintegración o destrucción para, sobre sus cenizas, construir un nuevo sistema basado en un corpus legal sin precedente consuetudinario. Una vez subvertido, la necesidad de captación de la sociedad mediante las nuevas categorías legales de “ciudadano” otorgaba al nuevo sistema legitimidad social y, por ende, política, dentro de la misma Francia. La idea era crear un nuevo sistema legal uniforme que regulara de forma precisa y segura las desigualdades sociales, económicas y políticas y los fallos del propio sistema para para protegerse éste mediante la adhesión de la población debido a la protección e igualdad legal de la población que transfería su soberanía a los representantes, detentadores temporales del nuevo concepto filosófico – político, que daba cohesión y legitimidad al propio sistema: la soberanía nacional. La definición de la misma ,tanto durante la propia Revolución Francesa como posteriormente, es todavía sujeto de estudio y comprensión. La principal aportación al campo de la filosofía política de esta declaración es, por tanto, el concepto de representatividad (idea que ni siquiera a Rousseau terminaba de convencer). Dicho concepto permitía otorgar legitimidad a aquéllas formas de gobierno elegibles por la población, con el objetivo de involucrar a la población en dicho sistema que representa, en teoría, a todos los ciudadanos franceses, con el objetivo de ganarse su adhesión.
  3. Por último, este documento otorga un carácter legal a las reivindicaciones y aspiraciones del Tercer Estado: la abolición del Antiguo Régimen (el cuál es bautizado así a partir de este momento). Esta es, en teoría, la primera vez que ocurre en la historia (y recalco en teoría, debido a que la verdadera primera vez fue la Independencia de los Estados Unidos, encuadrada, sin embargo, en el derecho consuetudinario anglosajón, basado en la defensa de las tradiciones, por el cual las reivindicaciones coloniales suponían, no una traición, sino una reclamación de sus derechos como súbditos de la corona en una relación de igual tributación – igual representación política. Ésta es la razón por la que algunos historiadores se refieren a ese período como una “revolución conservadora”, alejada de las pretensiones de la Revolución Francesa, con el objetivo de protegerse del despotismo de Jorge III de Inglaterra). Un nuevo sistema político y legal, basado en la igualdad legal de los ciudadanos, reemplaza al anterior por medios violentos con el objetivo de reemplazar a la élite dominante por otra nueva, la burguesía. La desaparición de la sociedad estamental tan injusta y detestada, caracterizada por los abusos y la indefensión jurídica ante la ley y los poderosos, se ve sustituida por la nueva sociedad de clases, donde los diferencias y desigualdad legales y políticas no existen, pero sí las económicas. El dinero y el crecimiento y diferencias económicas son los nuevos privilegios, no sólo entre individuos y sociedades, sino también entre estados. La sustitución de una élite gobernante por otra no es un fenómeno nuevo en la historia, sí lo es sin embargo, la construcción de una nueva filosofía política y social así como de un sentimiento de unidad nacional ligado íntimamente al nuevo sistema político con el objetivo de lograr la adhesión social necesaria de la población para la implantación de la sociedad de clases por parte de la burguesía, haciendo creer a dicha población que los objetivos de la burguesía eran los suyos.

Se podría decir, en conclusión, que este documento asienta y consolida la búsqueda de una de las grandes aspiraciones del ser humano, la igualdad, y abre la ventana a un nuevos sistema político y a una nueva sociedad. La Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano marcó el comienzo de la Historia Contemporánea tal y como la entendemos en la actualidad.

 

Bibliografía

– Peter McPhee, The French Revolution 1789-1799.

– http://www.marxists.org/history/france/revolution/index.htm

– http://frda.stanford.edu/

– Paredes, Javier: Historia Universal Contemporánea.

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El Greco y su apego a la realidad

A pesar de tener mis reticencias acerca de ir a ver la exposición del Greco que se realiza en Toledo este año 2014, conmemorando el 4º centenario de su muerte, y teniendo en cuenta el carácter algo desordenado de la exposición (tarea ardua y difícil de planificar, es cierto, debido a la polefacética labor artística de este autor), sí se debe reconocer la gran labor, no sólo académica, de recoger en la ciudad de acogida (compartiendo ese honor con Venecia y Roma, aunque será Toledo la principal durante más tiempo) de Doménikos Theotokópoulos, gran parte de la totalidad de su obra. Además de reunir en el Museo de Santa Cruz el grueso de su producción artística, se han abierto al público de forma más general espacios, para los cuáles se realizaron originariamente retablos o cuadros (siendo un ejemplo el Convento de Santo Domingo el Antiguo para el cuál se realizó “La Asunción de la Virgen” de 1577 encontrándose esta obra en la actualidad en el Art Institute of Chicago), y espacios reabiertos al público expresamente para esta exposición como es el caso de la capilla de San José siendo la obra “San José y el niño Jesús” la principal pieza de esa iglesia toledana, en proceso de restauración hasta este momento.

La idea de esta entrada no es ni mucho menos realizar un repaso artístico y cronológico de la vida de este gran artista. Simplemente quería transmitir la sensación que me produjeron dos de sus obras, quizás no las más estudiadas ni conocidas por la gente. He de admitir que mis reticencias hacia este autor eran numerosas, basadas quizás en el desconocimiento y en el acercamiento a sus obras en una época de mi vida carente de sensibilidad artística. He de reconocer mi error sin embargo y admitir que estaba profundamente equivocado y que esta exposición me ha abierto los ojos hasta límites desconocidos. Las grandes obras del Grego como “El entierro del Conde de Orgaz” o “Vista de Toledo” han sido de sobra estudiadas y no me voy a detener en ellas. Las dos obras que más me impactaron fueron éstas dos:

El primero de ellos es de 1570 y se titula “El soplón”, siendo la principal característica el uso de la luz y el color con rastros (aunque parece ser que no hubo contacto entre ambos) de esa técnica y estilo artístico que popularizó su contemporáneo Caravaggio: el tenebrismo. El tema central del cuadro se centra en el uso tan inteligente que hace del color para mostrar las variantes de la luz dependiendo del volumen y la posición de la propia figura. El Greco aisla a esta figura individual y consigue una cercanía con el espectador de forma natural e inocente, mediante la luz y la perspectiva baja, denominada “sotto in su”. Actualmente esta obra se encuentre en Nápoles, en el Museo Nazionale di Capodimonte.

El segundo se trata de la “Magdalena penitente” de 1576, localizada actualmente en Budapest, en el Szépmüvészeti Múzeum. Al parecer, los estudios revelan que esta obra fue realizada durante su estancia en Venecia donde conoció a Tiziano. Algunos argumentos para las diferentes dataciones son: el paisaje de lagunas y el recipiente de cristal veneciano del siglo XVI hacen referencia a Venecia; paralelismos con la obra de Tiziano debido a la monumentalidad de la concepción de las figuras como por la posición de la mano derecha (que posteriormente veremos en la obra “Retrato del caballero de la mano en el pecho“, también del Greco), siendo de hecho este cuadro una reinterpretación de la Magdalena penitente realizada por Tiziano en 1561; así como la interpretación sensual de Magdalena, lo que aleja la realización del cuadro fuera de España, donde realizará las figuras de las santas de una forma más recatada, siendo un ejemplo “La Magdalena Penitente” de este mismo autor pero realizada a comienzos de la década de 1580 que muestra un grado de espiritualidad y devoción mayor, más acorde con el espíritu contrarreformista español. La Magdalena del Greco expresa a través de esas facciones delicadas un sentimiento de soledad y desorientación vital, tanto desde el punto de vista espiritual o devocional como desde el terrenal, que es imposible no identificarse con ella en algún momento.

Ambos transmiten una sensación de cotidianidad, cercanía e inocencia, más cercana al mundo terrenal, más cercana a la realidad y a la gente. Esa sensación, al menos para mí, consigue conectar emocionalmente con el espectador y expresar las emociones humanas de una forma tan personal, única en este artista, a través de estas dos obras, quizás no tan conocidas. Gracias a su contemplación me ha permitido valorar de una forma más personal y artística la labor de este gran artista renacentista, subversivo y enfrentado a los cánones de su tiempo, que tuvo que esperar 3 siglos y medio para que su obra, desde el punto de vista psicológico y artístico, conecte de forma plena con el irredentismo emocional del mundo contemporáneo, tan necesitado de esquemas intelectuales y mentales más acordes con el futuro que con el pasado.

Bibliografía

– Wikipedia.

– Scholz-Hänsel, Michael: El Greco. Ed. Taschen. China. 2014.