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Historia de la Ciencia Española (II)

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Seguimos con esta nueva entrada con el repaso, inaugurado la semana pasada, de las entradas dedicadas a la ciencia española. En esta ocasión veremos un poco de la producción científica española durante el Renacimiento.

El Renacimiento español

En el siglo XVI, el Siglo de Oro de nuestra ciencia, es un siglo muy importante para la producción científica española, pues podemos ver cómo maduran ahora todos los conocimientos adquiridos en los siglos anteriores. Unos conocimientos que serán ampliados con creces y que tras descubrimiento de América provocarán cambios considerables en la mentalidad científica europea, como señalamos al final de la entrada anterior. Un ejemplo destacado es el hecho de la circunnavegación del globo terráqueo de Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano finalizada el 6 de septiembre de 1522 , que demostró la teoría de la esfericidad de la Tierra, uno de los logros más importantes y significativos de la ciencia española de este siglo. Es el inicio de la Nueva Ciencia.

Ruta seguida por la expedición de Magallanes y Elcano

Ruta seguida por la expedición de Magallanes y Elcano

Así mismo los españoles Pedro de Medina y Martín Cortés escribieron tratados de navegación de gran calidad que se difundieron por toda Europa dando cuerpo a esta disciplina, por eso se puede decir con Guillén Tato que “Europa aprendió a navegar en libros españoles”. Martín Cortés, por ejemplo, desarrolló el concepto de polo magnético para resolver algunos problemas para la navegación. Fue también obra de un español en esta época el primer libro que se publicó en el mundo sobre ingeniería naval, la Instrucción náutica (1587) de Diego García de Palacio, en México. Jerónimo Muñoz, siguiendo críticas ya hechas en el siglo anterior, también realizó una importante crítica a la concepción aristotélica del mundo en cuanto la inmutabilidad de éste. Con sus propias observaciones de la nova (cometa) en 1572 demostró que estaba situada en el mundo celeste y que, por tanto, se producían cambios en él. Esto fue otro toque de origen español que llevó a la nueva astronomía. Por otra parte, en España fue en el único país europeo en el siglo XVI donde, en 1561, se incluyó la obra de Copérnico en los Estatutos de una universidad, en este caso en la Universidad de Salamanca. Además, en In Iob commentaria (1584) Diego de Zúñiga defiende el sistema copernicano y dice que no es contrario a las Escrituras, además de superior a los sistemas antiguos -aunque en escritos posteriores, quizá por presiones de Roma, reformaría un tanto su opinión-.

Diego López de Zúñiga

Diego López de Zúñiga

Así mismo muchos españoles participaron en la reforma del calendario gregoriano. Los hermanos catalanes Juan y Pedro Roget fueron de los primeros en construir anteojos astronómicos. En la mayor parte de descubrimientos náuticos tuvo mucha importancia la Casa de Contratación de Sevilla, creada en 1503. Fue  esta uno de los grandes centros de ciencia aplicada en toda Europa de la época, tanto en producción científica, como en cartográfica, así como en la enseñanza, la formación científica de los pilotos de navíos. Las escuelas de artillería e ingeniería militar no fueron a la zaga.

El descubrimiento de América también dio nuevo impulso a la geografía matemática de Tolomeo, caracterizada por dar la latitud y longitud de cada lugar o accidente. Dos figuras importantes en este campo, y en otros, fueron Antonio de Nebrija y Miguel Servet. Juan de la Costa por su parte realizó un mapamundi en 1500, en el que por primera vez se dibujaba a América -aunque aún no tenía este nombre, como un continente. También es de destacar el importante mapa de Ribero de 1529, considerado por G. R. Crone como la contribución hispánica fundamental a la cartografía del mundo en esa época. Por otra parte, los descubrimientos geográficos, hasta la creación del Consejo de Indias (1524) fueron mayormente de iniciativa particular. López de Velasco, a cargo del Consejo de Indias, redactó una Geografía y Descripción Universal de las Indias, que terminó en 1574. Se realizaron numerosas expediciones científicas para conocer la flora y la fauna americanas, con fines médicos y agropecuarios, además del puro interés científico. Se pasó así de una etapa de estudios meramente descriptivos a otra de análisis científico de la naturaleza y las poblaciones americanas. Destaca también la obra de José de Acosta Historia natural y moral de las Indias de 1590.

Historia Natural y Moral de las Indias de José de Acosta

Historia Natural y Moral de las Indias de José de Acosta

Los textos españoles de historia natural, como los de Acosta, traducida a seis idiomas con 32 ediciones, o la Historia General y Natural de las Indias de Gonzálo Fernández de Oviedo, con 15 ediciones en cinco idiomas, tuvieron gran difusión e importancia científica. El propio Darwin señalaría la importancia de estos trabajos. La obra de Monardes también llegó a 42 ediciones en seis lenguas. El libro de Juan Gonzáles de Mendoza sobre China (1585) también tuvo en menos de un siglo 54 ediciones en siete idiomas. Bernardino de Sahagún escribe en náhuatl entre 1558 y 1569 su Historia general de las cosas de Nueva España, considerado por su método como uno de los más importantes antecedentes de la antropología cultural. Es una obra etnológica y lingüística. La obra de Diego de Landa, Relación de las cosas del Yucatán, tiene también mucha importancia para el conocimiento de la cultura maya, de la misma índole que la de Sahagún para la mexicana.

En el aspecto técnico, el Renacimiento español tuvo como mayor acicate la explotación minerometalúrgica. Una vez que en la península los metales de alta ley estaban casi agotados, la explotación de los de mediana y baja sólo podían ser rentables con la aplicación de las técnicas de extracción y refinamiento adecuados. Por otra parte los territorios americanos eran ricos en metales y minerales, lo que favoreció también el desarrollo de las técnicas correspondientes, como los métodos de amalgamación. Pero se debe tener cuidado y no simplificar sobremanera la complejidad de los procesos por los que se llegó al desarrollo de los métodos de beneficio, no fueron producto de un o unos descubrimientos clave. Fueron bastantes sus progresos, como el beneficio de patio desarrollado por Bartolomé de Medina en Pachuca (1555) para las minas de plata mexicanas. También hay que destacar la adaptación de las técnicas de amalgamación para las tierras peruanas por Pedro Fernández Velasco (1569), la mejora posterior de las técnicas de amalgamación que realizó Juan Capellín (1576), y Carlos Gorzo (1587) volvería a mejorarlas. También fue muy importante la invención del método de amalgamación en caliente, de Álvaro Alonso Barba (1590), junto con la mejora de los hornos, llamados “de javecas” para la destilación de los minerales, por Pedro Contreras (1596), y también los “buscolines”, inventados por Lope Saavedra Barba.

Arte de los Metales de Alonso Barba

Arte de los Metales de Alonso Barba

Todos estos desarrollos técnicos y consiguientemente teóricos fueron sistematizados en el Arte de los metales de Álvaro Alonso Barba, publicado ya en pleno siglo XVII, en 1640, uno de los libros minerometalúrgicos más importantes de este tipo, que tuvo varias ediciones y fue traducido a varias lenguas y usado hasta el siglo XVIII (reimpreso en España tres veces, y con cuatro ediciones inglesas, ocho alemanas y cuatro francesas).

También se desarrollaron métodos químicos nuevos para la determinación de la ley de las monedas. Las técnicas de los ensayadores en las cecas, las casas de acuñación de moneda, fueron muy fértiles para el pronto desarrollo de técnicas químicas posteriores. El más destacado en este terreno fue Juan de Arfe Villafañe, ensayador segoviano, y autor de Quilatador de la plata, oro y piedras (1572, también con varias reediciones), que fue la primera monografía en toda Europa sobre el tema. Lo mismo puede decirse del libro de Diego de Santiago Arte separatoria, dedicado a la destilación (entendida entonces como la obtención de productos por procedimientos químicos). Y lo mismo puede decirse respecto al nivel de la producción científica (teórica y técnica) respecto a la artillería y la ingeniería militar.

No podemos dejar de mencionar la creación en 1582 de la primera academia científica en toda Europa, la Academia de Matemáticas en Madrid, a cargo de Juan de Herrera, aunque sólo fue un organismo independiente durante poco más de medio siglo, después sería absorbida por el Consejo de Indias. En ella se enseñaban materias de carácter teórico (matemáticas, astronomía, mecánica, geografía), pero sus principales preocupaciones fueron de tipo técnico, sobre todo en lo relativo a la ingeniería civil, el arte de navegar y la fortificación. En ella trabajaron científicos de la talla de Juan Cedillo Díaz y Andrés García de Céspedes.

Hay que distinguir las dos formas de entender las matemáticas en el momento, bien como una ciencia dedicada a la teoría, bien como una ciencia con aplicaciones prácticas en muchos campos de actividad económica y técnica. La primera vertiente tenía el inconveniente de estar escrita en latín, lo que suponía que iba dirigida a un grupo reducido de científicos, la minoría universitaria. Por ello su mayor auge fue de finales del siglo XV a la primera mitad del XVI (aunque tuvo claramente continuidad posterior). Quizá la figura más destacada en este periodo fue Pedro Sánchez Ciruelo, cuyas obras matemáticas tuvieron diecinueve ediciones en España y Francia. Juan Pérez Moya también destaca como matemático teórico, con su Arithmetica practica y especulativa en 1562, libro que recomienda el neerlandés Simón Stevin, el mejor aritmético de la época, para el estudio de la regla de tres y la cita al exponer la raíz cúbica. En España tuvo muchísimo más desarrollo la segunda vertiente, aunque, como bien se sabe, teoría y praxis no pueden disociarse aunque sí distinguirse. El cálculo mercantil fue un importante acicate; el más destacado en este campo, de los muchos que hubo, es Tratado subtilissimo de Arismética y de Geometría, de Juan de Ortega en 1512 (cinco reediciones en España, fue el primer texto de aritmética comercial publicado en Francia (1515) y en Italia (1522)), que además contiene un aporte teórico, un método para la aproximación de raíces.

La Física y la Filosofía Natural eran usados como sinónimos hasta la época moderna, porque la física como la conocemos hoy no existía en ese momento. Si bien fue de esta disciplina previa de donde salió la física posterior. A ello contribuyeron las críticas a las teorías aristotélicas, sobre todo las relativas al movimiento local en la Baja Edad Media. Un grupo de españoles muy destacado realizaron críticas a dicha concepción. Las realizaron desde universidades en París, pero también desde Salamanca, Alcalá y Valladolid en Castilla, y desde Valencia y Zaragoza en Aragón. Cabe destacar sobre todo a Juan de Celaya, valenciano, y a Diego Dieste, aragonés. Con sus críticas contribuyeron a la matematización del estudio del movimiento local, y en sus estudios sistemáticos mostraron que efectivamente lo que defendían tenía relación con el mundo real, no era mera metafísica. Estas críticas confluyeron en Domingo de Soto, discípulo de Celaya en París y de Ciruelo en Alcalá, profesor en Salamanca. En su curso de filosofía natural de 1545, en plena Contrarreforma, enunció matemáticamente por primera vez la ley de la caída de los graves -que después sería perfeccionada y experimentada por Galileo-. Otros estudios influyentes fueron los del valenciano Benito Perera en 1562 y los del cordobés Francisco de Toledo en 1575. Los estudios del primero tuvieron nueve reediciones en varios países y los del segundo hasta veinticuatro. De hecho Galileo utilizó estos tratados junto con los de Domingo de Soto. Por lo demás el atomismo era bastante defendido en España durante toda esa época y en adelante. Y como no podía ser de otra forma, los fenómenos físicos también fueron investigados para su relación con aplicaciones prácticas, por ello la ingeniería civil y militar fueron campos donde se realizaron progresos importantes. Los estudios sobre balística contribuyeron al desarrollo de la dinámica moderna. Podemos destacar la primera formulación conocida del polígono de sustentación, de Juan Bautista Villalpando, cordobés, en sus comentarios al libro de Ezequiel entre 1596 y 1605. O también los estudios sobre los gases realizados por el valenciano Juan Escrivá en 1606.

En la “revolución” en anatomía España tuvo también un importante papel. Aunque liderada por el flamenco Andrés Vesalio, se formó éste en libros como los de Andrés Laguna, autor del primer texto anatómico publicado en París. Además, Vesalio residió en España entre 1559 y 1564, y siguió conectado con muchas figuras de la medicina española a lo largo de su vida. Tras su partida, el centro anatómico más importante en España fue el de Valencia, donde discípulos suyos como Pedro Jimeno y Luis Collado difundieron la disciplina. De modo que hicieron de la universidad de Valencia una referencia a la hora de enseñar anatomía, después se difundiría por otras como Salamanca o Alcalá. Fue Pedro Jimeno el primero en escribir un libro (Dialogus de re medica, 1549) que incorporaba la nueva anatomía, que perfeccionó con nuevos descubrimientos, por ejemplo, con el descubrimiento del hueso estribo. Su discípulo Luis Collado también consolidó el prestigio valenciano y defendió por primera vez en Europa la anatomía vesaliana de los ataques de Silvio. No es posible olvidar la Antoniana Margarita de 1554 de Gómez Pereira, tan influyente y conocida que no hacen falta comentarios para saber de su importancia. Una obra en la que, como reza su subtítulo, Pereira trata de temas médicos, físicos y teológicos desde una perspectiva científica y nominalista que da importantes resultados. También se puede destacar la obra del español, aunque producida en Italia, Valverde de Amusco Historia de la composición del cuerpo humano de 1556, el texto de mayor difusión en toda Europa en el siglo por encima de los de Vesalio y Colombo. No podemos olvidar el descubrimiento de la circulación pulmonar de parte de Miguel Servet, publicado en su obra teológica de 1553 Christianismi Restitutio.

Miguel Servet

Miguel Servet

Aunque por culpa de Calvino e inquisidores romanos sobre todo, su obra apenas tuvo difusión. El que sí dio a conocer la circulación pulmonar fue Juan Valverde, que presenta el descubrimiento como resultado de su colaboración con Renaldo Colombo. Por último, destacar las investigaciones de Francisco Díaz sobre las enfermedades renales y de las vías urinarias, de 1588, que son consideradas el punto de partida de la urología moderna.

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Autor: emmanuelmartinezalcocer

Filomat.

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