El baúl de Pandora

Reservado para los que deseen abrir su mente

Frente al cerebrocentrismo

7 comentarios

El cerebrocentrismo es la tendencia a explicar todos los asuntos humanos de forma reduccionista, esto es, refiriéndolos únicamente al cerebro. Tendencia que puede encontrarse en libros de neurocientíficos famosos como Antonio Damasio, Zemir Seki, Francisco Mora o Gazzaniga, en libros de divulgación científica tipo Punset, o de libros de autoayuda, etc. Desde hace un par de décadas, más exactamente, desde la llamada “década del cerebro” (1990), ha habido una proliferación de disciplinas neurológicas que invaden todos los espacios de nuestras vidas (educación, ética, religión, economía, filosofía, política, etc.). Son las neuro-X, que pretenden absorber cualquier disciplina de las ciencias sociales o de las humanidades, o cualquier otro tema que se tercie (amor, elección de pareja, marketing, altruismo, egoísmo, la felicidad, etc.) Esto es de un reduccionismo casi insoportable, ya que estas neuro-X pretenderían tener la respuesta para casi todo.

Antonio Damasio.
Y el Cerebro Creó al Hombre

Por otra parte, el sujeto en neurociencia y en psicología cognitiva aparece con un doble papel, como cerebro creador y como objeto de entrenamiento. Parece, según nos dice la neurociencia de la que hablamos, que es el cerebro lo que nos hace humanos. Sin el cerebro no seríamos capaces de percibir ni de conocer el mundo. Pero resulta que el cerebro, al contrario de lo que podría parecer, no es el que percibe ni el que conoce, sino que lo hace el organismo en su conjunto, que está incluido en un contexto ambiental determinado. Si no fuese así, sería algo así como un homúnculo, un “fantasma en la máquina”. Por tanto, la importancia del cerebro no estaría sólo en crear una cosa u otra (en desarrollar una red de conexiones neuronales u otras), ni en percibir una cosa u otra, sino en mediar lo que los organismos necesitan para vivir, siempre en función de lo que el medio le exija y le ofrezca. Un ejemplo de esto nos lo da la plasticidad cerebral. La plasticidad cerebral nos muestra que el cerebro es capaz de variar enormemente en sus configuraciones para dar respuesta a los mismos fenómenos, y que es dependiente de las conductas del sujeto y del ambiente sociocultural en el que dicho sujeto se encuentre. Por tanto, el cerebro sería más dependiente de esas variables externas que causa de ellas.

Otro error que podemos señalar de esta reducción de la dimensión humana al cerebro sería tomar al cerebro como objeto de entrenamiento. Y es que el cerebro no es un órgano que tenga sensibilidad ni pueda ser sujeto de entrenamiento como si fuese un músculo. Las modificaciones que pueda experimentar el cerebro dependen de las actividades del organismo en su conjunto, y son estas actividades las que producen y dejan “huellas” en el cerebro y en el resto del organismo. De modo que el cerebro, y su estructura, no podrían tomarse directamente como la causa del conocimiento, o del aprendizaje, sino que sería al revés. La estructura del cerebro (de sus redes neuronales) sería la que es porque es producto de los conocimientos que va adquiriendo. Es algo a posteriori, no a priori, por lo que no puede ser entendido como si de causa primera se tratara. Por ejemplo, se sabe que los taxistas de Londres tienen un desarrollo mayor del hipocampo que otros sujetos humanos, pero dicho desarrollo de las redes neuronales en esa zona es producto de su continuada experiencia y aprendizaje como conductores. Sería estúpido decir, no conozco a nadie que lo haya defendido, que son taxistas porque tenían ya esa zona más desarrollada. Lo mismo pasaría cuando hablamos del resto de redes que el cerebro crea a lo largo de su desarrollo en todos los ámbitos del conocimiento. Lo cual no quita para que, una vez producidas las alteraciones, se entre en un “bucle de recurrencia” en el que el desarrollo del cerebro produzca un mejor y mayor conocimiento, y este mejor y mayor conocimiento provoque nuevos cambios, etc. Aquí ya podríamos hablar del cerebro como causante, pero no debemos entender que su participación como causa sea de forma aislada, siempre está determinado y acompañado por el organismo al que pertenece y el contexto en que este se encuentra.

Marino Pérez Álvarez.
El Mito del Cerebro Creador

Lo más importante para entender el cerebro es tener en cuenta lo que ocurre epigenéticamente, es decir, en su desarrollo. El cerebro no está ya programado, como bien se dan cuenta los conexionistas, aunque pueda contar con funciones -sobre todo vitales- ya dadas. Su propia plasticidad muestra, como hemos dicho, los efectos del contexto cultural y ambiental en que se encuentra el organismo. Podríamos decir que lo que el “cerebro conoce” no lo conoce por sí solo, sino que depende del organismo, y de los contextos o entornos culturales y ambientales en los que el organismo al que pertenece se encuentra y en los que actúa. En definitiva, la conducta del organismo es esencial para entender el modo de funcionamiento del cerebro. No se trata por nuestra parte de negar la importancia del cerebro en todo esto, eso sería absurdo, sino de señalar que no es el primero en estas cuestiones ni “está solo”, sino que es todo el organismo el que participa. Igual que no es sólo el estómago, por ejemplo, el que realiza el proceso digestivo.

Por ello peguntas como: ¿cómo forma el cerebro al yo o a la conciencia o el conocimiento? Son preguntas mal formuladas desde un principio, porque no se pueden formular así, ya que están pidiendo el principio. El yo o la conciencia o el conocimiento no es algo que emerja del cerebro, sino que es algo sociocultural, es una construcción histórica. Es decir, tanto la conciencia como el conocimiento, y tantas otras cosas, tienen un carácter institucional (cultural) e histórico-social, no son asunto exclusivo de la neurociencia o de la psicología cognitiva (sin perjuicio de que lo que estas disciplinas puedan decirnos sobre el cerebro contribuya en gran medida a entender el yo o la conciencia o el conocimiento). Y es que hasta el propio funcionamiento del cerebro está a expensas de la sociedad. Por ejemplo, se sabe que la invención de la escritura ha reorganizado algunas funciones del cerebro.

Importante es resaltar también la constante falacia mereológica cometida por muchos neurocientíficos y cognitivistas. Se atribuyen al cerebro capacidades que sólo tiene el organismo en su completitud, es decir, se toma la parte por el todo. No es el cerebro el que “rastrea o selecciona la información” que requiere para una actividad, sino que es el sujeto con sus operaciones, sus sentidos y su cerebro, su organismo entero en definitiva, el que lo hace, lo cual evidentemente involucra y afecta a su cerebro. Acciones como “pensar”, “razonar”, “decidir”, pero también “ver”, “observar”, etc., no son únicamente funciones cerebrales, sino que tienen una estructura que viene histórica y socialmente determinados (yo no percibo igual la Luna o el Sol que otra persona hace 4.000 años, mis conceptos sobre estos astros son diferentes). La visión o el habla no están localizados exclusivamente en unas redes neuronales específicas o partes del cerebro (en las áreas 17, 18 y 19 de Brodmann (lóbulo occipital) o en el Área de Broca respectivamente). ¿Por qué? Porque sin los órganos de la visión y el entorno en el que el organismo está el cerebro no puede participar en el proceso de visión. Y porque el lenguaje, como la cultura, es un elemento supraindividual y previo que envuelve al sujeto, es más, da forma a su estructura cerebral. Este error, esta falacia mereológica es cometida por los cognitivistas y neurocientíficos por el afán de negar el dualismo tipo cartesiano, lo que les hace negar el cogito, la mente cartesiana, para recaer en un monismo reduccionista hipostasiando al cerebro.

El cerebro o más bien su estructura, no puede ser visto en principio y antes que nada como causa, sino más bien como efecto de las conductas y los sistemas culturales. Si bien, una vez constituidas esas redes o estructuras cerebrales, pueden afectar a su vez a esas conductas y sistemas culturales, en un proceso de retroalimentación continuo. Dicho de otra forma Naturaleza y Cultura -dos mitos hipostasiados- están trabadas y conjugadas indisolublemente.

Fuentes:

-Marino Pérez Álvarez, El Mito del Cerebro Creador: Cuerpo, Conducta y Cultura, Alianza Editorial, Madrid, 2011.

Íñigo Ongay de Felipe, “El cerebro no nos engaña”, en El Catoblepas, Revista Crítica del Presente, Nº 118, Diciembre 2011, págs. 14-24.

-Antonio Damasio, Y el Cerebro Creó al Hombre, Destino, 2010.

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Autor: emmanuelmartinezalcocer

Filomat.

7 pensamientos en “Frente al cerebrocentrismo

  1. 1. Estoy de acuerdo en los puntos centrales que sostiene Emmanuel. Los formularé con mis propias palabras, consciente de que los matices pueden traer cola.
    En las discusiones ilustradas y en los textos y videos de divulgación científica domina ampliamente una tendencia a considerar que nuestra actividad “mental” (sensaciones, sentimientos, valores, pensamientos y decisiones) se explica “refiriéndola únicamente [o básicamente] al cerebro”. Muy bien cabe decir de esta tendencia que es un cerebrocentrismo en lo que a la explicación de lo mental se refiere. Para esta tendencia, el cerebro está “acoplado” al resto del cuerpo y al ambiente natural y social, pero lo que hay o sucede en estos últimos no es “constitutivo” de la actividad que produce lo mental: puede influir mucho, incluso ser una condición necesaria (como el Sol o el corazón), pero no por ello deja de ser externo a la actividad cognitiva misma (la que produce las sensaciones, sentimientos, etc. mediante la transformación o procesamiento de los inputs que recibe de esas fuentes).
    La mejor alternativa a esta tendencia dominante es —según nosotros y muchos más que llevan mucho más tiempo trabajando en ello— la que considera que lo “mental” se explica refiriéndolo no sólo al cerebro, sino también al resto del cuerpo y a la situación social y natural en la que se ha desarrollado.

    2. Pese a coincidir en cuanto a cuál es “la línea política” que enfrentamos y cuál la que favorecemos (no lo digo como metáfora, aunque por lo pronto, si se quiere, puede entenderse así), pudiera parecer que tenemos actitudes opuestas hacia las disciplinas sociales y humanísticas que se ocupan de lo mental.
    Emmanuel las llama neuro-X (refiriéndose, entiendo, a neuro-ciencia, neuro-tecnología, neuro-psicología, neuro-sociología, neuro-economía, más las que se acumulen en los próximos meses o años) y, aunque señala explícitamente que pueden arrojar algunos conocimientos auténticos y valiosos, en general no las distingue del cerebrocentrismo. No obstante, sobre todo si lo leemos conociendo sus demás textos, sería precipitado entenderlo como un llamado “anarquista” a desarrollar nuestra alternativa manteniéndonos enteramente al margen de las ciencias establecidas.
    Por mi parte, aun reconociendo que las ciencias cognitivas están ampliamente dominadas por el cerebrocentrismo y por una cultura que hoy es quizás más individualista que nunca antes, promuevo que nos empapemos de sus discusiones e, incluso, que nos involucremos activamente en su desarrollo como filósofos, historiadores, críticos de arte o, simplemente, como activistas sociales. ¿Estoy llamando a infiltrarnos en esas instituciones para transformarlas desde dentro? Como recién me inicio en este blog, tengo que explicarme un poco más para evitar malentendidos.

    3. En todas las disciplinas que, desde los años 1960, se han venido incluyendo en las ciencias cognitivas está presente un intenso debate entre las posiciones más ortodoxas —el llamado “cerebrocentrismo”— y las que contra esta ortodoxia impulsan una alternativa que, a grandes rasgos, coincide con la delineada por Emmanuel y que suele reconocerse como Cognición Situada. Con este término se intenta reunir a diversos enfoques que desafían más o menos radicalmente a la ortodoxia (y a los que suele designarse con adjetivos particulares, según el aspecto en el que ponen énfasis: “corporizado”, “enactivo”, “distribuido”, “ecológico” y “extendido”). Sobre todo a partir de 1990 (en referencia a un artículo de Harnad y un libro de Varela et al.), el debate se ha extendido y profundizado. Muchas instituciones académicas —de aquí, de allá o acullá—, pueden seguir siendo bastiones de uno u otro campo, y algunas disciplinas o regiones pueden estar más “naturalmente” inclinadas hacia uno u otro lado, pero el debate ya es, si vale la palabra, global.
    Basta un ejemplo. En 2009, Cambridge publicó una muy buena recopilación de artículos bajo el título de Handbook of Situated Cognition, en la que se reunía y articulaba las tesis y argumentos de los disidentes al cerebrocentrismo, así como algunos artículos críticos contra los situados. Casi al mismo tiempo, en Oxford apareció publicado un libro en el que Rupert sistematiza su critica a la tendencia de la Cognición Situada y defiende la tesis central del cerebrocentrismo. No es que Cambridge esté con los disidentes y Oxford con la ortodoxia prevaleciente; es que en ambas instituciones y en muchas otras (véase la entrada Embodied Cognition redactada por Wilson y Foglia para la enciclopedia de filosofía de Stanford), así como en los trabajos más directamente tecnológicos (robótica, prótesis, drones, etcétera) está siendo cada vez más reconocida la importancia del debate y de sus consecuencias en muchas direcciones y para muchos intereses de todo tipo.
    ¿Qué es lo que está en juego aquí? Y lo que tal vez sea más apremiante, ¿qué es lo que va a dirimir su desenlace a corto y mediano plazo, es decir, su porvenir?

    4. Consideremos la situación a un nivel un poco más amplio, aunque perdamos un poco de detalle. ¿No es el debate en ciencias cognitivas un caso particular de lo que está ocurriendo en muchas otras ciencias, incluso las más “duras”? En física se están reformulando numerosas categorías, incluida la de causalidad (Godfrey-Smith). En biología sucede lo mismo con las categorías de individuo biológico, selección natural y socialidad (Wilson y Barker, Lewontin). También, por supuesto, en teoría social sucede otro tanto con la categoría de “lo social” (Schatzki, Turner). A principios de los 1960, el artículo de tres hojas de Gettier desestabilizó la categoría epistemológica de episteme, y el libro de Kuhn desestabilizó el de ciencia. Las mismas ciencias cognitivas habían nacido en aquellos años renovando una vieja categoría, la de cognición, pero como hemos visto no pasó mucho tiempo antes de que “cayera” también dentro de esta oleada generalizada de recategorización. Pero hay una diferencia importante aquí: entre las tareas básicas de las ciencias cognitivas, tanto para los cerebrocentristas como para los situados, está la de explicar cómo y por qué construimos categorías; es más, una de las categorías es precisamente la de categoría. Ergo, el debate en ciencias cognitivas no sólo tiene que alimentarse del debate en las demás ciencias, sino que al mismo tiempo lo alimenta y lo impacta.
    Sin embargo, más que la situación en las ciencias y en el mundo ilustrado de los intelectuales (pero incluyéndolos y dándoles su lugar, que no es el que suelen reclamar para sí), lo que me interesa es el entendimiento al interior y entre los movimientos sociales. Se cuenta que, al llegar las noticias de la toma de la Bastilla a oídos del rey, éste exclamó “es un motín”, y su asesor más ilustrado, disculpándose, lo corrigió diciéndole “no Su Señoría, es una revolución”. En 2011, desde los primeros días del movimiento social en Túnez hasta los días de Occupy en Wall Street y otras plazas estadounidenses, pasando por los movimientos en muchos países árabes y en la Europa mediterránea, los medios no se cansaron en repetir una y otra vez “es una protesta”, sea aquí o allá. Pero hacían diferencias: cuando se rompían cristales, decían “es un disturbio”; cuando aparecían opositores organizados y armados, la categoría elegida podía ser la de “guerra civil”, si el gobierno era mal visto por esos mismos medios, o “terrorismo”, si el gobierno era “democrático”. Tal vez entendemos fácilmente al rey, a su asesor y a los medios, pero ¿entendemos a los que tomaron La Bastilla, a los manifestantes árabes, europeos y estadounidenses, a los que tomaron las armas, a los ciudadanos que simpatizaban o condenaban las movilizaciones de uno u otro tipo? Y si recordamos lo sucedido en Egipto en 2013, ¿podemos no preguntarnos si los manifestantes de 2011 se entendían entre sí?
    Manuel, en este blog, trata de aproximarse más a entender este tipo de movimientos interrogando la Declaración de los Derechos Universales del Hombre, sus categorías centrales –libertad, igualdad– y la relación entre ellas. Más recientemente, el que firma como nopuedocreerquelohayaninventado intenta entender el 15M y Podemos a través de sus experiencias personales con distintos niveles de integrantes y de sus reflexiones a partir de una serie de categorías —izquierda, derecha, horizontalidad— que se han vuelto demasiado borrosas o que lo son desde su nacimiento. Pero creo que también es lo que está haciendo Hegel, aunque desde un punto de vista consecuentemente idealista, y lo que está haciendo Emmanuel al discutirlo desde una convicción materialista. ¿Cuántas categorías hay aquí que están siendo recategorizadas y, por lo tanto, creando una situación de Torre de Babel en el ínterin?

    5. Mi hipótesis de trabajo, apoyada en una primera exploración de los debates y de los movimientos mencionados y, sin duda, también orientada por consideraciones bastante más teóricas (Marx y Sartre en particular) es que la clave de toda esta recategorización está en la expansión del alcance y la profundidad de las prácticas sociales que ha tenido lugar en el mundo entero a partir de la Segunda Guerra. Valga la metáfora del GoogleMaps: las prácticas que antes operaban al nivel de la anatomía y fisiología de los organismos, ahora se han extendido al nivel de los nichos y de los sistemas ecológicos y, al mismo tiempo, se han adentrado atravesando los niveles de las células, genes, moléculas, átomos y electrones. Tanto al alejar el zoom como al acercarlo aparecen nuevos objetos y relaciones entre objetos que no sólo demandan su reconocimiento —su categoría específica— sino que aportan nuevo conocimiento y nuevos problemas para las prácticas que se desarrollan en los niveles contiguos, tanto “hacia arriba” como “hacia abajo” —dicho sea sin animo de desacreditar al horizontalismo y al autonomismo—. Sólo que la categoría de práctica, incluso entre los marxistas (salvo Sartre y algún otro), está muy poco desarrollada, y recientemente se ha venido tratando de una forma demasiado institucional, sin conexión con las ciencias cognitivas.
    Sin embargo, ¿no es algo como esta categoría lo que está faltando en las ciencias cognitivas para poder integrar de forma realista y coherente sus categorías de mente, cognición, cerebro, resto del cuerpo y ambiente social y natural? Se entiende que, por muchas razones, resulta difícil hasta el solo hecho de plantearlo, pero si en realidad es esto lo que hace falta en ellas, más temprano que tarde empezará a replantearse. Por lo pronto, los disidentes ya están recurriendo a la fenomenología. Cierto, es la de Heidegger y Merleau-Ponty, pero ya es un avance respecto al empirismo ciego que anima al cerebrocentrismo.

    Bibliografía

    Gallagher, S., 2009, “Philosophical Antecedents of Situated Cognition,” en Robbins y Aydede (eds.), pp. 35–51.
    Godfrey-Smith, Peter, 2010, Causal Pluralism, en H. Beebee, C. Hitchcock, and P. Menzies, (eds.), Oxford Handbook of Causation. Oxford: Oxford University Press, pp. 326-337.
    King, Patricia, 2013, Actividad cognitiva y actividad humana integral. A propósito del debate entre Wilson-Clark y Rupert. Ludus Vitalis, vol. XXI, núm. 39, pp.111-128.
    Robbins, Philip, y Murat Aydede (eds), 2009, The Cambridge handbook of situated cognition, Cambridge: Cambridge University Press.
    Rupert, Robert D., 2009, Cognitive Systems and the Extended Mind, Nueva York: Oxford University Press.
    Varela, F., Thompson, E. and E. Rosch, 1991, The Embodied Mind: Cognitive Science and Human Experience, Cambridge, MA: MIT Press.
    Wilson, Robert A. y Foglia, Lucia, 2011, “Embodied Cognition”, The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Fall 2011 Edition), Edward N. Zalta (ed.), forthcoming URL = .
    Wilson, R.A. y Matthew Barker 2014, The biological notion of individual, The Stanford Encyclopedia of Philosophy (agosto 2007; revisión sustantiva en enero 2013).

    • Muy de acuerdo con lo dicho. Me alegra mucho su participación en este blog, pues sus comentarios son muy afinados y siempre van al centro de la cuestión con profundidad y con conocimiento de causa.
      Por lo demás, para sintetizar aún más mi posición en este aspecto diría esto: partiendo desde una postura materialista (que no corporeísta, es decir, considerando que no sólo lo corporal es material (un teorema matemático, la distancia entre dos objetos, un dolor, una sensación, o un campo magnético son tan materiales como un cuerpo)), diría que el fallo de las ciencias cognitivas es tratar de explica “lo mental” o “la mente” como si fuese algo que cayese dentro de su campo gnoseológico, es decir, de su campo de estudio. Porque “la mente”, si es algo, no está en la cabeza, ni en el cerebro, está en lo que los sombres hacen. Es, además, una Idea más que una categoría, por eso no puede ser estudiada sólo por una ciencia, sino que tiene que serlo por varias y por la filosofía. Y es algo con un recorrido histórico, como la Idea de Yo, la Idea de Persona o la Idea de Alma, entre otras muchísimas ideas (por eso el desarrollo o mejor análisis de “la categoría de categoría” es una tarea filosófica, no científica, porque la categoría de categoría es una Idea (el material sobre el que trabaja la filosofía), mientras que las ciencias trabajan con y en conceptos, categorías. Cuando mediante series de operaciones normadas sobre una diversidad de términos (en este caso, el cerebro, las neuronas, las redes neuronales, las sinapsis, los in puts, etc., etc.) se consigue establecer un cierre a través de identidades sintéticas (o verdades o teoremas, como queramos llamarlo), que son las que consiguen cerrar el campo categorial, se instituye una ciencia. Esa ciencia tiene un capo cerrado sobre el que actúa, ese campo es la categoría. En filosofía no pasa eso, porque las Ideas son el producto de la confluencia (por inconmensurabilidad, incompatibilidad, etc.) del tratamiento que varias ciencias hacen de una misma categoría. De modo que en cada ciencia esa categoría (pongamos como ejemplo la mente o la conciencia) recibe un tratamiento distinto que no casa con el tratamiento desde otras ciencias, desde otras categorías. Es ahí donde entra la filosofía (por eso la filosofía es la “hija” de las ciencias y no al revés, como se dice a menudo). De modo que ante esa situación, “extracategorial”, la filosofía tiene que intervenir (aunque es verdad, con operaciones o procedimientos parecidos a las ciencias, esto es, operaciones de análisis y síntesis), intentando poner orden en esos choques categoriales, clasificando las distintas concepciones de esa Idea (es ya Idea y no sólo categoría) y presentando la forma correcta de concebir la Idea correspondiente, entre otras cosas, para que sea correctamente usada (o directamente no usada) en las ciencias que la traten.
      La Idea de mente, o de conciencia o de yo es un caso de esto. De modo que mi crítica sería esta: A las ciencias cognitivas no les corresponde el estudio de la mente, o de la conciencia o del yo, porque no entran dentro de su campo categorial. La mente, o la conciencia o el yo no son conceptos, son Ideas, construidas históricamente a lo largo de siglos. Por eso a las ciencias cognitivas les corresponde el estudio de las redes neuronales, de los sistemas perceptivos, de las diferentes funcionalidades del cerebro, de la relación entre el cerebro y el cuerpo, etc. Pero no el estudio de la mente, etc., porque no es algo que se pueda tratar científicamente. ¿Esto significa que las ciencias pertinentes no tengan nada que decir? No, claro que no. Y menos si, como decimos, no puede hacerse filosofía al margen de la ciencia, porque sin esta no existiría. Por eso el filósofo, a la hora de tratar de estas Ideas tiene que tener en cuenta los materiales y resultados, las verdades, que le dan las ciencias, pues este es el material sobre el que trabaja. Y gracias a esto, al trabajo de las ciencias, el filósofo tiene las armas e instrumentos, junto con un sistema filosófico, con el que afrontar el tratamiento de las ideas pertinentes.
      Otro asunto es la relación entre el cerebro y el resto del cuerpo, que es otro error. Porque el cerebro rige las funciones del cuerpo y hay que ver cómo sin él el cuerpo no funcionaría, sí, pero sin el cuerpo y sus desarrollos tampoco se puede entender el funcionamiento del cerebro. Y en cuanto que el sujeto es sujeto corporal y por tanto operatorio, está inserto en un contexto social, cultural y natural que determina el comportamiento y curso del cuerpo y con él del cerebro, así como esos sujetos determinan los cursos y estructuras que le rodean (es una relación dialéctica de construcción, y destrucción, mutua).
      Madre mía, he dicho que iba a sintetizar y menuda parrada me ha salido.

      • Gracias Emmanuel, tanto por tu comentario como por la referencia previa a tu artículo de crítica al dualismo y al fisicalismo. Nuestros futuros textos seguramente irán aclarando progresivamente los acuerdos que se esconden tras nuestros desacuerdos, así como los desacuerdos que están detrás de los acuerdos, Sobre todo, confío en que esto, a pesar de estar lejos de ser lo principal, puede contribuir al propósito del blog en una situación como la que vivimos.

      • Seguro que sí, creo que no estamos en posiciones muy alejadas. Me alegra saber de tu intervención en el blog, seguro que va a ser muy interesante y fructífera. Un saludo.

    • Estoy absolutamente entusiasmado con el grado de implicación y los comentarios tan absolutamente interesantes que nos planteas Javier, con respecto al cerebrocentrismo y al análisis de la Declaración de Derechos y tus aportaciones sobre las implicaciones sociológicas, psicológicas y políticas de dichos procesos. Estamos muy agradecidos. Un abrazo desde España y seguimos en contacto.

      P.D: Si lo deseas, en vez de publicar tus opiniones como comentarios añadidos a las publicaciones, se te puede habilitar como redactor del blog y formar parte de nuestro equipo.

      • También a mí me entusiasma tu propuesta, Miguel, así como la evaluación que haces de mi comentario. Como ves, sin embargo, me la he pensado antes de responderte. Finalmente lo hago, tras convencerme de que puedo comprometerme a colaborar con los objetivos del blog sin necesidad de sacarme de la manga ninguna carta “sorpresa”, sino sólo con lo que pueden esperar de las que ya he puesto sobre la mesa. Por consiguiente, hago mía tu propuesta y dejo en manos de ustedes la decisión. Un abrazo desde el otro lado del charco (a uno o dos días de nuestra “fecha patria”, lo que bien mirado puede ser una casualidad deliberadamente significada).

    • Perdón, me faltaron dos fichas a las que hago referencia (la primera de ellas crucial para el debate), y doy dos fichas sin referencia. Corrijo aquí. Las fichas que me faltaron son:
      Harnad, S., 1990, The Symbol Grounding Problem. Physica D 42: 335-346.
      Harnad, S., 2003, To Cognize is to Categorize: Cognition is Categorization, en Lefebvre C., & H. Cohen (Eds.) (2005) Handbook on Categorization. Elsevier
      De la ficha de King 2003 debi poner su llamada en el segundo párrafo del iniciso 3, a continuación de “Basta un ejemplo”.
      De la ficha de Gallagher 2009 debí llamarla en el último párrafo, al mencionar la fenomenología.

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