El baúl de Pandora

Reservado para los que deseen abrir su mente

Grandes Guerreros de la Historia (IV)

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Hoy nos vamos a dedicar a tratar un tema susceptible de generar mucha literatura y mucha ficción en torno a él, principalmente por el proceso de creación de una mitificación basada en el miedo. Nos referimos a los piratas.

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Captura del pirata Barbanegra, 1718. El cuadro muestra la batalla entre el pirata Barbanegra y el teniente Maynard en Ocracoke Bay. 1920. Obra de Jean Leon Gerome Ferris. Vía Wikipedia. Fuente: neatorama.com. Esta obra está en dominio público.

El propio término presenta diversas interpretaciones para diferentes autores. Para unos, , la voz pirata viene del latín pirāta, que por su parte procedería del griego πειρατης (peiratés) compuesta por πειρα, -ας (peira), que significa ‘prueba’; a su vez deriva del verbo πειραω (peiraoo), que significa ‘esforzarse’, ‘tratar de’, ‘intentar la fortuna en las aventuras’. Sin embargo, otros autores apuestan porque dicho término viene de pyros (fuego), proveniente del hecho que acontecía tras un amotinamiento, tras el cual, se pegaba fuego al barco para no poder encontrar pruebas del responsable del mismo.

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Mapa del mar de las Antillas y del Caribe, 1843. Autor: Alexandre Vuillemin. Vía Wikipedia. Fuente: www.kelibia.fr. Esta obra está bajo dominio público, originalmente bajo dominio público en los EEUU.

Las primeras muestras de piratería datan del siglo V a.C. cuando su zona de actuación se circunscribía al Mediterráneo aprovechando el tráfico de mercancías. De hecho, la Atenas de Pericles, por citar un ejemplo, tuvo serios problemas para pacificar la zona de Creta y las Cícladas, plagada de piratas que dificultaban el desarrollo normal de su imperio comercial en el Mediterráneo. Su actuación se ha extendido hasta la actualidad en la costa de Somalia, pasando por época romana, la actuación de los vikingos, etc. Sin embargo, aquí nos vamos a centrar en la época de mayor auge de la piratería, por ser la más representada e icónica de estos guerreros: el siglo XVIII. 

Se centró en la zona del Caribe (Cuba, Puerto Rico, República Dominicana, costa de Venezuela y Colombia) en manos de la corona Española. Tras la Guerra de Sucesión Española, finalizada en 1715 con el Tratado de Utrech firmado 2 años antes. Se calcula que fueron cerca de 4.000 piratas. Este auge se debió a la coyuntura surgida tras esta circunstancia histórica, dejando a muchos marinos desocupados, que no dudaron en convertirse a la piratería. De hecho, deberíamos diferenciar tres tipos de piratas:

Corsarios. Aquellos piratas o navegantes que se dedicaban, previa concesión de permiso real o del gobierno de una nación (denominada patente de corso), a saquear y robar el tráfico mercantil de naciones enemigas. Aquí podrías encuadrar al famoso héroe británico Francis Drake.

Filibusteros. Piratas cuyo rango de actuación se limitaba a las costas, atacando y saqueando incluso pueblos costeros. El término proviene del holandés vrijbuiter, literalmente traducido por “que toma botín libremente”.

Bucaneros. Originalmente habitantes de la parte occidental de La Española (actual República Dominicana y Haití), se alimentaban de carne de ganado cimarrón (animal doméstico que se escapa de sus amos y se asilvestra) cazándoles para bucanear, es decir, ahumar la carne y venderse a los navíos cuyas rutas pasaban de este lugar.

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Ilustración de un Bucanero. 1905. Autor: Howard Pyle. Vía Wikipedia. Esta obra está en el dominio público de los EEUU.

La abundante documentación que encontramos sobre la actividad de los piratas se basa, sobre todo, en correspondencia, los informes coloniales y navales, las declaraciones de antiguos prisioneros de piratas y las crónicas periodísticas. Como hemos dicho anteriormente, la mayoría eran antiguos marinos en barcos mercantes e incluso en las armadas reales. Las condiciones de trabajo eran pésimas y peligrosas, así como las salarios tan bajos unidos a despotismo del capitán favorecían la predisposición a convertirse a la piratería, ocurrida tras un motín o al ser capturado por un barco pirata, convertidos muchos voluntariamente, pero otros también por la fuerza. El trabajo requería salud y buenas condiciones físicas por la naturaleza del mismo, por lo que no es de extrañar que la mayoría no superara los 30 años de edad y estuvieran solteros (para evitar el peligro de la deserción por motivos familiares). Existía la posibilidad de abandonar esta vida una vez entregado un botín de mil libras a disposición de la tripulación.

Solían ser cerca de unos 50 piratas en un sólo barco, aunque se han documentado casos de más de 150, lo que dejaba a mucha tripulación libre para llevar una vida licenciosa. De hecho, un testimonio de 1722 decía lo siguiente:

“No tardé en darme cuenta de que cualquier muerte era preferible a estar relacionado con un hatajo tan infame de bellacos, para los que… el entretenimiento constante consistía en beber sin control, maldecir monstruosamente, pronunciar blasfemias horrorosas, desafiar con descaro al cielo y mostrar desprecio por el infierno hasta que el sueño aplacaba un poco el ruido y la jarana”.

Solían usar balandros, de unos 12 metros de eslora y uno o dos palos, utilizado por su rapidez, añadiéndosele hasta una docena de cañones, aunque encontramos excepciones, como grandes fragatas de tres palos, cuando lo tomaban como botín.

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Ilustración de Isla Tortuga durante el siglo XVII. Vía Wikipedia. Esta obra está en dominio público de los EEUU.

En algunos puntos como la Isla Tortuga (la famosa isla que aparece en la serie de películas de Piratas del Caribe), situada al norte de Haití, sí existió realmente y es un ejemplo de la clase de lugares utilizados por estos piratas para acuartelarse y refugiarse de las persecuciones. Desde lugares como este atacaban enclaves del mar Caribe como Portobelo o Cartagena de Indias.

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Mapa de localización de Isla Tortuga situada al norte de Haití. Vía Wikipedia. Esta obra está bajo dominio público en los EEUU.

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Obra “¿Quién debería ser capitán?”, 1911. Autor: Howard Pyle. Vía Wikipedia. Esta obra está en el dominio público de los EEUU.

Uno de los aspectos más curiosos de los piratas, era su organización interna. Elegían de forma democrática tanto al capitán del barco (solía distinguirse por sus dotes de mando para controlar a una tripulación con problemas para acatar la disciplina, o por sus dotes y conocimientos de navegación entre otras cualidades). Uno de los más conocidos capitanes piratas fue Edwar Teach, conocido como Barbanegra (foto al principio del artículo), el cual aterrorizó al Caribe Español de tal manera que los comerciantes convencieron al gobernador de Virginia para enviar una flota al mando de Robert Maynard, el cuál asesinó al primero durante el asalto a su barco.

Otro aspecto es, el llamado “código de conducta”, elaborado y aprobado por los miembros de la tripulación, de obligado cumplimiento para todos. Uno de los más conocidos es la carta firmada, previa al ataque a la Ciudad de Panamá por Henry Morgan. Aquí existen unos ejemplos de dichos artículos (vía wikipedia):

I. Todo hombre tiene voto; tiene derecho a provisiones frescas o licores fuertes, y si le corresponden, puede usarlos a voluntad, salvo en periodos de escasez o por el bien de todos.

II. El botín se repartirá uno a uno, por lista; pero si alguien defrauda o engaña, el abandono en una isla desierta será su castigo.

III. No se puede jugar a las cartas o a los dados por dinero.

VI. No se permiten niños ni mujeres en el barco.

VII. Abandonar el barco o quedarse encerrado durante una batalla se castigará con la muerte o abandono.

VIII. No se permiten las peleas a bordo. Se pondrá fin en la costa, a espada y pistola. Si tras disparar, ninguno acierta, se batirán con sus espadas, siendo declarado vencedor el que consiga la primera sangre del rival.

IX. Ningún hombre puede abandonar esta forma de vida hasta que haya compartido mil libras en el fondo común.

Existía incluso, una especie de fondos de “asistencia social” entre los piratas para paliar los efectos negativos de un abordaje, como una mutilación de algún miembro (pierna, brazo, ojo) que le imposibilitara para el combate.

Eran absolutamente temidos por sus motivaciones y medios de actuación cuando atacaban y abordaban un barco. Por lo que las técnicas de combate no eran especialmente novedosas ni efectivas, ya que muchos de ellos únicamente portaban pistolas de mano y un sable como principales armas, siendo su principal el miedo. Era tal el profesado hacia ellos, que en muchos casos, la simple observación de una bandera pirata en medio del océano provocaba la rendición incondicional de dicho barco. Dicho miedo era alimentado por las historias sobre los saqueos y las tropelías cometidas por dichos piratas así como por los relatos (parciales y subjetivos) de los supervivientes capturados por los piratas. Una vez asaltado el barco, se exigía conocer la ubicación del tesoro o lo que hubiera de valor en el barco (tales como cargamentos de azúcar, cacao o tabaco) y, en algunos casos, la tortura a un miembro del barco capturado formaba parte del plan cuando la simple intimidación no funcionaba. Otros casos relatan el asesinato de toda la tripulación (por haber tirado el tesoro por la borda antes de llegar los piratas) o del capataz o capitán para provocar miedo en el resto, así como el incendio del barco saqueado, aunque probablemente fueron marginales estos casos.

La época de gloria de la piratería terminó hacia 1725 cuando los gobiernos, especialmente el británico (gran dominador del tráfico colonial en las colonias americanas) empezó una persecución sistemática contra ellos, ofreciendo cartas de perdón a cambio de delatar y capturar a otros piratas y por la persecución de la marina militar. La pena para los piratas solía ser la horca, acusados de delitos como saqueo, asesinato, abordaje, etc.

Independientemente de la endulzada y mítica visión que poseemos actualmente de los piratas, gracias a los medios como las películas (siendo la más conocida “Piratas del Caribe”) pero también la literatura de época (no hay que olvidar que la obra “La isla del Tesoro” de Robert Louis Stevenson publicada en 1883 fue, lo que llamaríamos, un best – seller en la época), quizá se encuentre un poco deformada. De ahí, que haya habido gente que ha querido ver en ellos a unos adalides de la libertad rebelándose contra el poder injusto de los estados y los gobiernos, cuando la explicación más históricamente posible y verídica es el simple y llano deseo de enriquecimiento económico.

Aquí os dejo un documental completo de youtube sobre los piratas para los que se hayan quedado con ganas de más:

 

Fuentes utilizadas

– Miguens, Silvia: Breve Historia de los Piratas. Ed. Nowtilus. ISBN: 9788497637084

– Lara Martínez, María: Piratas, el terror del Caribe. Artículo en la Revista Historia National Geographic, nº 62.

– Wikipedia.

Fuentes que se pueden consultar

– Índice documental sobre piratería. www.mgan.net.

– Louis Stenvenson, Robert: La isla del Tesoro. Obra original de 1883.

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Autor: Miguel Campos

Licenciado en Historia por la Universidad Autónoma de Madrid en la especialidad de Historia Contemporánea.

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