El baúl de Pandora

Reservado para los que deseen abrir su mente


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La Haka o danza de guerra maorí

Hoy nos vamos a centrar en uno de los rituales que más conocido es por el gran público debido a su popularización por parte de la selección nacional de rugby de Nueva Zelanda, realizada antes de cada partido: la danza de guerra maorí o Haka.

Estos pueblos maoríes se establecieron en Nueva Zelanda en sucesivas migraciones desde el siglo X al XIV, antes de la llegada de los europeos, procedentes de la Polinesia oriental (islas Cook, de la Sociedad o incluso Hawaii), debiendo adaptarse a las nuevas condiciones económicas y ambientales. La mayor parte de la información que poseemos sobre este pueblo y sus costumbres proviene de los escritos y estudios de colonos británicos de Nueva Zelanda, conscientes de la abocación a la extinción de esta raza ante la llegada colonizadora europea. 

La organización social maorí era aristocrática. La población se dividía en grandes tribus independientes entre sí, cuyos antepasados respectivos eran los míticos navegantes de la gran migración oceánica. Cada tribu (que llevaba el nombre de una de las canoas de la flota: arawa, aotea, matatua, tainui, etc) se dividía en tribus secundarias, a su vez repartidas en familias, hapu.

El objetivo de esta danza de guerra no era otro que intimidar al adversario e infundir valor en los guerreros maoríes mediante la combinación de gritos y golpes rítmicos. Por ello, además del canto, los maoríes debían expresar su actitud y coraje mediante el uso de todo el cuerpo. Aquí está el vídeo con la danza ritual bailada por unos aborígenes y por las All Blacks antes de un partido de 2007 contra la selección francesa de rugby:

 

 

kia rite! kia rite! Prepárense! prepárense!
kia mau, hi! Manos en la cadera, doblen las rodillas
Ringa ringa pakia Golpeen los muslos con las manos
Waewae takahia kia kino nei hoki Golpeen el suelo con los pies lo más fuerte que puedan!
kia kino nei hoki Lo más fuerte que podamos
Ka mate! Ka mate! Ka ora! Ka ora! ¡Muero! ¡Muero! ¡Vivo! ¡Vivo!
Ka mate! Ka mate! Ka ora! Ka ora! ¡Muero! ¡Muero! ¡Vivo! ¡Vivo!
Tenei te tangata puhuru huru Se trata de los hombres fuertes
Nana nei i tiki mai que fueron a buscar el sol
Whakawhiti te ra Y lo hicieron brillar otra vez
A upa….ne! Ka upa…ne! ¡Un paso hacia adelante! ¡Otro paso hacia adelante!
A upane kaupane whiti te ra! ¡Un paso hacia adelante, Otro hacia adelante….el Sol brilla!
Hi! Atrás

Los maoríes se tatuaban la cara y el cuerpo como forma de singularización y pertenencia a la tribu (ésta no es una particularidad única de esta tribu, tenemos múltiples ejemplos a lo largo del globo), y como medio de infundir temor, ya que esta tribu se encontraba en permanente estado de alerta y de guerra, acompañados de ceremonias o rituales previos al combate como el rapado de cabezas. Ese estado permanente de guerra y alerta es el que explica la realización continua y habitual de actividades físicas relacionadas con el deporte, como un medio para mantenerse en forma para el combate desarrollando la fuerza, la rapidez y la agilidad, utilizando en algunos casos las propias armas de guerra (las cuáles solían ser muy primitivas, como las mazas cortas, siendo las más apreciadas las armas realizadas con jade verde). De hecho, el nombre utilizado para referirse a estas actividades es el de nga mahi a te rehia (literalmente “las artes del placer”). Algunos ejemplos son:

La lucha, en la que sólo podía usarse la parte superior del cuerpo.

El boxeo.

El lanzamiento de venablos.

Las carreras de zancos.

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Joven maorí actuando en un grupo kapahapa. Vía Wikipedia. Autor: Andrew Turner. Esta imagen está bajo una licencia Creative Commons Attribution 2.0 Generic.

Al margen de las visiones tópicas y descontextualizadas que nos llegan, no sólo de esta cultura, sino de todas las que se han extinguido o están en vías de ello, lo que es evidente es que, al margen de los debates que puede suscitar el uso de dicho ritual por la selección de rugby, es una suerte que dicho testimonio de la historia cultural y oral de un pueblo haya llegado hasta nosotros intacto. Nuestro deber es, como mínimo, conservarlo tal y como nos lo encontramos.

Fuentes

– Wikipedia. 

– Barragán Carballar, Carlos: Juegos de todo el mundo. Cultura deportiva de los pueblos indígenas: los maoríes. Museo del Juego. 2010.

Otras referencias bibliográficas de consulta

– Orlick, T.: Libres para cooperar libres para crear. Barcelona. Editorial Paidotribo. 1995

.- Best, E.: The Maorí as He Was. Wellington: R.E. Owen, Government Printer. 1952.

– Firth, R.: Primitive Economics of the New Zeland Maorí. Nueva York: E.P. Dutton. 1929


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Grandes Guerreros de la Historia (IV)

Hoy nos vamos a dedicar a tratar un tema susceptible de generar mucha literatura y mucha ficción en torno a él, principalmente por el proceso de creación de una mitificación basada en el miedo. Nos referimos a los piratas.

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Captura del pirata Barbanegra, 1718. El cuadro muestra la batalla entre el pirata Barbanegra y el teniente Maynard en Ocracoke Bay. 1920. Obra de Jean Leon Gerome Ferris. Vía Wikipedia. Fuente: neatorama.com. Esta obra está en dominio público.

El propio término presenta diversas interpretaciones para diferentes autores. Para unos, , la voz pirata viene del latín pirāta, que por su parte procedería del griego πειρατης (peiratés) compuesta por πειρα, -ας (peira), que significa ‘prueba’; a su vez deriva del verbo πειραω (peiraoo), que significa ‘esforzarse’, ‘tratar de’, ‘intentar la fortuna en las aventuras’. Sin embargo, otros autores apuestan porque dicho término viene de pyros (fuego), proveniente del hecho que acontecía tras un amotinamiento, tras el cual, se pegaba fuego al barco para no poder encontrar pruebas del responsable del mismo.

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Mapa del mar de las Antillas y del Caribe, 1843. Autor: Alexandre Vuillemin. Vía Wikipedia. Fuente: www.kelibia.fr. Esta obra está bajo dominio público, originalmente bajo dominio público en los EEUU.

Las primeras muestras de piratería datan del siglo V a.C. cuando su zona de actuación se circunscribía al Mediterráneo aprovechando el tráfico de mercancías. De hecho, la Atenas de Pericles, por citar un ejemplo, tuvo serios problemas para pacificar la zona de Creta y las Cícladas, plagada de piratas que dificultaban el desarrollo normal de su imperio comercial en el Mediterráneo. Su actuación se ha extendido hasta la actualidad en la costa de Somalia, pasando por época romana, la actuación de los vikingos, etc. Sin embargo, aquí nos vamos a centrar en la época de mayor auge de la piratería, por ser la más representada e icónica de estos guerreros: el siglo XVIII. 

Se centró en la zona del Caribe (Cuba, Puerto Rico, República Dominicana, costa de Venezuela y Colombia) en manos de la corona Española. Tras la Guerra de Sucesión Española, finalizada en 1715 con el Tratado de Utrech firmado 2 años antes. Se calcula que fueron cerca de 4.000 piratas. Este auge se debió a la coyuntura surgida tras esta circunstancia histórica, dejando a muchos marinos desocupados, que no dudaron en convertirse a la piratería. De hecho, deberíamos diferenciar tres tipos de piratas:

Corsarios. Aquellos piratas o navegantes que se dedicaban, previa concesión de permiso real o del gobierno de una nación (denominada patente de corso), a saquear y robar el tráfico mercantil de naciones enemigas. Aquí podrías encuadrar al famoso héroe británico Francis Drake.

Filibusteros. Piratas cuyo rango de actuación se limitaba a las costas, atacando y saqueando incluso pueblos costeros. El término proviene del holandés vrijbuiter, literalmente traducido por “que toma botín libremente”.

Bucaneros. Originalmente habitantes de la parte occidental de La Española (actual República Dominicana y Haití), se alimentaban de carne de ganado cimarrón (animal doméstico que se escapa de sus amos y se asilvestra) cazándoles para bucanear, es decir, ahumar la carne y venderse a los navíos cuyas rutas pasaban de este lugar.

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Ilustración de un Bucanero. 1905. Autor: Howard Pyle. Vía Wikipedia. Esta obra está en el dominio público de los EEUU.

La abundante documentación que encontramos sobre la actividad de los piratas se basa, sobre todo, en correspondencia, los informes coloniales y navales, las declaraciones de antiguos prisioneros de piratas y las crónicas periodísticas. Como hemos dicho anteriormente, la mayoría eran antiguos marinos en barcos mercantes e incluso en las armadas reales. Las condiciones de trabajo eran pésimas y peligrosas, así como las salarios tan bajos unidos a despotismo del capitán favorecían la predisposición a convertirse a la piratería, ocurrida tras un motín o al ser capturado por un barco pirata, convertidos muchos voluntariamente, pero otros también por la fuerza. El trabajo requería salud y buenas condiciones físicas por la naturaleza del mismo, por lo que no es de extrañar que la mayoría no superara los 30 años de edad y estuvieran solteros (para evitar el peligro de la deserción por motivos familiares). Existía la posibilidad de abandonar esta vida una vez entregado un botín de mil libras a disposición de la tripulación.

Solían ser cerca de unos 50 piratas en un sólo barco, aunque se han documentado casos de más de 150, lo que dejaba a mucha tripulación libre para llevar una vida licenciosa. De hecho, un testimonio de 1722 decía lo siguiente:

“No tardé en darme cuenta de que cualquier muerte era preferible a estar relacionado con un hatajo tan infame de bellacos, para los que… el entretenimiento constante consistía en beber sin control, maldecir monstruosamente, pronunciar blasfemias horrorosas, desafiar con descaro al cielo y mostrar desprecio por el infierno hasta que el sueño aplacaba un poco el ruido y la jarana”.

Solían usar balandros, de unos 12 metros de eslora y uno o dos palos, utilizado por su rapidez, añadiéndosele hasta una docena de cañones, aunque encontramos excepciones, como grandes fragatas de tres palos, cuando lo tomaban como botín.

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Ilustración de Isla Tortuga durante el siglo XVII. Vía Wikipedia. Esta obra está en dominio público de los EEUU.

En algunos puntos como la Isla Tortuga (la famosa isla que aparece en la serie de películas de Piratas del Caribe), situada al norte de Haití, sí existió realmente y es un ejemplo de la clase de lugares utilizados por estos piratas para acuartelarse y refugiarse de las persecuciones. Desde lugares como este atacaban enclaves del mar Caribe como Portobelo o Cartagena de Indias.

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Mapa de localización de Isla Tortuga situada al norte de Haití. Vía Wikipedia. Esta obra está bajo dominio público en los EEUU.

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Obra “¿Quién debería ser capitán?”, 1911. Autor: Howard Pyle. Vía Wikipedia. Esta obra está en el dominio público de los EEUU.

Uno de los aspectos más curiosos de los piratas, era su organización interna. Elegían de forma democrática tanto al capitán del barco (solía distinguirse por sus dotes de mando para controlar a una tripulación con problemas para acatar la disciplina, o por sus dotes y conocimientos de navegación entre otras cualidades). Uno de los más conocidos capitanes piratas fue Edwar Teach, conocido como Barbanegra (foto al principio del artículo), el cual aterrorizó al Caribe Español de tal manera que los comerciantes convencieron al gobernador de Virginia para enviar una flota al mando de Robert Maynard, el cuál asesinó al primero durante el asalto a su barco.

Otro aspecto es, el llamado “código de conducta”, elaborado y aprobado por los miembros de la tripulación, de obligado cumplimiento para todos. Uno de los más conocidos es la carta firmada, previa al ataque a la Ciudad de Panamá por Henry Morgan. Aquí existen unos ejemplos de dichos artículos (vía wikipedia):

I. Todo hombre tiene voto; tiene derecho a provisiones frescas o licores fuertes, y si le corresponden, puede usarlos a voluntad, salvo en periodos de escasez o por el bien de todos.

II. El botín se repartirá uno a uno, por lista; pero si alguien defrauda o engaña, el abandono en una isla desierta será su castigo.

III. No se puede jugar a las cartas o a los dados por dinero.

VI. No se permiten niños ni mujeres en el barco.

VII. Abandonar el barco o quedarse encerrado durante una batalla se castigará con la muerte o abandono.

VIII. No se permiten las peleas a bordo. Se pondrá fin en la costa, a espada y pistola. Si tras disparar, ninguno acierta, se batirán con sus espadas, siendo declarado vencedor el que consiga la primera sangre del rival.

IX. Ningún hombre puede abandonar esta forma de vida hasta que haya compartido mil libras en el fondo común.

Existía incluso, una especie de fondos de “asistencia social” entre los piratas para paliar los efectos negativos de un abordaje, como una mutilación de algún miembro (pierna, brazo, ojo) que le imposibilitara para el combate.

Eran absolutamente temidos por sus motivaciones y medios de actuación cuando atacaban y abordaban un barco. Por lo que las técnicas de combate no eran especialmente novedosas ni efectivas, ya que muchos de ellos únicamente portaban pistolas de mano y un sable como principales armas, siendo su principal el miedo. Era tal el profesado hacia ellos, que en muchos casos, la simple observación de una bandera pirata en medio del océano provocaba la rendición incondicional de dicho barco. Dicho miedo era alimentado por las historias sobre los saqueos y las tropelías cometidas por dichos piratas así como por los relatos (parciales y subjetivos) de los supervivientes capturados por los piratas. Una vez asaltado el barco, se exigía conocer la ubicación del tesoro o lo que hubiera de valor en el barco (tales como cargamentos de azúcar, cacao o tabaco) y, en algunos casos, la tortura a un miembro del barco capturado formaba parte del plan cuando la simple intimidación no funcionaba. Otros casos relatan el asesinato de toda la tripulación (por haber tirado el tesoro por la borda antes de llegar los piratas) o del capataz o capitán para provocar miedo en el resto, así como el incendio del barco saqueado, aunque probablemente fueron marginales estos casos.

La época de gloria de la piratería terminó hacia 1725 cuando los gobiernos, especialmente el británico (gran dominador del tráfico colonial en las colonias americanas) empezó una persecución sistemática contra ellos, ofreciendo cartas de perdón a cambio de delatar y capturar a otros piratas y por la persecución de la marina militar. La pena para los piratas solía ser la horca, acusados de delitos como saqueo, asesinato, abordaje, etc.

Independientemente de la endulzada y mítica visión que poseemos actualmente de los piratas, gracias a los medios como las películas (siendo la más conocida “Piratas del Caribe”) pero también la literatura de época (no hay que olvidar que la obra “La isla del Tesoro” de Robert Louis Stevenson publicada en 1883 fue, lo que llamaríamos, un best – seller en la época), quizá se encuentre un poco deformada. De ahí, que haya habido gente que ha querido ver en ellos a unos adalides de la libertad rebelándose contra el poder injusto de los estados y los gobiernos, cuando la explicación más históricamente posible y verídica es el simple y llano deseo de enriquecimiento económico.

Aquí os dejo un documental completo de youtube sobre los piratas para los que se hayan quedado con ganas de más:

 

Fuentes utilizadas

– Miguens, Silvia: Breve Historia de los Piratas. Ed. Nowtilus. ISBN: 9788497637084

– Lara Martínez, María: Piratas, el terror del Caribe. Artículo en la Revista Historia National Geographic, nº 62.

– Wikipedia.

Fuentes que se pueden consultar

– Índice documental sobre piratería. www.mgan.net.

– Louis Stenvenson, Robert: La isla del Tesoro. Obra original de 1883.


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La lucha contra nuestro lado animal

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Cartel publicitario del libro de 1885. Vía Wikipedia. Librería del Congreso de los EEUU. Esta obra está bajo dominio público.

Hoy quiero compartir con vosotros una reflexión que me he planteado muchas veces y que ha sido tratada desde los más diversos enfoques y planteamientos teóricos por diferentes ciencias como la Psicología, la Sociología, la Pedagogía, y por Ciencias Sociales como la Historia, el Derecho y la Filosofía: la lucha contra el lado animal del ser humano. Para ser más concretos, porque un análisis completo sería demasiado extenso, me quiero centrar en las representaciones cinematográficas, literarias y todos aquellos elementos que forman parte del imaginario colectivo y que configuran la aceptación social de dichas representaciones.

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Fotograma de la película “Doctor Jekyll y Mr. Hyde” de 1920. Vía Wikipedia. Esta obra está bajo dominio público.

Para ello tomaremos como punto de partido el relato de Robert Louis Stevenson en su obra, “El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde”, publicada en 1886. En ella se describe la historia del Doctor Jekyll que en una investigación para analizar la naturaleza de la conciencia humana (compuesta por el bien y el mal). Según esa hipótesis era posible polarizar y separar ambas partes y para demostrarlo creó una poción y un antídoto que permitía encarnar dicha parte maléfica, permitiendo al mismo tiempo depurar la parte buena. Una vez tomada, Jekyll se convertía en un ser con una fuerza sobrehumana, una astucia, una inteligencia y unos reflejos fuera de la normal además de convertirse en un ser que se abandonaba a los peores y más bajas instintos antisociales. A ese nuevo ser lo llamó Edward Hyde. Inicialmente los efectos de la poción eran temporales y no era necesario antídoto, pero con el tiempo, el doctor Jekyll se abandonaba a lo atractivo de desarrollar otra personalidad que era capaz de hacer todas las cosas que no le estaban permitidas como médico respetado dentro de la sociedad, y el antídoto debía ser usado para acabar con las transformaciones, que llegaron a convertirse en no premeditadas y espontáneas. En ese estado era capaz de realizar las mayores atrocidades y comportamientos antisociales.

Este caso, ha sido catalogado por la psicología como un trastorno psiquiátrico conocido como disociativo de la identidad (anteriormente conocido como trastorno de la personalidad múltiple) consistente en la existencia de dos o más personalidades del individuo, cada una con sus características y sus modos de actuar y desenvolverse con su entorno. Este personaje se ha interpretado como la incapacidad del ser humano para desarrollar su propia personalidad en un entorno y una sociedad delimitadora de las costumbres y de la respetabilidad en el campo de las relaciones sociales. Lo curioso, es que este autor se adelantó 20 años a Freud en su análisis sobre la psique humana y las pulsiones que guían los comportamientos y el inconsciente humano, así como la teorización sobre la personalidad y el “yo” y el “ello”. Otra interpretación va más allá y nos remonta al tradicional conflicto entre las fuerzas del bien y del mal que guían el destino del mundo y de la humanidad, formando parte de todo lo que nos rodea e, incluso, de nosotros mismos, encontrándonos en una lucha permanente por conseguir un equilibrio favorable hacia la parte buena de nuestro yo. A continuación una escena sobre este personaje en la película de 1941:

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Portada del cómic “Dr. Jekyll and Mr. Hyde” de la editorial Classic Comics de 1943. Vía Wikipedia. Esta obra está bajo dominio público.

Esta dicotomía la encontramos también en el popular personaje de cómic conocido como Hulk. En ella, otro científico, Bruce Banner, después de estar expuesto a la radiación Gamma, se convierte, cuando es dominado por la ira, en un ser enorme y gigantesco, un alter ego verde con una mente sencilla y primitiva que contrasta con la inteligencia y brillante intelectual de Bruce Banner (al igual que ocurre con Jekyll y Mr. Hyde). Hasta tal punto se parecen ambos personajes, que la propia compañía que la creó, Marvel y su autor Stan Lee, admitieron haberse inspirado en este personaje literario para crear al de cómic. También Hulk posee poderes especiales como fuerza sobrenatural, increíble resistencia al daño físico, inmortalidad cronológica y una regeneración increíblemente rápida de tejidos entre otros poderes.

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Portada “The incredible Hulk” de la colección Essential. Vol. 2.

Y aquí os dejo otro vídeo de la transformación, en este caso de Bruce Banner en Hulk:

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Obra “Werewolf” de 1512, de Lucas Cranach el “Viejo” (1472 – 1553). Vía Wikipedia. Herzogliches Museum Gotha. Esta obra está bajo dominio público.

Sin embargo, esta dicotomía entre el bien y el mal expresada a través de la naturaleza humana y del propio origen del mundo no es contemporánea y podemos encontrar trazas del mismo dentro la mitología de todas las culturas. Por ejemplo, las transformaciones de los licántropos u hombres lobo (tema también ampliamente tratado por el 7º Arte) entronca en parte con el tema del que estamos tratando, ya que en el folclore de algunas culturas, significa reclusión, ser esclavo de tus instintos más básicos y no podían escapar de dicha maldición.

Asímismo, los centauros simbolizaban la dualidad entre el intelecto humano y el instinto animal y algunas veces son representados como salvajes, adúlteros y belicosos y otras veces eran nobles y afables, como Quirón, tutor y educador de héroes como Aquiles o Jasón entre otros.

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“Hércules matando al Centauro” de Giambologna. Fotógrafo: Frank Fleschner. Plaza de la Siñoría, Florencia, Italia. Vía Wikipedia. Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Attribution 2.0 Generic.

Otro caso que podrías nombrar sería el del Minotauro, aquélla criatura fruto de la unión entre Zeus (transformado en un toro blanco) y la reina cretense Pasifae. Será encerrado en el laberinto de Minos, y simboliza la brutalidad. De hecho, en la obra de la fotografía podemos ver a Hércules, simbolizando en este caso el orden, la civilización y el bien, asesinando al centauro como representante del caos, el mal y el salvajismo animal y del ser humano, al ser una combinación de ambos.

Nótese que dentro de la cultura occidental, el binomio orden – caos, bien – mal ha sido interpretado desde la óptica cristiana cielo – infierno, por lo que muchas de estas interpretaciones de dicho fenómenos presentan reminiscencias y tradiciones en las que salvación, alma y debilidad del ser humano están presentes. Este último punto, relacionado con todo lo anterior se pone de especial manifiesto en la obra “El retrato de Dorian Grey” de Oscar Wilde, en que la naturaleza pecadora, corrupta y mala se pone de manifiesto en el retrato que realizaron a ese personaje y en el que queda representado el pacto realizado con el diablo.

Para concluir podemos decir que la dicotomía bien – mal y su plasmación en la naturaleza humana podría remontarnos a todas las culturas y tiempos de la Historia, con multitud y heterogeneidad de representaciones, por lo que se ha intentado establecer una visión general sobre la plasmación de dichas concepciones en la cultura artística, visual y cinematográfica contemporánea.

Fuentes utilizadas

– Bruce – Mitford, Miranda; Wilkinson, Philip: Signos y símbolos: Guía ilustrada de su origen y significado. Ed. Dorling Kindersley. Madrid. 2008. ISBN: 978 – 1 – 4053 – 2539 – 4.

– Obra colaborativa: El libro de la Filosofía. Ed. Akal. Madrid. 2011.