El baúl de Pandora

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Grandes guerreros de la Historia III

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Hoy nos encontramos ante otra de las unidades más feroces que han existido a lo largo de la Historia, y no debemos ir muy lejos para buscar el origen de la misma: los tercios españoles. Mucho se ha dicho ya sobre estas unidades y mucho más se podría hablar, pero intentaremos resumir para no agotar al lector.

Son el exponente de renacimiento de la infantería en el arte militar moderno. Empiezan a surgir a partir de 1495 por la reorganización del ejército llevada a cabo por los Reyes Católicos, haciendo su carta de presentación en el cuerpo expedicionario liderado por el Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba.

El gran capitán recorriendo el campo de Batalla de Ceñirola (1835).  Museo del prado.

El gran capitán recorriendo el campo de la Batalla de Ceñirola (1835). Obra de Federico de Madrazo y Küntz. Fuente: Federico de Madrazo y Küntz. Museo del Prado. Vía Wikipedia. El documento está en el dominio público.

La aparición de la palabra “tercios” como unidad operativa puede venir de la división en 3 divisiones de los soldados reflejada en un reglamento de 1497: un tercio con picas, otro tercio con escudados (espada y escudos) y otro tercio de ballesteros y espingarderos. Sin embargo, la Gran Ordenanza de 1503 de los Reyes Católicos armonizaba la Organización Militar, haciendo desaparecer a los escudados, ballesteros y espingarderos para sustituirlos por los arcabuceros y mosqueteros junto con la artillería. Esta unidad sería utilizado hasta principios del siglo XVIII aproximadamente cuando la llegada de los Borbones cambió la organización militar. Fueron la principal unidad empleada durante las guerras mantenidas por la corona de los Austrias en España, siendo protagonistas en Guerras tan cruentas y duraderas como las de Flandes, donde la movilidad y características de los tercios se adecuaban al tipo de guerra de desgastes que se practicaba en estos escenarios. Participaron en batallas como las de Rocroi (1643) o Pavía (1525).

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Soldados de los tercios de Flandes por graduaciones. Fuente: artelibre.org. Vía Wikipedia. Esta obra tiene una licencia de arte libre.

Estaban comandados por un Maestre de Campo, que dependía del Jefe del Ejército, con rango de Capitán General. A continuación se detalla un esquema organizativo de la jerarquía militar de los tercios.

El alistamiento era voluntario y llevado a cabo a través de la “conduta” (conducta), documento entregado por el rey a los capitanes autorizando a la realización de la leva mediante este “contrato” por llamarlo de ese modo.

Organización de un tercio

Esquema de la jerarquía militar dentro de un tercio de Flandes. Vía Wikipedia. Licencia GNU Free Documentation License.

Entre los alistados había gente de toda clase: desde gente analfabeta que no tenía que comer, a hidalgos (pequeña nobleza española) que pretendía ascender socialmente a través del servicio militar y la condecoración de honores. Se prefería a los jóvenes mayores de 20 años que hubieran recibido entrenamiento militar y que no estuvieran impedidos, así como no alistar a los considerados como “viejos”. Juraban fidelidad al rey, a la nación, y a la defensa de la religión católica, dejándose guiar por un sentimiento de fidelidad y honor, disciplina, valor, camaradería y compañerismo, configurando una estructura mental que permitió ganar batallas por la motivación y la moral demostrada por las tropas, predominando sobre la técnica en muchas ocasiones. Cada unidad tenía su nombre y las más belicosas incluso un apodo. Solían portar la siguiente bandera con sus diferentes variaciones:

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Bandera borgoñona adoptada por el Imperio Español a la subida de Carlos V al trono de España y deI Imperio Austro – Húngaro. Autor: Ningyou. Vía Wikipedia. Licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0 Unported.

Una de las principales características de estas unidades era su capacidad para fragmentarse ya que no era una unidad compacta de combate, sino que podía desgajarse en unidades menores y más móviles, llegando incluso al combate individual donde la iniciativa y el arrojo de los soldados pillaba desprevenidos a los soldados enemigos. La eficacia de estas unidades, habiendo autores que han comparado su contundencia y su importancia en la historia militar con las legiones romanas y la falange macedónica, descansa en la combinación de armas blancas (principalmente pica y espada) con las de fuego (arcabuz y mosquete), que permitió al tercio ser muy flexible en su táctica y adaptarse a las diferentes situaciones de combate. He aquí un vídeo de la película Alatriste en el que se aprecia la táctica de combate:

Diorama de los tercios de Flandes. Museo del EJército de Toledo.

Diorama de los tercios de Flandes. Museo del Ejército (Toledo).

Una de las tácticas empleadas era la conocida como “encamisada”. Consistía en una operación nocturna realizada por sorpresa sobre el enemigo, llevando los pertrechadoras de la misma una camisa blanca para diferenciarse. El objetivo era causar el mayor número de bajas posibles, la inutilización del armamente e incendiar edificios en la retirada. Además, permitía crear en el enemigo un desasosiego y un estado de alerta constante que impedía el descanso físico y mental, hecho que provocó que se les considerara como demonios durante las Guerras de Flandes, minando así la moral de los enemigos.

Las armas utilizadas como se ha comentado anteriormente son principalmente las picas, los arcabuces y mosquetes, y las espadas y dagas.

La pica era empleada para mantener frenar las cargas de caballería, al clavarse en el suelo y ser sujetadas por el peso del cuerpo (como se advierte en la foto), además de para mantener alejada a la infantería mientras los mosqueteros disparaban.

Uniforme de mosquetero de los tercios españoles. Museo del Ejército (Toledo)

Uniforme de mosquetero de los tercios españoles. Museo del Ejército (Toledo)

Los mosqueteros eran las tropas de élite de los tercios. Portaban los mosquetes que permitían disparar proyectiles mediante el sistema conocido como llave de mecha que disparaba al accionar el gatillo. Era muy difícil acertar con este arma y el proceso de recarga de este arma era extremadamente lento y complejo, por lo que debían estar protegidos de los ataques enemigos. Además su distancia de alcance era de unos 70 o 90 metros.

Las espadas y dagas estaban reservadas para el combate cuerpo a cuerpo inevitable, siendo la más popular la daga de vela.

Sin embargo, no se debe olvidar las visicitudes de la guerra y las consecuencias negativas que siempre trae, no escapando los tercios a esta excepción al ser acusados por sus enemigos de las mayores atrocidades y perversidades, quizás como medio de lucha frente al Imperio Español y sus unidades de choque, sin faltarles razón en cuanto a sus faltas y delitos.

Independientemente del uso nacionalista que se le ha querido dar al recuerdo de esta unidad, lo que sí es cierto es que revolucionó la estrategia militar al otorgar victorias basadas no sólo en las innovaciones militares, sino también en la leyenda negra que causaba miedo o, al menos, fascinación entre sus enemigos. Sobre todo teniendo en cuenta hechos tan ensalzados y míticos dentro de la idiosincrasia de los tercios de Flandes como el milagro de Empel (en 1585) cuando se cuenta la Virgen de la Inmaculada Concepción heló el lago que rodeaba la isla donde se encontraban asediados los tercios por las tropas de las Provincias Unidas, permitiéndoles ganar la batalla, gracias en teoría a la aparición de dicha virgen.

Se puede cerrar la historia de los tercios con esta estrofa:

España mi natura,
Italia mi ventura,
¡Flandes mi sepultura!

Fuentes utilizadas

– Parker, Geoffrey: El ejército de Flandes y el Camino Español, 1567–1659. Madrid.  2010. Alianza Editorial

– Del Hierro Gil, Juan: Los tercios de Flandes, sus hombres. Cinco castellano – manchegos testigos de aquellas guerras. España. 2009. Cuadernos de estudios manchegos, nº 34. Edición digitalizada.

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Autor: Miguel Campos

Licenciado en Historia por la Universidad Autónoma de Madrid en la especialidad de Historia Contemporánea.

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