El baúl de Pandora

Reservado para los que deseen abrir su mente

El vestido

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El siguiente es un ejercicio de escritura libre a partir de uno de los vestidos que aparecen en la Exposición “España Contemporánea” que se puede ver estos días en la Fundación Mapfre (Madrid).

Casa Mlle. Bomboudiac de Bayona. Traje ca. 1905-06. Museo del Traje (Madrid)

Casa Mlle. Bomboudiac de Bayona. Traje ca. 1905-06. Museo del Traje (Madrid)

“Aquel es de esos vestidos que, al imaginártelos puestos, te transforman en una princesa. Seguro que éste te hace brillar como él. Imagino a una joven muchacha bajando por una inmensa escalera, de esas que sólo has visto alguna vez en museos o en las casas de los ricos, por la tele. La imagino bajando lentamente, peldaño a peldaño, como si fuera un cisne; y, siguiendo en todo momento las reglas de la etiqueta, la imagino buscando un buen partido en una fiesta multitudinaria. Vale, sé que me he pasado un poco, lo admito. A lo mejor no lo lleva con el fin de encontrar marido, pero sí que es para una fiesta de ricos. Eso no me lo podéis negar.

Otra cosa que me viene a la mente es la cola que tiene el vestido. Si la fiesta es muy numerosa, me lo van a pisar. Seguro. Y si se rompe, ¡menudo disgusto! Y vaya un rollo estar todo el tiempo sentada. Con lo que a mí me gusta bailar… Aun así, también seguro que me canso, con lo que tienen que pesar esa cantidad de cristalitos de colores bordados a la tela.

Es un vestido de esos con los que te pueden ocurrir cosas maravillosas, como el de la Cenicienta o el de la Bella Durmiente. Te esperas un flechazo; que el chico más guapo, más inteligente y (¿por qué no?) el más pudiente de toda la sala se enamore desesperadamente de ti. Y si es un príncipe, todavía mejor, oye. Bueno, la verdad es que no es muy divertido lo de tener que estar pariendo para dar herederos a la corona y que toda la corte te observe en el proceso. Y no digamos más si se te rebelan los súbditos y acabas sin cabeza como María Antonieta. ¡Quita, quita! Creo que prefiero que no sea de familia real; pero que sea de familia rica. Aunque bueno, ya se sabe que los hijos de los ricos no dan un palo al agua. No. Mejor uno que sea rico él sólo, de esos hombres que se han hecho a sí mismos. Uf, pero, no sé yo hasta qué punto estaría todo el día trabajando y no vendría hasta tarde a casa, conmigo y con mis niños (que van a ser dos: niño y niña). Y por menos de nada, se tiraría a su secretaria. ¡Nada de eso! Y es que claro, si llevara puesto ese vestido, no querría un marido más pobre: un sueldo de clase media no daría para pagar este lucero del alba. De verdad, qué rabia me da esto de soñar con trajes caros: ni siquiera en una vida imaginaria el vestido me va bien”.

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Autor: Lidia Campo Almorox

Licenciada en Historia por la Universidad Autónoma de Madrid, con Master de Formación del Profesorado en Secundaria y Bachillerato. Escritora aficionada de relato y poesía

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